LAS ESTEPAS DE ESPAÑA Y SU VEGETACIÓN LHS ESTEPAS DE ESPÜ y SU VEGETACIÓN ^sr POR EL DR. EDUARDO REYES PRÓSPER CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL (ESTA OBRA SE PUBLICA Á ESPENSAS DE LA CASA REAL) DD V MADRID EST. TIP. «SUCESORES DE RIVADENEYRA> Paseo de San Vicente, núm. 20. 1915 Esta Edición es propiedad de la Real Casa. El autor se reserva los derechos de reimpresión y traduc- ción. ^oN^0 es ffñ f\ 5. M. el Rey D. Alfonso XIII. Esta obra, en que se condensan no pocas fatigas de mi alma y de mi cuerpo, dedico á Vuestra Majestad, como iniciador y protector de los estudios esteparios españoles. Humilde es la dádiva, más modesto aún el obrero científico que la escribió, deseando alcanzar la alta honra de servir á su Patria y á su Rey. Dr. Gduardo Reyes prósper. Ó LOGO ' ** PR Invitado por el Excmo. Sr. Conde del Retamoso, inteligente agri- cultor, gran apasionado de nuestra Patria y nuestro Rey, recorría yo la parte de la Estepa central en que se halla enclavado Tarancón. Después de la labor penosa de cada día reuníame con el culto aristócrata, y en presencia del soberbio cuadro que la Naturaleza ofrece en esas horas apacibles, durante las cuales el sol abandona el horizonte, meditábamos y nos referíamos nuestras impresiones res- pectivas. Frente á nosotros se extendían la llanura del salobral de Belin- chón y aquellos cerros esteparios que, no sólo en la Estepa central, sino entre todas las regiones esteparias del mundo, son una nota que genuinamente define las estepas salinas españolas. Ante aquellos terrenos, aparentemente infecundos, el Conde, que en su inmenso cariño á la Patria chica no ve más que una forma del culto fervoroso á la Patria grande, me decía: «No es posible, doctor Reyes, que esos vastos territorios sean casi estériles; sin duda en ellos existen manantiales de energías que nosotros no sospe- chamos. » Si, como pensaba el eminentísimo Sprengel, el Sabio Autor de la Naturaleza no ha querido crear un solo pelo inútil, las estepas españo- las, que tienen una extensión superficial de más de 72.000 kilómetros cuadrados, es decir, que ocupan una superficie mayor que la reunida por el conjunto de todas las provincias andaluzas; las estepas de Es- paña, incultas hoy en gran parte, atesoran manantiales de riqueza, se han cultivado ó han estado cubiertas de bosques en otro tiempo y contribuían á la existencia económica de la Nación. Es un caso de punible y vergonzosa apatía nacional que existan enormes extensiones que, pudiéndose cubrir de árboles, estén desnu- / y V ? * — 8 — das; que siendo cultivables, estén yermas; que debiendo dar asilo y alimentación á millones de cabezas de ganado sometidas á las leyes biológicas de la zootecnia actual, alberguen rebaños de animales que se crían casi en estado cimarrón. En las estepas rusas, desde hace más de sesenta años, se estu- dia, se trabaja incesantemente y se destinan millones de rublos á su transformación en terrenos productivos. Allí se amplía constantemente el número de vergeles, que dan asombrosa cantidad de flores y frutos; el de inmensos bosques de hermosas y útiles especies forestales; allí, bajo la dirección de sabios doctores é ingenieros ilustres, se han formado numerosas colonias esteparias, con Laboratorios y Escuelas agrícolas, que roban incesan- temente para el cultivo grandes porciones del suelo á aquella estepa inhospitalaria. Un suelo que produce escasa ó ninguna riqueza, pocos ó nin- gunos soldados, puede decirse que no pertenece al patrimonio nacio- nal, y en este caso se encuentran en España en sus estepas, y fuera de las mismas, 30 millones de hectáreas. Es decir, que nuestra Nación posee en realidad varias provincias menos de las que figuran en el mapa. No se puede engañar hoy á las gentes diciendo que en esas ex- tensiones no se cultiva por falta de aguas, clima desigual, etc.; ta- lando los bosques, dejando perder las aguas de las lluvias, las que afloran al suelo y las que corren en el subsuelo, se logran pronto la sequedad y desigualdad de un clima. En todas las regiones de nues- tras estepas he podido ver restos de bosques, de derruidas conduc- ciones de agua, romanas ó árabes, indicios claros de aguas subte- rráneas, y gran número de manantiales perdidos en la soledad este- paria. He visto en una provincia andaluza, en plena Estepa litoral, junto á las casas de los guardas de una finca de área enorme, algarrobos, palmeras, granados, parras de soberbias variedades que se cultivan en aquel hermoso país; y aquellas extensísimas superficies de terreno que tales producciones ostentaban en las reducidas porciones, culti- vadas con un poco de cuidadoso celo, ¡estaban destinadas casi total- mente á producir esparto! 9 - Los dueños, en más de treinta años, no habían estado una sola vez por allí. Donde vivía un centenar de seres humanos con sucie- dad, ignorancia y miseria, podían vivir holgadamente centenares de familias con limpieza, cultura y apacible bienestar, lográndose tam- bién aumentar la renta de los potentados en muchos miles de pese- tas anuales. Pero para obtener esto sería preciso que los opulentos hacendados estudiasen el planteo y solución de los problemas de la agricultura y zootecnia, que viviesen buena parte del año en sus he- redades, cosas repulsivas para muchos ricos terratenientes españoles. Sólo en nuestro país, entre las naciones cultas, existen hoy algu- nos millares de labradores que, cosechando anualmente más de 5.000 pesetas de cereales, legumbres, vino ó aceite, no poseen una sola obra que trate del cultivo y biología de las plantas que á ellos y sus familias otorgan la subsistencia. Así se concibe que necesiten gran- des extensiones de terreno y pagar miserablemente á los infelices cultivadores de sus tierras, para que encuentren beneficio en su absurdo y anticuadísimo modo de ejercer la cultura de los campos. Ilógico sería pedir que compren libros y destinen horas á su lec- tura, al propietario misérrimo ó al bracero desgraciado que no pue- den adquirir siquiera la cantidad de pan preciso para el sustento de sus familias; pero el acaudalado tiene el deber sacratísimo de ins- truirse y difundir la cultura entre los que, provistos de buena volun- tad, carecen de medios para ilustrarse. Ningún español culto debiera morirse sin haber plantado un cen- tenar de árboles y haber enseñado á leer á algún compatriota. Justo es consignar aquí que acrece ostensiblemente, de una vein- tena de años á esta parte, el número de dignísimas, meritísimas y entusiastas personalidades que desarrollan é impulsan el progreso de la agricultura y ganadería patrias; unas cuantas de estas persona- lidades ostentan nombres ilustres, pero otras muchas son conocidas solamente allá donde residen, dando un alto ejemplo de laboriosidad inteligente y modesta. Su Majestad el rey D. Alfonso XIII, en Aranjuez; el Excelentí- simo Sr. Conde del Retamoso, en Tarancón; los Sres. Mompó, en El Pinoso; los insignes D. Salvador Aledo y D. Francisco Palao, en Totana; el entusiasta general geopónico D. José Casanova, en Pulpi, — 10 — y otros muchos agricultores esteparios, roban á la estepa incesante- mente centenares de hectáreas que transforman en plantaciones de árboles, en tierras de cultivo de secano y hasta en explotaciones hortícolas. El Sr. Conde del Retamoso, con cuya amistad vengo honrándome desde remota fecha, tenía conocimiento de mi modesta labor botá- nica, que ejecuto en el campo y en mi laboratorio particular desde hace más de veinte años; sabía la estimación que por reputadísimos sabios extranjeros y nacionales se hacía de mis pobres estudios; habló de ello á S. M. el rey D. Alfonso XIII (q. D. g.), y S. M., cu- yas iniciativas en favor de la agricultura patria son sobradamente conocidas, dispuso que el más humilde obrero de la ciencia espa- ñola, recorriese las estepas estudiando su vegetación; que un químico de la pericia del Dr. D. Ramiro Suárez analizase algunas de las tie- rras y plantas que yo recogiese, y que el ilustrado ingeniero agró- nomo del Real Patrimonio, D. Rafael Janini experimentase las apli- caciones que como forrajeras tuviesen las plantas analizadas por el Dr. Suárez. El Sr. Conde del Retamoso, presidente de la Comisión esteparia, no sólo me facilitó todos los medios de que él dispone, en el curso de mis tareas; también me ha visitado y alentado cuando, de vuelta de algunas excursiones por comarcas insalubres, tenía que atender al restablecimiento de mi salud, logrando además que muchos de sus numerosos amigos coadyuvaran también al mejor aprovecha- miento de mis trabajos. Los Sres. Roig, de Orihuela; Mompó, del Pinoso; Aparicio, de Barajas de Meló; Montoya, de Huete; el excelentísimo señor general Aznar, que á su vez me recomendó al ilustre patricio deTotana don Salvador Aledo; el actual senador por Guadix; los administradores del Excmo. Sr. Marqués de Pidal (q. e. p. d.), en Muía y Osuna; el del Sr. Conde del Retamoso, en Tarancón, y otros varios señores que llenarían muchas líneas de este prólogo con su enumeración, han sumado sus atenciones para el logro del mayor fruto de mi peregri- nación por las tierras esteparias. Tampoco debo olvidar aquí á los humildes, pero eficaces, auxi- liares de mis investigaciones por las estepas. — 11 — El genial y activo Peñóte, mayoral de ganados del Conde del Retamoso; el honradísimo tío Melón, de Villacañas, uno de los mo- radores más típicos de la Estepa central, provisto de su inseparable y arcaica gorra de pellejo y de una cantidad de consejas y refranes que envidiaría el propio Gobernador de la ínsula Barataría. Mis guías de Daroca, Gallocanta, Caspe, Chiprana, Bujaraloz, Calanda, Alhama y demás localidades aragonesas por mí recorridas. Encontré allí en cada uno de mis acompañantes un servidor solícito, soportador jubiloso de las fatigas de las marchas, de las inclemen- cias del clima; de carácter tan rudo como el paisaje estepario que les rodea, pero nobles, francos y veraces. El Alcalde, el Secretario y el Maestro de Cacín, en la Estepa oriental granadina. Mi tartanero y guía en la Estepa de Mancha Real, y su hijo An- tonio, muchacho perspicaz á quien la Diputación ó Ayuntamiento de Jaén debieran pensionar para darle estudios. El buenísimo A. Cam- pillos, mi cochero en Daimiel. Mi tartanero de Vera, acompañante desinteresado, sufrido y afectuoso, en algunas de mis excursiones por la Estepa litoral de Almería, y finalmente, para no hacer esta rela- ción interminable, expondré que debo útiles noticias y acogimiento sinceramente cariñoso á los viejos pastores de las estepas. Estos seres, ennoblecidos por el contacto constante de la Naturaleza, observadores de multitud de modalidades biológicas de las plantas que buscan ó esquivan sus ganados, acogen con admiración y ca- riño al señor que comparte con ellos la soledad, los rigores de la intemperie, la alimentación sobria, el lecho duro y la curiosidad en conocer las maravillas de la vegetación. Si las explicaciones que dan á los hechos biológicos que los animales y plantas efectúan ante ellos son casi siempre erróneas, los hechos son ciertísimos y de una enseñanza provechosa que en ningún caso se debe des- deñar. Mis cariñosos amigos y colegas botánicos el insigne D. Carlos Pau, el bondadoso é inteligente D. Francisco de P. Jiménez Munuera, el eximio colector H. Sennen y el incansable D. B. Vicioso, á pesar de constarles que yo he recorrido personalmente gran parte de España y recogido durante más de veinte años millares de plantas, — 12 — me han honrado facilitándome generosamente más de 500 ejempla- res de fanerógamas de sus hermosos herbarios. Además me han remitido fanerógamas frescas esteparias para que las estudiase, el referido Sr. Jiménez Munuera, el farmacéutico D.J. Fisac, D. S. Tormo y D. L. López, así como mis discípulos queri- dos R. P. Agustín Barreiro, el catedrático D. C. Martínez y Martínez, el presbítero y catedrático D. V. Martínez y su señor hermano D. Francisco, D. M. V. Loro y D. E. Balguerias; á todos ellos envío el tributo de mi gratitud. Voy á terminar la reseña de los que poco ó mucho me ayudaron en mi labor esteparia, con los nombres de dos verdaderos mártires de la ciencia y del progreso humano. El sabio y virtuoso R. P. Furgús, S. J., que murió despeñado de unas rocas cuando realizaba una excursión arqueológica, de las muchas que verificó, como insigne investigador de las riquezas pre- históricas de nuestra patria. Buen matemático é ilustre filólogo fué el cultísimo fundador del Museo Arqueológico de Orihuela, más ensalzado y conocido aún por los sabios extranjeros que por nues- tros compatriotas. El R. P. Manuel Cuervo, de la Orden agustiniana, con entu- siasmo ferviente por las investigaciones zoológicas, fué á estudiar la maravillosa fauna de las selvas vírgenes del Brasil, tan ricas en bellezas naturales como en gérmenes mortíferos. Era un disecador portentoso, un colector infatigable, y cuando ya había enviado á Europa soberbias colecciones, entregó al Creador su alma nobilísima santificada por el culto constante de la caridad y de la ciencia. Ya que el botánico á quien acompañaban en algunas excursio- nes no pueda colocar una flor sobre sus tumbas, deposita un re- cuerdo en los últimos renglones del prólogo de este libro. Dr. Eduardo Reyes Prósper. DEFINICIÓN Y GENERALIDADES DE LAS ESTEPAS Definición y generalidades de las estepas. Estepas son extensiones de territorio en cuyos suelos dominan extraordinariamente la arcilla ó la cal; el mantillo ó humus se encuentra en ellos en cantidad pequeña, llegando casi á faltar muchas veces. Las temperaturas que allí se experimentan son de extremado calor estival é intenso frío en el invierno, y hay siempre gran dife- rencia entre las que corresponden al día y á la noche en un mismo lugar. Las lluvias son escasas durante el año, y tan mal compartidas, que el agua cae en una ó escasas épocas anuales, y en el resto del año, ó sea en casi todo él, existe gran sequedad. La vegetación está compuesta de hierbas y matas á las que á veces acompañan arbustos. Suelos de composición extremada, carencia casi absoluta de mantillo, sequedad en la atmósfera y el suelo, temperaturas extre- mas y ausencia de árboles: tal es la característica de las tierras, clima y vegetación de las regiones esteparias. Cuando en los suelos existe la sal común, las estepas se llaman salinas. Éstas ocupan en España, solamente en lo conocido hasta ahora, más de 72.000 kilómetros cuadrados de extensión superfi- cial y constituyen casi exclusivamente el objeto de la presente obra. En las estepas salinas viven las plantas halófilas, esto es, que necesitan cloruro de sodio para vivir; muchas yipsófilas, que necesi- tan yeso en la tierra donde moran, y otras especies vegetales que, transitoria ó permanentemente, existen en las estepas y fuera de los suelos esteparios. Botánicamente se pueden clasificar las estepas en tres grandes grupos: 1.° Estepas de salsoláceas y plumbagináceas, en las que abun- dan las plantas de estas familias. — 16 — 2.° Estepas de labiadas (tomillares) (1). 3.° Estepas de gramináceas ó espartarías. (Se encuentran en los bordes de las estepas salinas y dentro de ellas también.) Las primeras constituyen la mayor parte de las estepas salinas, que, como hemos manifestado, alcanzan una extensión mayor que toda Andalucía. Las plantas halófilas viven en ellas y comprenden no sólo salsoláceas y plumbagináceas, sino típicas cruciferas, rese- dáceas, cistáceas, cariofiláceas y otras especies que corresponden á familias que se enumerarán más adelante. Las estepas de labiadas (tomillares) tienen más de 1.500 kilóme- tros cuadrados de extensión superficial, y su área se aumentó con- siderablemente por el abandono de grandes extensiones del suelo patrio (parameras ó páramos) á consecuencia de la expulsión de los moriscos; pero lo que más ha coadyuvado á que tanto las estepas de labiadas como las otras dos se acrecentasen y acrecienten de día en día, es la devastación de los bosques que cubrían mucha parte del lugar donde hoy desgraciadamente dominan ellas. (Fig. 1.) El primer estudio completo de las estepas españolas, síntesis de lo que se publicara hasta entonces, amplificado con numerosos y originales trabajos de investigación propia, es el hermoso libro del Dr. Mauricio Willkomm. Las regiones de las costas y las estepas de la Península ibérica, que vio la luz pública en 1852; en él se dedican más de cien páginas á las estepas salinas de España. El eminente Willkomm, aunque extranjero por su cuna (nació en Herwigsdorf, Sajorna en 1821) por las inmortales obras que de- dicó durante toda su vida al estudio de la flora española y á la Geografía botánica de nuestro país, se le debe considerar como uno de los botánicos españoles más distinguidos. Las estepas que se enumeran y describen en el texto de Las re- giones de las costas y estepas de la Península ibérica (1852) son las siguientes: (1) Se llaman también por el vulgo tomillares á formaciones de especies de frankeniáceas existentes en varias estepas salinas, pues reciben el nombre de tomillos, y tomillos saperos algunas especies del género Frankenia, que impri- men al paisaje una típica fenología. — 17 — o ■*-> c O !h «1 4> o - u •d so o — > 92 ■J a — 18 — 1. Estepa ibérica ó aragonesa, con su anejo de Gallocanta. 2. Estepa central ó de Castilla la Nueva. 3. Estepa valenciana dejalance y Jarafuel. 4. Estepa litoral ó mediterránea. 5. Estepa granadina oriental ó alto-andaluza oriental. 6. Estepa granadina occidental ó alto-andaluza occidental. 7. Estepa bética oriental ó bajo-andaluza del Guadajoz. 8. Estepa bética occidental ó bajo-andaluza del Genil. 9. Estepa valisoletana. 10. Estepa de Adra y Dalias. 11. Estepa de Mancha Real. En el soberbio mapa dibujado por el propio Dr. Mauricio Wilt- komm, que ilustra el texto de la obra, se diseñan todas las estepas mencionadas, menos la de Valladolid. En el texto de Las regiones de las costas y estepas de la Penín- sula ibérica (1852) hay algunas estepas de las que no se cita una sola planta, y otras de las que se mencionan un escaso número; pero la estepa aragonesa, la de Castilla la Nueva ó central, y la litoral sobre todo, están maravillosamente caracterizadas, y son muchas y genui- namente típicas las plantas que como peculiares de ellas se enu- meran. Contiene la obra muchos errores geográficos en la posición relati- va de las localidades esteparias, y afirmaciones tan inexactas como la de suponer que en el centro de España no existe más laguna impor- tante que el Mar de Ontígola, y otras numerosas deficiencias se leen á cada paso, ocasionadas por falta de observaciones detenidas ó ausencia total de observaciones, pues el mismo sabio autor confiesa noblemente no haber recorrido algunas estepas y no haber visitado en las que conoció todas las localidades que hubiera deseado ob- servar. Á pesar de las inexactitudes apuntadas, el texto y el mapa de Las regiones de las costas y estepas de la Península ibérica serán siempre objeto provechoso de estudio, admiración y respeto para cuantos deseen conocer la Geografía botánica de las regiones costeras y esteparias de nuestro país. Desde 1844, en cuyo año vino por primera vez á España el doc- — 19 - tor M. Willkomm, como ya he afirmado en otro lugar, no cesó tan eximio hombre de ciencia de ocuparse de la flora de nuestra patria hasta su muerte, acaecida en 1895, y á las estepas y á la vegetación esteparia dedicó siempre un lugar en algunas de sus imperecederas obras posteriores á la de 1852. Aun en 1896, después de muerto el autor, publicaron Engler y Drude, en sus monografías sobre La vegetación del Globo, La distri- bución de la vegetación en la Península ibero-lusitánica, comenzada por Willkomm dos años antes de su fallecimiento, y terminada en el mismo año en que murió. En este libro admirable, epílogo de cin- cuenta y un años de labor no interrumpida, se lee un corto resumen, que el autor considera como un ligero extracto de su obra sobre Las regiones costeras y esteparias (1852), añadiendo algunos datos pre- ciosos que amplifican y complementan su anterior concepto sobre la extensión, número, límites y vegetación de las estepas españolas, datos que vieron ya la luz pública, unos en 1855, y los más en 1894. Acompaña á La distribución de la vegetación en la Península ibero- lusitana (1896) un mapita mezquino, no dibujado por el autor, mapita que no concuerda con el texto de dicha obra, y en el cual existen dis- paratados é incomprensibles errores, como el de incluir parte de la Estepa salina litoral en suelos como los del Cabo de Gata, donde ni Willkomm ni nadie pudieron colocar una estepa de plantas haló- filas. Se dejan, en cambio, la mayor parte de los terrenos, verdadera- mente esteparios, de la provincia de Almería fuera de la Estepa li- toral. Ninguna estepa está limitada con arreglo al texto. Se omiten en tan absurdo mapita la Estepa bética del Guadajoz, la granadina de Cacín y la Estepa leonesa, aunque las tres se consignan en el texto, y las dos primeras se diseñan en el mapa dibujado y publicado por Willkomm en 1852. En el texto de ¿a distribución de la vegetación en la Península ibero-lusitánica (1896) y en las seis páginas que se dedican al estu- dio de las estepas y sus plantas, se enumeran las siguientes es- tepas: 1. Estepa catalana. - 20 2. Estepa ibérica ó navarro-aragonesa. 3. Estepa de Gallocanta (anejo de la anterior). 4. Estepa leonesa del Sur de Benavente. 5. Estepa valisoletana (de Medina de Ríoseco y Olmedo). 6. Estepa central. 7. Valenciana, que agrega á la central (de Jalance yjarafuel). 8. Estepa litoral. 9. Estepa de Adra y Dalias. 10. Estepa granadina oriental (alto-andaluza oriental). 1 1. Estepa granadina occidental (alto-andaluza occidental). 12. Estepa bética oriental (bajo-andaluza del Guadajoz). 13. Estepa bética occidental (bajo-andaluza del Genil). 14. Estepa de Jaén (Mancha Real). En el estudio mucho más ampliado (sin mapa alguno) que pu- blicó Willkomm en 1894 sobre posición, límites y vegetación de las estepas, se añade á la Estepa ibérica otro anejo zaragozano-soriano- alcarreño, y el eminentísimo Dr. Mauricio Willkomm, con su inteli- gencia soberana, no sólo indica los lazos de unión entre aquellas estepas que él había recorrido más detenidamente, sino que prevé con exactitud maravillosa las conexiones entre las estepas que ape- nas conocía. Con posterioridad á las obras de Willkomm de 1852 y 1855, se publicaron en España algunas breves noticias sobre las estepas de nuestro país, copiadas de dichas obras por algunas personalidades ilustres, pero desprovistas de conocimientos botánicos serios. Publicadas ya por Willkomm las obritas de 1894 y 1896, otros autores españoles, dotados de cultura filográfica, se han ocupado también somera y elementalmente de las estepas y su vegetación. Aunque en sus escritos lo dedicado á esta materia conste sólo de un reducido número de páginas, en las cuales se han deslizado algunos errores, han contribuido á difundir la importancia de las estepas espa- ñolas y algunas de las modalidades de la vegetación esteparia. Por la gran divulgación y autoridad que con justicia se concede á cuanto da á la luz pública el Instituto general Geográfico y Estadís- tico, me creo en el deber de manifestar aquí que, habiendo compren- dido tan culta y útil Institución nacional lo imprescindible que es — 21 — hoy el conocimiento de la Geografía botánica, en la Reseña Geográ- fica y Estadística de España, que se ha publicado en 1912, tomo I, se consagran 36 páginas á La Flora ibérica y un mapa que las ilustra. Una sola de estas 36 páginas se dedica con plausible acierto á las estepas y plantas esteparias, y en el mapa geográfico-botánico que acompaña á La Flora ibérica van diseñadas las estepas españolas. En el texto se enumeran las estepas siguientes: Castellana. Granadina. Aragonesa. Murciana. Andaluza. De Gallocanta. De Jaén (Mancha Real). Granadina (de Cacín y Ventas de Huelma). La litoral (que limita de Almería á Villajoyosa). En el texto y en el mapa que el Instituto Geográfico y Estadístico dio á luz en 1912, se omite por completo la Estepa catalana, y la omi- sión de esta estepa es lamentable, porque es mucho mayor que algu- nas de las que anota y dibuja el Instituto en su publicación. La Estepa catalana está descrita botánica y geográficamente por Willkomm en 1894, y hasta figura en el mapita de 1896. Es incomprensible el olvido de una estepa de tal magnitud, dibu- jada y descrita dieciséis años antes de publicarse la reseña y mapa del Instituto (1912). No figura ni en el texto ni en el mapa del Instituto (1912) la Estepa bética del Guadajoz, que Willkomm describió y dibujó en 1852, es decir, más de medio siglo antes de que apareciese el mapa que ilustra La Flora del Instituto. La Estepa valisoletana, que ya menciona Willkomm en 1852 y la describe en 1894 y 1896, estando dibujada en el mapita deficiente que acompaña á La distribución de la vegetación de la Península Ibero-lusitana (1896), no se consigna ni en el texto ni en el mapa de La Flora ibérica (1912). Tampoco se hace indicación de la Estepa leonesa (zamorana), que ya describió Willkomm en 1894 y 1896. — 22 — Se toma del mapita del autor anónimo, que acompaña la obra que se publicó después de la muerte de Willkomm (1896), el error de posición de la Estepa litoral, en cuanto se refiere á la provincia de Almería; error aumentado considerablemente en el mapa de La Flora ibérica (1912) con la omisión de la Estepa de Adra y Dalias. El mapita de 1896 hace partir la Estepa litoral de Adra y no de Almería, como ocurre en el mapa de la Reseña del Instituto. De esperar es que en otra publicación posterior, hecha con menos premura, se subsa- nen las deficiencias anotadas; á pesar de ellas, es altamente merito- rio el buen deseo que se revela siempre en esta labor, como en todas las del Instituto general Geográfico y Estadístico. Teniendo en cuenta los luminosos trabajos del Dr. M. Willkomm, y, especialmente, las obras que se ocupan más ó menos de las este- pas y su vegetación, publicadas en 1852, 1855, 1894 y 1896, utili- zando mis propias investigaciones, hechas en un período de más de veinte años, durante los cuales recorrí una gran parte de las estepas del suelo patrio, y estudié largo tiempo las plantas en mi laboratorio particular, procederé á la enumeración de dichas estepas, indicando en cada una la posición, localidades y extensión superficial aproxi- mada. Claro es que los que posteriormente continúen este estudio, encon- trarán más localidades esteparias y acrecentarán la extensión de al- gunas de las estepas conocidas, en algunos miles de kilómetros, siendo fácil que encuentren estepas nuevas, en provincias poco explo- radas bajo este concepto. En cuanto á mí, he de manifestar que nunca he reputado como de la Estepa salina una localidad, cuya vegetación y composición quí- mica del suelo, no me hayan manifestado rotundamente, que pertenecía á nuestras regiones esteparias. Aun así, añado más de 4.000 kilóme- tros cuadrados á lo conocido por el eminente profesor de la Univer- sidad de Praga. Las estepas salinas que se conocen hasta hoy son las siguientes: 1. Estepa catalana. 2. Estepa ibérica. 3. Estepa de Gallocanta y Calatayud (primer anejo de la Estepa ibérica). — 23 4. Estepa de Salinas de Medinaceli y Molina de Aragón (segundo anejo de la Estepa ibérica). 5. Estepas valisoletanas. 6. Estepa zamorana (leonesa). 7. Estepa central. 8. Estepa valenciana (anejo de la Estepa central). 9. Estepa oriental de Jaén (Mancha Real). 10. Estepa occidental de Jaén. 11. Estepa bética oriental (bajo-andaluza del Guadajoz). 12. Estepa bética occidental (bajo-andaluza de la orilla izquierda del Genil). 13. Estepa granadina oriental (alto-andaluza de Guadix). 14. Estepa granadina occidental (alto-andaluza de Cacín). 15. Estepa litoral. 16. Estepa de Adra y Dalias (anejo de la litoral). Estudiemos ahora con algún detenimiento la posición, localidades y extensión aproximada de cada una de estas estepas. ESTEPA CATALANA Comprendida en su mayor parte en la provincia de Lérida y una pequeña extensión en la de Barcelona. La Estepa catalana. La parte inferior del río Cinca, hasta su confluencia con el río Segre, y el río Salado, afluente del Cinca, puede afirmarse que sepa- ran la Estepa ibérica de la catalana, que casi toda corresponde á la provincia de Lérida y una mínima parte á la de Barcelona. Esta estepa es miocena en la mayor parte de su extensión, y el resto eocena. El río Salado, y sobre todo el Segre y sus numerosos afluentes, muchos de ellos salinos, recorren esta estepa, que unida á la ibérica constituye una de las mayores regiones esteparias de nuestro país. Curiosas localidades de la porción septentrional de esta estepa son: en terreno terciario mioceno, Almenar, Alfarrás, Castelló de Farfaña y Balaguer; en terreno terciario eoceno inferior se hallan Cubells, Pons y Castellnou de Basella y Basella, entre el Segre y un riachuelo salado, y también sobre sedimentos eocénicos se asienta Solsona, y ya en territorio barcelonés, la magnífica localidad de Car- dona, cuyos cerros de sal son conocidísimos en todo el mundo. En el terciario mioceno, Lérida, Cervera, Verdú, Bellpuig, Es- pluga Calva, Albí, Granatella, Alcanó y todo el extenso territorio conocido por el nombre de Llanos de Urgel, constituyen el Centro y Mediodía de la hermosa Estepa catalana. Seguramente que en el mioceno correspondiente á Tarragona, continuación del mioceno ilerdense, deben existir regiones manifies- tamente esteparias. La Estepa catalana (ilerdense-barcelonesa) comprende, en lo co- nocido hasta hoy, más de 4.500 kilómetros cuadrados de extensión superficial aproximada. ESTEPA IBÉRICA (navarro-aragonesa). Incluida en las provincias de Pamplona, Huesca, Zaragoza y Teruel. ESTEPA DE GALLOCANTA Y CALATAYUD (l. er anejo de la Estepa ibérica). Incluida en las provincias de Zaragoza y Teruel ESTEPA DE SALINAS DE MEDINACELI Y DE MOLINA DE ARAGÓN (2.° anejo de la Estepa ibérica). Comprende territorios en las provincias de 5oria, Zaragoza, Teruel y Guadalajara. La Estepa ibérica. La Estepa ibérica, llamada también aragonesa porque casi toda la extensión de su inmenso territorio se encuentra enclavada en las provincias de Zaragoza, Huesca y Teruel, es de las más típicas re- giones esteparias salinas. En su mayor parte corresponde geológicamente á sedimentos miocenos, y en pequeña porción á los diluviales y triásicos. Hay comarcas, como las de los Monegros, llanuras de Plasencia y Violada, cuenca de la laguna salada de Chiprana, etc., que son modelo de Estepa salina. Una parte de la porción occidental de la Estepa ibérica se interna en Navarra, Caparroso, Valtierra, Milagro, Cascante, Corella, Tu- dela, Ablitas, Cintruénigo y Ribaforada; son localidades dignas de mención en este fragmento de la Estepa ibérica, especialmente los suelos altamente salinos de Valtierra y Caparroso. El Ebro atraviesa la estepa de Oeste á Este, y este gran río, sa- grado para todos los españoles, en cuya orilla se asienta la inmor- tal Zaragoza, una de las mayores poblaciones esteparias de nuestro país y una de las grandes ciudades esteparias del mundo, recibe numerosos afluentes que recorren la Estepa navarro-aragonesa. El río Arba, el Gallego, el Flumen, que desagua en el Alcanadre, que á su vez desemboca en el río Cinca, como el Salado y muchos arroyos, cruzan la parte septentrional de la estepa. El río Matarraña, el Guadalope, el Regallo, el río Martín, el Aguas, el Huerva, el hermoso Jalón, que tiene como afluente el Gilo- ca; el Huecha, el Queiles y multitud de arroyos cruzan la parte de la estepa situada debajo del cauce del Ebro y afluyen á la orilla meri- dional de este gran río. El Ebro, como el Guadalquivir, son entre nuestros ríos mayores — 32 - los que tienen la fortuna de no recorrer en su curso ni una sola pulgada de territorio extraño; son los ríos españoles por excelen- cia (fig. 2). En la parte aragonesa de la Estepa ibérica situada sobre la orilla superior del Ebro, Egea de los Caballeros, Huesca, Barbastro, Mon- zón y Tamarite de la Litera están cerca del límite septentrional de la estepa. El territorio de los Monegros, con Bujaraloz y sus salinas, Figura 2.— De Caspe á Bujaraloz (orillas del Ebro). Zuera, Tardienta, Tauste, Remolinos, con soberbias canteras de sal, son ejemplos típicos de suelos salinos esteparios. En la parte aragonesa de la Estepa ibérica extendida por bajo de la orilla meridional ó inferior del Ebro, Calanda (fig. 3), Alca- ñiz (fig. 4), Castelserás, Híjar, Albalate del Arzobispo y Azaila corres- ponden á la porción turolense de la estepa, y la histórica Caspe, Chiprana, con su laguna salada curiosísima (fig. 5), Belchite, Me- diana, la Almunia de Doña Godina, Salillas de Jalón, Épila, Piasen- 33 «5 •a s — O •a - o *55 í> •a W fea 34 Figura 4.— De Alcañiz á Calanda (cerros esteparios). Figura 5. — 35 — cia y la gran llanura de su nombre, Magallón, Borja y Tarazona, son localidades zaragozanas de esta parte de la Estepa ibérica. La mis- ma gran ciudad de Zaragoza corresponde á esta región. Como uno de los dos centinelas avanzados de la dilatada Estepa ibérica puede considerarse la mancha esteparia miocénica que comprende territo- rios en que se asientan Clares, Villarroya de la Sierra, Torralba de Ribora, y desde Calatayud hacia Fuentes de Giloca y Morata de Gi- loca, á uno y otro lado de la cuenca de este río. También en esta zona esteparia está comprendida la cuenca del río Peregil, afluente del Jalón, y Langa, Miedes, Mará, Belmonte y Torres son pueblecitos esteparios que se asientan en las márgenes del Peregil. El Giloca penetra en otra porción miocena esteparia después de su paso por Daroca, zona miocena que se extiende á la izquierda de dicha ciudad y llega á la provincia de Teruel transformada en faja muy estrecha junto á San Martín del Río y Báguena. Al llegar á Calamocha la zona miocena, por un estrecho brazo en el cual se encuentra el pueblo de Fuentes Claras, comunica con la mancha miocena que circuye en parte la hermosísima laguna de Gallocanta (figura 6). Rodea también la laguna de Gallocanta una estrecha faja triá- sica, contribuyendo también á cerrar su vasto perímetro, en una pequeña parte, el cretáceo inferior. Seguramente que en la región miocena que llega desde Calamo- cha á Teruel existen suelos manifiestamente esteparios. El río Pancrudo, afluente del Giloca, tiene gran parte de su cuen- ca sobre una región esteparia diluvial donde se encuentran Nava- rrete y Barrachina, localidades turolenses; esta región diluvial se estrecha y pasa cerca de Daroca. El otro anejo de la Estepa ibérica, incluido, como la estepa ante- riormente estudiada, entre las Estepas ibérica y central, reposa sobre sedimentos miocenos y triásicos. La porción miocena tiene su límite oriental, situado en la pro- vincia de Zaragoza, una parte sobre la margen superior del Jalón, cerca del cauce del Deza, y otra porción donde se hallan Godojos, Ibdes yjaraba, por debajo de la orilla inferior del Jalón; por cerca de Pozuelo de Ariza, Torrehermosa y Alconchel se pasa, siguiendo — 36 — la estepa, del mioceno zaragozano al de Soria, y sin dejar el curso del Jalón, al llegar á Jubera nos encontramos en la región triásica esteparia de Medinaceli y Salinas de Medinaceli. Esta región triásica esteparia penetra en la provincia de Guadalajara, y en ella son típi- cas localidades, Iniéstola, Luzón, Riba de Saelices, Cobeta, Torrecilla del Pinar y Molina de Aragón. Por bajo de Molina de Aragón la estepa triásica se bifurca en dos brazos que internan sus extremos en la provincia de Teruel. Figura 6.— Vista parcial de la laguna de Gallocanta. El río Gallo, que vierte sus aguas en el Tajo, y sus numerosos afluentes, el río Tajuña, el Jalón y los arroyos y riachuelos que en él desaguan, desde su origen hasta la desembocadura del Deza, rie- gan esta estepa salina, segundo anejo de la ibérica. Una faja triásica estrecha donde he recogido muchas plantas halófilas, es la que se halla junto á Alhama de Aragón, paralela al límite oriental mioceno del anterior anejo de la Estepa ibérica, y se- parada de dicho límite por una zona cretácea. — 37 — La Estepa ibérica ó navarro-aragonesa comprende más de 15.500 kilómetros cuadrados de extensión superficial, incluyendo en esta cifra la superficie, mayor de 600 kilómetros cuadrados, del anejo de Calatayud y Gallocanta y la del anejo zaragozano-soriano-alca- rreño, superior á 1.000 kilómetros cuadrados. Reunidas la Estepa ibérica y la catalana componen una región continua de más de 20.000 kilómetros cuadrados. ESTEPAS VALISOLETANAS Se hallan incluidas en la provincia de \?alladolid, y hay pe- queñas porciones en las provincias de Burgos y de Avila. Las estepas valisoletanas. Son tres regiones esteparias, las que se han estudiado en la pro- vincia de Valladolid; las tres reposan casi por completo sobre sedi- mentos miocénicos, y alguna porción sobre sedimentos diluviales. H ■■ ■B^^^^ ^^^» ^BBBI t Figura 7.— Laguna de Duero. Una estepa es oriental y dos occidentales, con respecto á la posi- ción de la hermosa capital de la provincia. La Estepa oriental valisoletana, se extiende desde Laguna de Duero (fig. 7) á Tudela de Duero, Traspinedo, Sardón de Duero, Quintanilla de Abajo, Valbuena de Duero, Quintanilla de Arriba y Peñafiel, á una y otra margen del río Duero, en dos zonas de 10 á 15 kilómetros de ancho á partir de dichas márgenes. — 42 — Ya en la provincia de Burgos, he seguido esta región esteparia hasta Roa. Las estepas occidentales de Valladolid pueden considerarse: una, como septentrional, y otra, como meridional. La primera está enclavada entre Valladolid y Medina de Ríoseco. Torrelobatón, sobre el río Hornija, en el punto donde confluyen este río y el arroyo de los Caíces; San Cebrián de Monte, junto al río Bajoz; Castromonte, La Mudarra, Villalba del Alcor y Valdenebro, son típicas localidades esteparias. La Estepa occidental del Sur de Valladolid comprende un terri- torio que se asienta sobre sedimentos diluviales, salvo dos manchas miocenas, una junto á Olmedo y Alcazarén, por la que atraviesa el Eresma, y otra en cuyos bordes se encuentran Iscar y Mejeces, se- parada de la gran región miocénica de la provincia por el río Cega. Olmedo, Bocigas, Fuente Olmedo, Aguasal. Maquines, Iscar, Mejeces y Alcazarén son localidades típicas de esta estepa, que, como todas las valisoletanas, se unen unas á otras por brazos, en los que las plantas halófilas y la composición química del suelo no dejan lugar á duda de que en la provincia de Valladolid, existe una gran estepa salina, de la cual solamente se han estudiado, hasta hoy, los tres grandes núcleos mencionados. La estepa de Olmedo he podido ver, que penetra en la provincia de Ávila, por lo menos hasta Arévalo, localidad en que se encuen- tran plantas halófilas, características de los suelos salinos este- parios. Lo que se ha recorrido hasta ahora de la Estepa occidental sep- tentrional valisoletana, permite asignarle una extensión aproximada de 900 kilómetros cuadrados. La Estepa occidental meridional valisoletana mide más de 1.200 kilómetros cuadrados de superficie. La estepa de Laguna de Duero á Peñafiel y Roa comprende más de 1.400 kilómetros cuadrados. Una extensión total que pasa de 3.500 kilómetros cuadrados es la ocupada, en lo conocido hasta ahora, por todas las estepas de Valladolid. ESTEPA ZAMORANA (leonesa). Comprendida en la provincia de Zamora. ^ V o c jtu i L I B R La Estepa zamorana. Con el nombre de Estepa leonesa, menciona Willkotnm una re- gión esteparia salina al Sur de Benavente; como toda esta estepa se encuentra enclavada en la provincia de Zamora, creo darle con jus- ticia y exactitud el título que encabeza estas líneas. En el límite septentrional bordean la estepa Quintanilla del Monte, Quintanilla del Olmo, Cerecillos de Campos, Villalobos y San Esteban del Molar. El límite de la Estepa zamorana por el Oeste es una línea sinuosa que á una distancia de dos ó tres kilómetros sigue el curso del río Esla desde Castropepe á Fontanillas de Castro. Por el Mediodía, Piedrahita de Castro y Moreruela de los Infan- zones, las dos sobre sedimentos diluviales; Torres del Carrizal, Be- negiles, Molacillos y Gallegos del Pan, son localidades que se hallan en el perímetro estepario. En la porción oriental de la estepa regada por el río Araduey (para algunos Valderaduey) y sus afluentes, se encuentran Malva, Bustillo del Oro y Belver de los Montes, ambas en terreno diluvial, y Villalpando. Por una ancha zona situada á ambas orillas del río Sequillo y de su afluente, arroyo Bustillo, se enlaza la estepa de Zamora con la valisoletana de Medina de Ríoseco. La parte más típicamente salina de la estepa es la cuenca del Salado y la de sus afluentes. San Agustín, Tapióles, Villafáfila y Otero de Sariegos se hallan en la proximidad de lagunas salitrosas que reciben el nombre de Lagunas de Villafáfila; la que está más cerca de Villafáfila tiene gran parte del año cerca de cuatro kilómetros de longitud y casi un kilómetro de anchura máxima. — 46 — La mayor extensión de la Estepa salina zamorana es miocena, y una pequeña parte solamente se halla sobre sedimentos dilu- viales. En lo conocido hoy de la estepa en cuestión, alcanza ésta más de 700 kilómetros cuadrados como área mínima aproximada. LA ESTEPA CENTRAL La Estepa central. La enorme Estepa central, llamada también, impropiamente, de Castilla la Nueva, comprende extensos territorios de las provincias de Guadalajara, Madrid, Cuenca, Toledo, Ciudad Real, Albacete y una pequeña porción de la provincia de Valencia. En las regiones miocenas y triásicas de las provincias que entran á constituir la Estepa central, no visité una sola localidad que no fuese genuinamente esteparia, y lo mismo me ha ocurrido al pisar los sedimentos diluviales y algunos de los cretáceos correspondien- tes á dichas provincias. Estudiando detenidamente mayor número de localidades, podría llegarse á deducir que son estepas salinas todas las regiones terciarias y triásicas, y muchas de las diluviales y cretáceas, de nuestro país. El famoso Cerro Negro, inmediato á Madrid, que tantas especies curiosas alberga, y que tiene importancia histórica extremada, por haber herborizado en él insignes botánicos extranjeros y nacionales, es una típica localidad esteparia. Mencionaremos ahora algunas localidades de las que constitu- yen en lo conocido hasta hoy el perímetro de la Estepa central. En la porción alcarreña limitan la Estepa central de izquierda á derecha, Villanueva de la Torre, Quer, Guadalajara, Taracena, Irie- pal, Centenera, Valdeavellano, Balconete, Yélamos de Arriba, Budia, El Olivar, Alocén, Pareja, Sacedón, Coreóles, La Ysabela y Santa María de Poyos. Se encuentran en el límite de la Estepa central, en la porción conquense, Buendía, Villalba del Rey, Jabalera, Garcinarro, Moncal- villo, Huete, Caracenilla, Cuevas de Velasco, Villar del Saz de Na- valón, Chillaron de Cuenca, Albaladejito, todo el curso del río Moscas, Tórtola, Valdeganga de Cuenca, Altarejos, Mota de Alta- rejos, San Lorenzo de la Parrilla, Belmontejo, Valverde del Júcar, — 50 — Buenache de Alarcón, Olmedilla de Alarcón, Motilla del Palancar, Castillejo de la Iniesta, Minglanilla, con su famosa mina de sal, y el Herrumblar. El perímetro de la Estepa central se continúa luego en territorio de Albacete por Villamalea, Casas-Ibáñez, Casas de Ves, Canto- blanco y Balsa de Ves; entra luego en la provincia de Valencia por Casas del Río, Cofrentes, Jalance, Jarafuel, Teresa de Cofrentes, Za- rra y Ayora, y, paralelamente al curso del Júcar, se interna otra vez en la provincia de Albacete y pasa junto á Villa de Ves, Alcalá del Júcar, Jorquera, Casas de Juan Núñez, Valdeganga de Albacete, Al- bacete, El Salobral, junto á la laguna de este nombre, Argamasón, Balazote, El Ballestero y Viveros, en la margen del riachuelo Salinas. Pasa el perímetro de la Estepa central á la provincia á cuya capi- tal llamó Cervantes Imperial, más que Real, ciudad, y comprende, entre otras curiosas localidades, á Villanueva de la Fuente, Montiel, Villanueva de los Infantes, Carrizosa, Alhambra, La Solana, Valde- peñas, Manzanares, Daimiel, rodeada de lagunas salinas, Torralba de Calatrava, Pozuelo de Calatrava, entre dos lagunas, Miguelturra, Ciudad Real, Carrión de Calatrava, no lejos de la hermosa laguna Romani; sigue luego por ambas orillas del Guadiana hasta que en su unión con el río Giguela se produce el gran ensanchamiento del cauce del Guadiana que se ha llamado Laguna de las Islas; prosigue junto al curso del Giguela, pasando por Arenas de San Juan, Villarta de San luán y Alcázar de San Juan, próxima á varias lagunas salinas. Entra después el perímetro estepario en la provincia de Toledo y Villafranca de los Caballeros, al lado de dos lagunas salinas; Ma- dridejos, Turleque y Tembleque, cada una junto á una charca salina; Villasequilla de Yepes, Algodor, Villaseca de la Sagra, Cabanas de la Sagra, Yunclillos, Recas, Lominchar, Illescas, Carranque y Ugena son localidades dignas de todo estudio. El perímetro de la Estepa central penetra luego en la provincia de Madrid; Serranillos, Batres, Navalcarnero, Móstoles, Villaviciosa de Odón, la misma capital de España, Chamartín, Hortaleza, Fuen- carral, Alcobendas, Algete, Ajalvir, Daganzo de Arriba, Fresno de Torote y Camarma del Caño, circuyen lo conocido hasta hoy de la porción matritense de la estepa. — 51 Uniendo á Camarma del Caño con Quer, se cierra el dilatadísi- mo contorno de la Estepa central, que seguramente será mucho más amplio aún cuando se estudien más localidades de las provincias que la integran. Dentro del vastísimo perímetro mencionado, todas las localida- des son esteparias salinas en mayor ó menor grado, y citaremos al- gunas de las más típicas en cada una de las provincias que consti- tuyen la inmensa Estepa central. La parte de la provincia de Guadalajara correspondiente á la Es- tepa central, es, en lo conocido hasta hoy, casi toda miocena, salvo una pequeñísima parte diluvial, sobre la que se hallan Quer y Villa- nueva de la Torre, y otra estrecha faja cretácea que comienza en Alocén y termina más allá de Vellisca y Huelves (Cuenca). Alocén (1), Sacedón, Santa María de Poyos y Sayatón, Almona- cid de Zorita y Albalate de Zorita bordean esta faja cretácea en terri- torio alcarreño. Ejemplo de localidades esteparias centrales miocenas de Guada- lajara son; Chiloeches, Yebes, Pozo de Guadalajara, Armuña,Renera, Escopete, Pastrana, Mondéjar, Driebes é Illana. La porción conquense de la Estepa central, es su casi totalidad miocena, salvo la faja cretácea antes mencionada, otra mancha cre- tácea en que se halla Monteagudo, cuyas salinas tienen tanto renom- bre, y las que se encuentran junto á las históricas Uclés y Saelices, La Graja de la Iniesta, La Mota del Cuervo, Almonacid del Marque- sado y algunas otras más. La famosa salina de Minglanilla se encuentra sobre una man- chita triásica, y recorriendo la parte triásica de esta provincia se encontrarán seguramente localidades esteparias salinas muy no- tables. Localidades miocenas, admirablemente esteparias, existen en la provincia de Cuenca en número extraordinario; haremos mención de algunas entre las más características. (1) Esta pequeña villa está en una hondonada del terreno á orillas del Tajo, y por su situación se dice de ella en los pueblos colindantes: «Alocén, muchos te miran, pocos te ven.» 52 — a a C U a >^ a 'O •S o a "u M 4> 60 a etf i» o u et '- u ■*-> Vi u m O •_ u a o 95 O 53 — Belinchón (fig. 8), con sus inagotables salinas y sus cerros estepa- rios, tan soberbiamente típicos, que sólo los de La Mala, en la Estepa occidental granadina, les son comparables. Tarancón, con variadas formaciones de vegetación esteparia, y calveros (fig. 9) y rubiales curiosísimos. Huete, Loranca, Valparaíso de Arriba, Carrascosa del Campo, Palomares del Campo, Montalbo, Torrejoncillo del Rey, Almendros. Leganiel, Barajas de Meló, Horcajo de Santiago, las his- tóricas Saelices y Uclés, Puebla de la Almenara, Villamayor de San- ,-"•«--* Figura 9.— Calvero estepario de Tarancón (Cuenca). tiago, Belmonte, Monreal, Mota del Cuervo, Las Mesas, cerca de una laguna salina, Villar de Cañas, Alconchel, Montalbanejo, La Almar- cha, Pinarejo, La Alberca, Santiago de la Torre, San Clemente, El Provencio, Sisante, Tébar, Motilla del Palancar, Pozoseco, Rubielos Altos, Rubielos Bajos, Pozo-amargo, El Picazo, Ledaña, Villagarcía, Villanueva de la Jara, Quintanar del Rey, Casasimarro, etc., etc. La Estepa central, en toda su porción conquense es un modelo de estepa salina, las minas de sal y pozos salinos se cuentan por — 54 — centenares, y la vegetación halófila se muestra exuberante por todos sus ámbitos. La porción albaceteña de la Estepa central, cuyo perímetro exte- rior ya hemos reseñado, comprende en la región miocena impor- tantes localidades, como Casas-Ibáñez, Villamalea, Madrigueras, Mahorra, Fuensanta, La Roda, Barrax, La Gineta, Albacete, Valde- ganga de Albacete, Jorquera, Alcalá del Júcar, Villa de Ves y Balsa de Ves, El Salobral, La Herrera, Villarrobledo, etc. Esta parte de la Estepa central está muy despoblada. Dos regiones triásicas existen en la provincia de Albacete en su porción esteparia central, una faja estrecha, en la que se encuentra Fuentealbilla, faja que se interna y ensancha en la provincia de Va- lencia, dando asiento á la Estepa valenciana de Cofrentes, Jalance y Jarafuel. En la otra región triásica, muy vasta, se encuentran San Pedro, Casas de Lázaro, El Ballestero, Muñera. Lezuza, El Bonillo, Robledo, Viveros, en las márgenes del riachuelo Salinas, Osa de Montiel y las famosas lagunas de Ruidera. La extensa región cretácea que llega cerca de Albacete, donde se halla enclavada Chinchilla de Monte-Aragón, es esteparia salina y más despoblada aún que el resto de la provincia, pero la he cruzado sólo en dos direcciones, para pasar de Chinchilla á Pétrola y para ir de Chinchilla á Pozo-Cañada, para ver en las Cañadas de Oran y Las Abejas el enlace de la Estepa central y litoral. La Estepa central, en su porción correspondiente á la provincia de Ciudad Real, es miocena y triásica. En la región miocena, mayor que la triásica, se encuentran So- cuéllamos, El Tomelloso, Argamasilla de Alba y Pedro Muñoz, cerca de cuatro lagunas salinas, la del Retamar, la del Pueblo, la de Alca- bozo y la de Navalafuente. Una gran parte de la primera está incluida en una pequeñísima porción cretácea de la mancha cretácea tole- dano-conquense, que se interna algo al Sur del Toboso (Toledo), en la provincia de Ciudad Real (1). (1) Al Oriente de Pedro Muñoz se halla la gran laguna de Manjavacas, pero es del término de la Mota del Cuervo (Cuenca). — 55 — También son localidades miocenas Villarta de San Juan, Arenas de San Juan, Daimiel, rodeada de lagunas salinas, como la de la Albuera, la del Escoplillo, Navaseca y otras varias, entre ellas las notabilísimas que se llaman Ojos del Guadiana, de los cuales foto- grafié el de Mari López (fig. 10) ó Mari Sánchez. Torralba de Calatrava, no lejos del Charcón de los Árdales; Ca- rdón de Calatrava, cerca de la laguna Romani; Pozuelo de Cala- trava, entre dos lagunas salinas, y Miguelturra, son también, como Valdepeñas, localidades miocenas esteparias de la provincia de Ciudad Real (1). Dos porciones triásicas comprende la Estepa central en esta pro- vincia. Una pequeña, en la que se encuentra Alcázar de San Juan, loca- lidad esteparia de primer orden, cerca de dos lagunas salinas, la del camino de Villafranca y la de Las Yeguas; en la misma mancha triá- sica, que penetra algo en la provincia toledana, se encuentran otras dos lagunas salinas, la del Salicor y la de Pajares. La porción triásica mayor de la estepa de Ciudad Real, contiene á La Solana, Alhambra, Ruidera, Carrizosa, Fuenllana, Villahermosa, Villanueva de los Infantes y Villanueva de la Fuente. La Estepa central, en la provincia de Toledo, tiene una pequeñí- sima porción cretácea, donde, como hemos dicho, se encuentra El Toboso (fig. 1 1), inmortalizado por Cervantes. Visitan El Toboso multitud de extranjeros para estudiar las cos- tumbres y viviendas clásicas manchegas, pues hay casas que por su construcción y mobiliario aun parece que esperan una postrer visita del hidalgo ingenioso y de su escudero leal. Todo compatriota culto y pudiente debiera conocer El Toboso, localidad tan genuinamente española como esteparia. La mayoría de lo conocido hasta hoy como porción toledana de 'a Estepa central es miocena, y una pequeña parte reposa sobre sedimentos diluviales. Son miocenas las localidades siguientes, algunas, como Villa- (1) Ciudad Real reposa sobre sedimentos miocenos y diluviales; Manzana- res sobre sedimentos miocenos y triásicos. 56 57 EKyffn a > - o O u o o •tí rt s u O a o •tí o "o H o (31 o .o o H r— I 4> •tí *S S- U a bJO ce 3 bit) - 58 - cañas y Quero, tan típicamente esteparias salinas, que quien no las conozca puede decirse que ignora las modalidades biológicas de las estepas salinas de España: Quintanar de la Orden, Miguel Esteban, junto á una laguna salina; La Puebla de Almuradiel y la de Don Fadrique, junto á las pequeñas lagunas de Salobral y de Navarredonda, con formaciones esteparias curiosas; Villafranca de los Caballeros, cerca de las lagunas de su nombre; Madiidejos, Quero, al lado de la laguna salada de su nom- Figura 12.— Laguna de Quero (Toledo). bre (fig. 12), de varias charcas salinas y de la soberbia laguna del Taray (fig. 13); las cuencas de estas lagunas y todos los terrenos colindantes ofrecen una vegetación halófila tan característica como la que rodea á la laguna Larga, laguna del Tirez (fig. 14) y de la Pie- drahueca ó Peñahueca, del término de Villacañas. Parece, cuando se recorren estos terrenos, que nos hallamos junto á las marismas de las costas. Recorriendo estas llanuras, calumniosamente tachadas por los 59 - Figura 13. Figura J4. - Laguna de Tirez (Villacañas). - 60 — ignorantes de estériles y antiestéticas, nos convencemos de las rique- zas que atesoran hoy y de las que podrían atesorar en producciones agrícolas y zootécnicas si la rutina y el abandono se trocaran en labor inteligente. Estas llanuras tienen la belleza y majestad del desierto. Hacen pensar alto y sentir hondo al que estudia seriamente su peculiar modo de existir. En muchas de tan queridas y tan españolas llanuras esteparias de Cuenca, Ciudad Real y Albacete se encuentran esparcidos los curiosos molinos de viento (fig. 15). Algunos viven y funcionan, otros muchos están derruidos. Estos monumentos de la colosal España que se fué, debieran conservarse, aunque su uso no sea económica é in- dustrialmente necesario, como se conservan edificaciones análogas en otros países amantes de sus tradiciones, sin que por eso dejen de poseer las modernas conquistas del progreso. También son localidades toledanas miocenas Lillo, el Corral de Almaguer y Villacañas, las tres junto á manchas silúricas, comoMa- dridejos, Turleque y Tembleque, al lado de Charcas salinas; Huerta de Valdecarábanos, La Guardia, Yepes, Cabanas de Yepes, Villato- bas, Villasequilla de Yepes, Villaseca de la Sagra, Cabanas de la Sagra, Ciruelos, Ocaña, Ontígola, cuyo mar está en territorio ma- tritense; Villarrubia de Santiago, Esquivias, tan elogiada por Cer- vantes, y Seseña, cerca de sus salinillas. En el diluvial toledano se encuentran Yuncler, Pantoja, Azaña, Yuncos, Recas, Lominchar, Palomeque, Illescas, Carranque y Ugena. La Estepa central, en su porción matritense, abraza una parte diluvial y otra gran región miocena. Esta última ha sido más estu- diada que la diluvial, y puede asegurarse que no hay en ella una sola localidad que no sea esteparia salina. El Cerro Negro, ya mencio- nado, el cerro Almodóvar, Vallecas, Ribas de Jarama, Vaciamadrid, con su manantial salino y cerros típicos, con vegetación yipsófila y halófila; Montarco, Valdemoro y Ciempozuelos, con sus cerros este- parios salinos tan curiosos, con praderas salinas en los valles in- termedios, y en cerros y praderas una flora peculiar, con especies notables; Arganda y Valdilecha, con dehesas cuya flora es tan varia y rica; Tielmes, próxima á cerros esteparios salinos que ofrecen 61 o O H w cj •S c3 O /. «S •w Vi «í O. ■♦-> «3 x cí n ei fe — 62 — viviendas prehistóricas al arqueólogo y al antropólogo, y al botánico una flora esteparia de primer orden. Chinchón, Colmenar de Oreja, Villarejo de Salvanés, Perales de Tajuña y Morata de Tajuña, que, aunque mutilado y maltrecho, con- serva lo que hoy aun se llama el bosque de Morata, con bellas espe- cies vegetales. Loeches, con sus notables cerros yesosos salinos y aguas salinas, tan justamente renombradas; Estremera, Carabaña, con dos dehesas, pródigas en flora esteparia, como sus cerros esteparios salinos, y con aguas salinas de reputadas virtudes terapéuticas; Torres, Pozuelo del Rey y Villar del Olmo, La Olmeda de la Cebolla y el Nuevo Baztán, dos soberbias localidades con paisajes preciosos y vegetación exu- berante. Pasando el río Henares por frente de Torrejón de Ardoz, hay cerros esteparios típicos, y también lo son los que, cruzando el mismo Henares, se hallan frente á la ciudad que ostenta el blasón insigne de ser la cuna de Cervantes. En esos cerros se encuentra la entrada, hoy casi obstruida, de la famosa é inmensa cueva de los Gigantones. En esos cerros se guardan riquezas históricas y prehis- tóricas de valor inestimable, y en ellos, hace más de veinte años, me hicieron observar por primera vez unos pastores que el ganado lanar que come el caramillo (Salsola vermiculata, L.) engorda visiblemente, su lana es mucho mejor, y la grasa que la cubre es muy abundante. Parla, Pinto y Getafe son tres localidades también miocenas y este- parias, y he dejado para el final de la enumeración de las localidades esteparias miocenas matritenses, á Aranjuez, que es, sin duda, la más notable por su Mar de Ontígola (figuras 16 y 17), cuya fenología di- fiere tanto, según se le observe en invierno ó en la estación estival, y por la variada y típica flora de los cerros próximos al Mar de Ontígola y gran parte del propio lecho de la laguna en el verano. Aranjuez puede decirse que contiene la síntesis de la vegetación esteparia de la provincia de Madrid; y Aranjuez, el Cerro Negro, próximo á Madrid, Ribas de Jarama, Vaciamadrid, Loeches, Cara- baña, Valdemoro, Ciempozuelos y Tielmes constituyen las principa- les estaciones botánicas para el estudio de las floras yipsófila y haló- fila en la porción matritense de la Estepa central. — C3 Figura. 16. — Mar de Ontígola en verano. Figura 17.— Mar de Ontígola en invierno. — 64 - La región diluvial de la porción matritense de esta estepa ha sido menos estudiada que la región miocena, desde el punto de vista de su flora esteparia, que, salvo algunas localidades, no es tan haló- fila como en las localidades miocenas reseñadas. Batres y su castillo, entre dos manchitas miocenas; el hermoso monte de Batres, con flora variada; Serranillos, Griñón, Humanes de Madrid, Moraleja de Enmedio, Navalcarnero, Móstoles, Villaviciosa de Odón, Bobadilla del Monte, Pozuelo de Alarcón, Aravaca, la ca- pital de España, colocada en su mayoría sobre sedimentos diluviales y junto á la porción miocena; Chamartín, con un pinar, que por su flora es el encanto de cuantos le visitan; los cerros en que se extien- den la Ciudad Lineal, Hortaleza, Canillas, Fuencarral, Alcobendas, el monte de Valdelatas, Fuente del Fresno, Fresno de Torote, Da- ganzo de Arriba y Daganzo de Abajo, cerca de dos manchitas mio- cenas; Paracuellos de Jarama, entre otras dos manchitas miocenas; Ajalvir, Camarina de Esteruela, Meco y Camarina del Caño, son localidades diluviales, como el mismo Real Sitio de El Pardo, y tie- nen vegetación esteparia. En la parte Norte de la provincia de Madrid hay una pequeña región en que se asienta Torrelaguna sobre sedimentos diluviales, junto á tres manchas miocenas; entre dos de ellas se insinúa una faja cretácea que se bifurca al Norte del Vellón, y un brazo baja tocando en Venturada, y otro pasa por El Molar. Á la izquierda de Patones penetra una faja del cámbrico, y al Norte llega el silúrico. Como el Berrueco se encuentra sobre el granítico, del cual hay man- chitas junto al Molar, el Vellón y Pedrezuela, y la anterior locali- dad se encuentra sobre el precámbrico, en una extensión rectangular de 16 kilómetros de longitud y unos siete de anchura, podemos es- tudiar una rica flora interesante y variada. El anejo de la Estepa central situado en la región valenciana de Cofrentes, Jalance y Jarafuel, en lo conocido hasta ahora, está com- prendido en una región triásica, que llega de Casas del Río á Ayora, y es un ensanchamiento de la faja triásica albaceteña que cruza el Júcar por Fuentealbilla. El Júcar vuelve á entrar en esta región triá- sica á unos cinco kilómetros al Este de Villa de Ves (localidad mio- cena de Albacete), y después de cruzar el límite de las provincias - 65 - de Valencia y Albacete, siguiendo primero casi el borde de esta re- gión triásica valenciana, llega después junto á Jalance y Cofrentes. En Cofrentes se le incorpora el río Cabriel, que desde Villatoya hasta su desembocadura en el Júcar corre por la faja triásica valen- ciano-albaceteña, sirviendo el cauce del Cabriel, durante más de 17 kilómetros, de límite á ambas provincias. El llamado valle de Cofrentes, consta de varios cerros yesoso- salinos de poca elevación, entre los cuales hay pequeñas llanuras, y estos cerros están rodeados de otros de mayor elevación que circun- dan este valle de cerros esteparios, entre los cuales se encuentran Cofrentes, Jalance, Jarafuel, Teresa de Cofrentes, Zarra y Ayora; en todas estas localidades pueden recolectarse plantas halófilas. Seguramente que, si se estudiase con detención el plioceno que se extiende desde Ayora á Almansa y la extensa región cretácea que al Oriente de la orilla derecha del río Ayora ó Reconque se extiende en la provincia de Valencia, se ampliaría extraordinariamente este anejo estepario. También sería conveniente observar la gran mancha miocena valenciana que por el Norte rodea la estepa triásica de Cofrentes, desde Villatoya hasta el Noroeste de Casas del Río. La Estepa valenciana de Cofrentes, Jalance y Jarafuel, como la llamaba el sabio Dr. M. Willkomm, se riega por los ríos Júcar y Cabriel, por los riachuelos Reconque y Lahoz y por multitud de arroyos que toman origen en numerosas fuentes, como las de la Pe- driza y fuente de Ayora, en el término de Ayora; las de la Higuera y del camino de Ayora, en el de Zarra; las de la Arjonjeña y Rincón de Belilla, en el término de Teresa de Cofrentes; las del Barranco del Agua y Ral, en el de Jarafuel; las del Pilarico y los Cintos, en terri- torio de Jalance, y por fin, en el término de Cofrentes, las de Gra- nera, Pilón, Torrecilla y muchos manantiales de aguas salinas que dan origen á arroyuelos salados. Riegan la región esteparia central correspondiente á la provin- cia de Guadalajara el río Henares, el río Tajuña, el Tajo y riachuelos y arroyos afluentes suyos que recorren esta parte de la estepa. Cruzan la Estepa central en su porción conquense el río Mayor, afluente del Giguela, que á su vez desagua en el Tajo; los ríos Cal- - 66 - bache y Salado, que también son afluentes del Tajo; el río Bedija y el Albardana, que desembocan en el Riánsares, que vierte sus aguas en el Giguela. El río Saona y el río Rus, ambos vierten sus aguas en el Záncara, que nace y tiene buena parte de su curso en esta parte de la estepa y desagua en el Giguela. El río Júcar, que atraviesa la porción oriental de la Estepa con- quense, y varios de sus afluentes, como el río Marimota, el río Gri- tos, el Valhermoso. el Valdemembra, el río de la Graja y el Moscas. Riegan la porción albaceteña de la Estepa central el río Cabriel y algunos de sus afluentes. El Júcar y muchos de sus numerosos afluentes recorren también esta parte oriental de la estepa. El río Regajo, el Coreóles, el río Pinillos ó Salinas, el río de Le- zuza, el río Balazote y otros muchos riachuelos y arroyos ó cañadas recorren la parte meridional y occidental de la estepa de Albacete. En la parte de la Estepa central, correspondiente á la provincia de Ciudad Real, corren el río Záncara, que como hemos dicho desagua en el Giguela; el Amarguillo, también afluente del Giguela, como muchos riachuelos y arroyos; el mismo río Giguela, que vierte su caudal en el Guadiana, como el Azuer, y varios afluentes de estos dos últimos ríos. En la región toledana de la Estepa central corren el Riánsares, afluente del Giguela; el Giguela, el ya citado Amarguillo, el río de la Jega y los riachuelos y arroyos afluentes de los mencionados. El Tajo bordea esta porción de la estepa en un buen trecho, y atraviesa una pequeñísima parte de ella. Riegan la Estepa central en su área matritense el Guadarrama, el Manzanares, el Jarama, el Henares, Tajuña, Tajo y afluentes de estos ríos. Comprende la Estepa central, la mayor en lo conocido hasta el día de las estepas de España, más de 23.000 kilómetros cuadrados de extensión superficial. Una parte de esta inmensa región esteparia, que radica en la pro- vincia de Ciudad Real, y donde se asientan esta gran población, Miguelturra, Pozuelo de Calatrava, Torralba de Calatrava, Daimiel y Villarrubia de los Ojos, no había sido hasta ahora citada por nin- gún autor como estepa salina. LAS ESTEPAS DE JAÉN Las estepas de Jaén. En ellas se encuentran, además de algunas especies peculiares, especies de las floras héticas y algunas de la Estepa oriental gra- nadina. Antiguamente (1852) se conocía sólo como estepa de Jaén ó de Mancha Real una porción de la que hoy llamo Estepa oriental gien- nense. Comprendía una parte del infracretáceo, en que se asientan Mancha Real, Pegalajar y Jimena, la zona cretácea donde se hallan Torres y Albánchez, que, por debajo de Mancha Real, se corre hasta tocar La Guardia, y la región triásica, donde se enclava Torreque- bradilla. En 1894 le dio Willkomm mayor amplitud á la estepa de Jaén ó Mancha Real, marcándole como límites: por el Norte, la margen infe- rior ó meridional del río Guadalquivir; por el Oeste, el cauce del Guadalbullón, y por el Este, el cauce del Guadiana Menor, junto al cual se halla la región infracretácea, que contacta con la mancha diluvial de la Estepa oriental granadina, enlazándose así las dos es- tepas giennense y alto-andaluza oriental. Esto es lo que para mí constituye hoy la Estepa oriental de Jaén, añadiéndole la región triásica que comprende á Cabra del Santo Cristo, Solera, Cambil, Carchel y Carchelejo, la manchita triásica de Huesa é Hinojares y el infracretáceo comprendido por bajo de Hino- jares, desde el Guadiana Menor al Guadalentín, donde se encuentra la localidad genuinamente esteparia de Pozo Alcón. La Estepa oriental giennense (de Mancha Real) es modelo de es- tepa salina, así como la occidental giennense, que luego describire- mos. Toda ella se encuentra surcada de ríos, riachuelos, arroyos y arroyadas ó barrancos salinos, y salinas numerosas suministraban — 70 — en otro tiempo, y aun hoy algunas suministran, sal común en abun- dancia. Cerca de Mancha Real nace un riachuelo salado, que pasa junto á Mancha Real y Torrequebradilla y desemboca en el Guadalquivir, después de haber recogido las aguas de los dos arroyos salinos de las salinas de Don Benito y salinas de San Carlos y del arroyo sa- lino del Brujuelo, que parte de la charca y salinas del Brujuelo (figura 18). Si pasado el Guadalbullón se entra en la carretera que conduce á Mancha Real, á un lado y á otro de la carretera se ven arroyos sa- linos, siendo muy notable el que desemboca en el Guadalbullón y bordea por la margen derecha del camino, largo trecho. La vegeta- ción de las márgenes de este arroyo, completamente halófila, se ase- meja por completo á la de cualquier salobral ó marisma. El río de Torres recibe, antes de su desembocadura en el Gua- dalquivir, otro riachuelo salado. Un arroyo de las salinas y un arroyo salado se unen cerca de Garciez, y desembocan y vierten sus aguas en el río de Bedmar ó río de Garciez, afluente del Guadalquivir. Otro arroyo, llamado de -la Sa- linilla, desemboca junto á los cortijos de la vega en el Acequión, que lleva sus aguas al río Bedmar. También en el río Bedmar afluye otro arroyo salado, á unos seis kilómetros al Sur de Bedmar. El barranco de la Saladilla vierte sus aguas en el Gualijar, afluente del río Jandulilla, que, á su vez, es tributario del Guadalquivir. Otro barranco de la salina se une al barranco del Capitán y pe- netra en el Jandulilla, frente al cortijo de los Tierrales. Cerca de Jódar, otro arroyo de la salina desemboca en una ace- quia que desagua también en el río Jandulilla. Por fin, en el río Guadiana Menor desagua el arroyo Salado, cuyos afluentes salinos parten del Sur y del Este de Cabra del Santo Cristo, y también un arroyo ó barranco de la Salinilla, pasa por el cortijo de Santa Quiteria y desemboca por cerca del cortijo inte- rior del Guadiana. 71 i— i s - 4) +■> C - O si c- 4> f. w ao i-i tí biD fe 72 — Estepa occidental de Jaén. La región esteparia occidental de Jaén, que no había sido hasta ahora citada en ningún estudio geográfico botánico de la Península ibero-lusitánica, puede limitarse, en lo investigado por mí: al Norte, por la orilla meridional del Guadalquivir; al Oeste, por el río Salado de Porcuna, cerca del límite de las provincias de Jaén y Córdoba; al Este, por el río Guadalbullón, y al Sur, por la cuenca del río Víboras, afluente del Guadajoz. Comprende la Estepa occidental gienense: 1.° Una porción miocena, continuación de la que existe en la orilla derecha del Guadalbullón, región miocena que se extiende luego por las estepas béticas del Guadajoz y el Genil. 2.° Una porción eocénica inferior, que va desde Jaén hasta más allá de Santiago de Calatrava é Higuera de Calatrava. 3.° Debajo del eoceno una faja infracretácea que, desde cuatro kilómetros al Este de Martos, llega hasta Baena (Córdoba), y otra faja infracretácea en que se halla Martos, que es una prolongación del infracretáceo de Mancha Real. Esta zona infracretácea rodea una mancha cretácea que va de Jaén á Torre del Campo. 4.° Al Sur de Martos y en las cuencas del Salado de Porcuna y el río Víboras, hay una región triásica, que pasa, por la izquierda, á la estepa bética del Guadajoz, y por la derecha alcanza hasta más allá de Cabra del Santo Cristo, en la Estepa oriental giennense. La región triásica de la Estepa occidental de Jaén emite una pe- queña prolongación, que pasa cerca de Martos y llega á Torredonji- meno y Torre del Campo. Desde el Guadalbullón hasta el Salado de Porcuna, en toda la Estepa occidental giennense, cruzan ríos, riachuelos, arroyos y arro- yadas ó barrancos salinos. Dos ríos salados, que desaguan en el Guadalquivir, extienden su cuenca y la de sus afluentes en esta región esteparia. El Salado de Lo- pera y Porcuna, que pasa al Oeste de ambas poblaciones y de Hi- guera de Calatrava y Santiago de Calatrava, llegando hasta siete ki- — 73 — lómetros al Sur de Marios, cerca del cortijo y el molino del Salado, tiene más de 50 kilómetros de curso. El Salado, que deja al Este á Arjona y Arjonilla y al Oeste á Higuera de Arjona, pasa á 300 me- tros de Villardompardo y desciende hasta Torredonjimeno, alcan- zando más de 40 kilómetros de curso. Veamos aquellos afluentes de ambos ríos que reciben un nom- bre vulgar, que indica la composición salina de sus aguas, debiendo advertir que, aunque la denominación no lo indique, son saladas, ó salobres, la mayoría ó casi totalidad de las aguas que corren por la Estepa occidental giennense. En el Salado de Porcuna desembocan, al Norte de Higuera de Calatrava, el arroyo Salinillo, que antes recoge, á su vez, el caudal del arroyo Coscojar, que pasa junto á la Salinilla de los Charcales, y el arroyo Saladillo, casi paralelo al camino de Porcuna á Torredonjimeno. Un gran riachuelo salado, toma origen debajo de Santiago de Calatrava, por la unión del arroyo Mingoyustre, y otro arroyuelo. Este riachuelo salado se interna en la provincia de Córdoba, pasa al Este de Valenzuela y vuelve á la de Jaén, para afluir en el río Salado de Porcuna. Cuando este río toma la dirección hacia el Sur de Martos, por bajo de Higuera de Calatrava, recoge el caudal de otro arroyo saladillo, que recibe á su vez las aguas del arroyo Amarguillo, arroyo Sosa y barranco de las Salinas. El río Salado de Arjona é Higuera de Arjona cuenta entre sus afluentes los que siguen: Al Sur de Higuera de Arjona recoge las aguas de un arroyo sala- dillo, al cual dan origen dos arroyuelos, entre los cuales se halla Fuerte del Rey. Al Este de Escañuela recibe las aguas de un riachuelo salado que, á su vez, reúne el caudal de otros arroyos, como el de las sali- nas de Escobar y el de la Salinilla. El río Salado de Arjona tiene, en dirección á Torredonjimeno, otros afluentes más ó menos salinos, y cerca de esta villa, junto al cortijo de Pedro Gil, hay pozos y charcas salinas. Otras charcas y pozos de sal más próximos aún á Torredonjimeno dan origen á las salinas de San José. Al Sur de Menjíbar penetra en el Guadalbullón otro riachuelo - 74 — salado, que recoge á su vez las aguas del arroyo salado de las Pie- dras y del arroyo Quiebracántaros. Seguramente que las regiones miocena y triásica existentes en la provincia de Jaén por encima de la orilla superior ó septentrional del Guadalquivir, son esteparias también, pero no las he podido re- correr, así como tampoco he visitado la zona estrecha del jurásico superior, que comienza en Fuensanta y Los Villares y termina más allá de Bélmez de la Moraleda. Aun así, añado á lo conocido hasta ahora como estepa de Jaén más de 2.000 kilómetros cuadrados de extensión superficial. La Estepa oriental mide en lo estudiado hoy más de 1.000 kiló- metros cuadrados. La Estepa occidental más de 1.700 kilómetros cuadrados. Un total de más de 2.700 kilómetros cuadrados de extensión su- perficial paralas estepas de Jaén. LAS ESTEPAS BÉTICAS Las Estepas héticas oriental y occidental. Las Estepas héticas eran más imperfectamente conocidas que las demás regiones esteparias españolas por el eminente Willkomm que las denominó Estepa bética oriental, bajo-andaluza oriental ó cordo- besa del Guadajoz y Estepa bética occidental, bajo-andaluza occi- dental ó cordobesa-sevillano-malagueña del Genil. Pero no citaba tan eximio autor una sola planta de dichas estepas por no conocer sus localidades más que en muy corto número y ligeramente, según él mismo asegura. Puede admiiirse el cauce del Genil como límite entre ambas Este- pas béticas, por más que la flora, el clima y el suelo de dichas este- pas son tan semejantes muchas veces, que podría llegarse al conven- cimiento de que constituyen un todo del cual anteriormente sólo se habían conocido dos partes aisladas y extremas. La Estepa bética occidental tiene porciones pliocenas, miocenas, eocenas, triásicas y en pequeña cantidad diluviales y cretáceas. El mioceno y eoceno, que dominan casi exclusivamente en la Estepa bética del Guadajoz ó de la orilla derecha del Genil, penetran en la Estepa occidental de la provincia de Jaén. La Estepa bética oriental puede limitarse al Norte por el curso del Guadalquivir desde Villa del Río á Palma del Río; al Oeste, por el río Genil, y al Este, por el río Salado de Porcuna y una línea algo ondulada que fuese desde Valenzuela á Baena y pasara al Oeste de Cabra y Lucena hasta encontrar al Genil. Pedro Abad, El Carpió, Bujance, Villa del Río, Cañete de las Torres, Montilla, La Rambla, Montalbán, Fernán-Núñez y Aguilar, son localidades esteparias salinas miocenas, y Aguilar está próxima á la famosa laguna Zoñar. Valenzuela, Castro del Río, Albendin, Nueva Carteya y Zapateros son localidades eocenas. Las tres pri- — 78 - meras altamente salinas esteparias. Baena se halla sobre eoceno y cretáceo, como Lucena. Localidades diluviales importantes son Guadalcázar, Palma del Río, San Sebastián de los Ballesteros y Écija. Riegan esta estepa el riachuelo Salado de Valenzuela, el Guada- joz con sus afluentes, el arroyo Salado, el Guadalmoral y otros varios. El Genil y algunos de sus tributarios en la orilla derecha, como el río Cabra. La Estepa bética occidental limítase por el Norte con la orilla meridional del Guadalquivir, desde Palma del Río á Alcalá del Río; por el Este, por el río Genil, y al Oeste y Sur, por una extensa línea que comienza en la mencionada Palma del Río, Carmona, El Viso del Alcor y Mairena del Alcor, Dos Hermanas, Utrera, Morón de la Fron- tera, Villanueva de San Juan, El Saucejo, Los Corrales, Campillos, Corcoya y Badolatosa. Lora del Río sobre mioceno y diluvial, como Alcolea, Alcolea del Río y la histórica Carmona. Tocina, Brenes y Alcalá del Río están sobre sedimentos. dilu- viales. Marchena, Paradas, El Arahal, Utrera, Los Molares y Fuentes de Andalucía, localidad altamente salina esteparia, son miocenas. Alcalá de Guadaira, Dos Hermanas, Mairena del Alcor y el Viso del Alcor, localidades pliocenas. Osuna está situada sobre eoceno y mioceno, y las grandes lagu- nas de Calderón y Ruiz Sánchez, con formaciones de taray y curio- sísima flora en sus márgenes y lecho, se hallan sobre el mioceno, como asimismo las lagunas más pequeñas, pero de agua más salada, que se denominan Laguna de la Sal, Laguna Verde de Sal y Laguna Ballestera. Hay en término de Osuna, además, bodones ó lagunas acciden- tales de gran extensión superficial y escaso fondo, que se secan á mediados de primavera ó principios de verano, cuyos lechos se cul- tivan en muchos casos, y la vegetación espontánea de estos parajes es digna de estudio atento. Sobre el eoceno se hallan Herrera, Matarredonda y Marinaleda. — 79 — Sobre el triásico y cerca de una manchita jurásica, se halla Morón de la Frontera, localidad esteparia de primer orden; posee abundantes salinas, como las de Jesús, Garrofal de Duran, El Gato, El Consejo y otras muchas. También de extraordinario valor cientí- fico son sus volcanes de fango ó macaiubas, de los cuales hay tres en actividad y lanzan por su cráter agua fangosa salina con gases hediondos. También son localidades triásicas Villanueva de San Juan, El Figura 19.— Una parte de la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga). Saucejo, Los Corrales y Campillos, que, como Casariche, están sobre una mancha triásica rodeada por el eoceno. Aguas Dulces se encuentra sobre cretáceo y eoceno, y la Salada y Lora de Estepa sobre cretáceo. La gran laguna de Fuente de Piedra (fig. 19), soberbia localidad por su flora y aspectos fenológicos, está casi toda ella en un vértice, toca el eoceno y el mioceno; pero en las estaciones lluviosas llega — 80 - su borde inferior á bañar también un brazo triásico que emite la región de los Corrales y El Saucejo. Muchos riachuelos y arroyos salados recorren la Estepa bética occidental ó de la orilla izquierda del Genil. El Salado de Osuna, que vierte sus aguas en la laguna de Calde- rón. El Salado, que al Sur de Morón pasa y desagua en el río Espar- teros, afluente del Guadaira. El Salado ó Malajuncia, que nace cerca de Paradas y es también afluente del Guadaira. El Salado de Morón, que pasa entre Montellano y Morón de la Frontera y desagua en el Guadalquivir. El Salado de Aguas Dulces, que recibe las aguas saturadas de sal del arroyo salinoso y otros varios arroyos de agua salada, y luego vierte su caudal en el río Blanco, afluente del Genil. El río Salado ó Peinado, que conduce sus aguas al río Corbones, tributario del Guadalquivir, y muchos riachuelos y arroyos que, sin llamarse salados, conducen sus aguas salinas ó muy salobres á les ríos Guadalquivir, Corbones, Guadaira y Genil. Estudiada con detención la provincia de Sevilla, y sobre todo las de Málaga y Cádiz, podrían encontrarse muchísimas más localidades esteparias salinas, y las Estepas béticas ampliarían su área extraor- dinariamente. En lo conocido hasta hoy, el conjunto de las dos Estepas béti- cas suma más de 8.000 kilómetros cuadrados. LAS ESTEPAS GRANADINAS Las Estepas granadinas oriental y occidental. Muy probablemente se comunican ó enlazan dichas estepas por la zona miocena de Gavia la Chica, Alhendín, Ojíjares, Cajar, Mo- nachil y Pinos Genil, que enlaza con una mancha triásica que llega hasta el diluvial de Diezma y Cortes y Graena. La Estepa oriental granadina ó de Guadix, mejor conocida por el inmortal Dr. M. Willkomm, que la occidental ó de Cacín y La Mala, comprende un extenso perímetro que comunica por la cuenca del Guadiana Menor con la Estepa oriental de Jaén ó de Mancha Real. Por la cuenca del río Almería, entre Huéneja (Granada) y Fiñana (Almería); por la cuenca del Almanzora, yendo de Baza (Granada) á Purchena (Almería), y por una faja pliocena granadina en que se encuentran Cúllar de Baza, Pulpite y Venta Quemada, faja que se une á otra diluvial en que se asienta Chirivel (Almería), se estable- cen las comunicaciones entre la Estepa granadina oriental y la re- gión alménense de la Estepa litoral. Por los campos de Bujejar, en que se unen el plioceno de Orce (Granada) con el eoceno de Topares (Almería), hay otro lazo de unión entre la Estepa granadina oriental y la litoral de Almería. Tam- bién existe una unión de la Estepa granadina oriental con la región murciana de la Estepa litoral, pues una zona eocena colocada al Norte del diluvial de Puebla de Don Fadrique, Granada, y el dilu- vial de Huesear (Granada), se une con el diluvial que empieza en el caserío Entredicho y llega hasta Caravaca (Murcia), que está sobre diluvial y triásico. El perímetro de la Estepa granadina oriental, que tiene porciones pliocenas, eocenas, triásicas y diluviales, comprende, en lo estu- diado hasta hoy, las principales localidades siguientes: Por el Norte: Guardahortuna, Alamedilla, Alicún de Ortega, Zú- jar, Cortes de Baza, Castillejar y Huesear. — 84 - Por el Este: Orce, Cúllar de Baza, Caniles, Baza, Gor, Esfiliana y Huéneja. Por el Sur: el perímetro estepario llega á Dolar, pasa luego por delante de la Calahorra, Alquife y Jerez del Marquesado, toca en Cogollos de Guadix, Beas de Guadix, Cortes y Graena y Lapera. Por el Oeste: sube el perímetro por Diezma, Darro, Moreda, Cárdela y se cierra en Guardahortuna. Esta estepa y la de Cachi son muy salinas, y hasta los sedimen- tos diluviales contienen una vegetación señaladamente halófila. Son localidades diluviales Guardahortuna, Alamedillas, Alicún de Ortega, Zújar, Huesear, Puebla de Don Fadrique, de Granada, Vi- llanueva de las Torres, Freyla, Benalúa de Guadix, con preciosas es- pecies halófilas; Darro, Cortes y Graena, con baños termales y cerros típicamente esteparios; Purullena y la histórica ciudad de Guadix rodeada de cerros cónicos transformados en cuevas habitadas por una gran parte de los moradores de las cercanías de Guadix. Hay otros cerros de base muy ancha que resultan de forma aná- loga á la de otros cerros de las demás estepas. Tanto los cerros cónicos como los que aparecen como ondulaciones más ó menos elevadas del terreno, contienen flora peculiar. En la Calahorra, Dolar y Huéneja y en el camino que va de Gua- dix á Benalúa de Guadix se encuentran enormes y curiosos cerros que parecen colosales asociaciones de cerros cónicos grandes y pe- queños adosados unos á otros. (Fig. 20.) Á la derecha del camino de Guadix á Diezma puede verse un espectáculo curioso: los cerros denudados ofrecen el aspecto de un enorme edificio con sus ventanas, puertas y columnas tan artificiosas y simétricamente colocadas, que hay momentos en que parece que la mano del hombre y no la sabia Naturaleza han construido aquella maravilla. Toda esta región esteparia de Guadix es una verdadera joya, no sólo para el botánico, sino para el geólogo, el historiador y el artista. Una región triásica de la Estepa granadina oriental va desde ocho ó nueve kilómetros al Este de Guadix hasta muy cerca de Baza. En dicha región están Gor y Atalaya. 85 — C3 •s — ■ « >> X ■— a O 0> - C ti v¡ O u u O o el u 3 biD - 86 - Localidades pliocenas son Baza, Cúllar de Baza, Benamaurel, Castillejar de los Ríos, Galera y Orce. Además existe una mancha pliocena en el diluvial de Guadix, donde se encuentran Huélago, Fonelas y Gorafe. El río Fardes, tributario del Guadiana Menor, recibe las aguas de los ríos de Guadix, Gor y el de Huélago. El río Guardal, en el que desaguan el río de Orce, el de Cúllar de Baza, el río Baúl y el Gallego, se une al Fardes y dan origen al Guadiana Menor. El Guardahortuna se une al río Salado antes de su desemboca- dura en el mismo Guadiana Menor. Estos ríos y riachuelos y arroyos afluentes á ellos riegan la her- mosa y variada Estepa granadina oriental. La Estepa occidental granadina ó de La Mala y Cachi, comprende regiones de las más genuinamente estepario-salinas de nuestro país. El que no haya visto la facies particular de los enormes cerros que rodean La Mala, y el aspecto de la hondonada en que se encuen- tran dicha villa y sus salinas, no puede apreciar con exactitud la fenología de los suelos y la vegetación halófila esteparia en su más completa acepción. La tierra monótonamente blanquecina ó gris de los cerros y llanos; la vegetación escasa, compuesta de hierbas y matitas de poca elevación, que parecen achaparradas sobre el suelo; la escasez de agua en el aire y en la tierra, todo nos hace ver que nos encontramos en una estepa salina de primer orden. Cuando se transita por el territorio que se extiende entre La Mala y Ventas de Huelma, suele encontrarse algún arroyo con abundante agua en su cauce. Bajo el sol granadino brilla el curso del arroyo en la llanura abrasadora como una cinta de plata. Pero á pesar del intenso calor, las caballerías del país no se alegran al llegar á la proximidad de aquellas aguas, ni se acercan á ellas; se trata de un manantial salino, y la vegetación que puebla las orillas nos dice la calidad de aquellas transparentes ondas, cuya cuenca y márgenes están cubiertas de una costra blanca de sales que por la evaporación de las aguas se depositan incesantemente. Los cerros de Cacín (fig. 21), muchos de ellos están habitados por una formación del Ononis tridentata, L., var. laüfolia, Lge. — 87 — (Ononis crassifolia, Duf.), así como otros de Tarancón (Cuenca) dan asilo al Ononis tridentata, L. var. intermedia Lge. En las pequeñas llanuras que separan los cerros de Cacín, así como en la parte inferior de las faldas de los mismos, enormes ma- tas de alcaparro (Capparis spinosa, L.) están tendidas sobre el terre- no. Ostentan sus innumerables y preciosas flores y esmaltan con el verdor de las hojas aquellos suelos, de aridez y sequedad infinitas. La Estepa occidental granadina es, en lo conocido hasta hoy, en Figura 21.— Cerros esteparios de La Mala á Cacín. su casi totalidad pliocena. Hay junto á Alhama, localidad de esta estepa que está sobre el plioceno, una manchita miocena y otra más pequeña liásica, dos manchitas miocena y liásica más peque- ñas aún, que aquellas sobre las que se encuentra Alhama. Otra man- chita miocena se encuentra entre Escúzar y Ventas de Huelma. Gavia la Chica, Alhendín y Otura, de clima extremadísimo para el calor y el frío, se hallan en el borde de una región miocena que atra- viesa el río Dilar. — 88 — Algunas ó todas las localidades de la región diluvial que se ex- tiende desde Granada, hasta cerca de Loja, serán seguramente este- parias, pero lo son tan genuinamente las localidades pliocenas, que habrán de constituir en todo tiempo el carácter saliente de la Estepa oriental granadina. Mencionaremos las localidades pliocenas más notables: La Mala, Escúzar y Ventas de Huelma, ya mencionadas; como Cacín, Jayena, Fornes, Arenas del Rey, Alhama y Santa Cruz de Alhama, Salar, con suelo muy salino y clima muy estepario; El Turro, Moraleda de Za- fayona y Chimeneas. El río Alhama, que se une al río de Cacín cinco ó seis kilómetros antes de que este último sea tributario del Genil. El río de La Mala y el de Dilar, que ambos desaguan también en el Genil, y los riachuelos y arroyos que vierten sus aguas en ellos, riegan esta árida y despoblada región esteparia. La Estepa occidental granadina tiene más de 800 kilómetros cua- drados de extensión superficial. La Estepa oriental más de 2.300. Lo cual da como área conocida para el conjunto de estas estepas, más de 3.000 kilómetros cuadrados. LA ESTEPA LITORAL Incluyese en las provincias de Alicante, Murcia, Albacete y Almería. ESTEPA DE ADRA Y DALIAS Anejo ó parte ele la Estepa litoral comprendido en la porción occidental litoral de Almería. Estepa litoral. Esta región esteparia se compone de contornos y partes tan heterogéneas, que muchas veces sólo la flora y el suelo nos dan á conocer que nos hallamos en la estepa salina. En efecto, junto al mar el clima estepario llega á dulcificarse, aunque se da el caso de que con unos kilómetros que nos interne- mos al interior, ya el clima de meseta, unido á la sequedad de la atmósfera, se manifiestan ostensiblemente. En la extensa cinta litoral esteparia, muchas veces inculta, se dan el algarrobo, la palmera, las más preciadas variedades de la vid, es segura la cosecha del almendro porque son raras las heladas tardías, las más hermosas coniferas alcanzan rápidamente inusitado desarrollo, y, sin embargo, muchos de nuestros compatriotas pobres emigran en busca de trabajo cuando en nuestro país, no sólo en las estepas, sino fuera de ellas, apenas hay provincias que no tengan grandes regiones incultas pero cultivables todas. Compónese la Estepa litoral de las siguientes regiones: 1. a Estepa litoral de Adra y Dalias (Estepa litoral occidental de Almería). 2. a La Estepa litoral de Almería, Sorbas, Vera, Cuevas de Vera, etc. (Estepa oriental de Almería). 3. a La gran Estepa litoral murciano-albaceteña, que comprende á Hellín, Pétrola, Calasparra, Muía, Cartagena, Lorca, Murcia, Totana, etc. 4. a La Estepa alicantina, que comprende la costa desde el Cabo Roig y Torrevieja hasta más allá de Punta Bombarda, Altea y Villa- joyosa, y en el interior Orihuela, Elche, Jijona, Monóvar, Novelda, Villena, El Pinoso, Salinas, etc. — 92 Estepa litoral de Adra y Dalias. Fué esta estepa mal conocida por Willkomm, tanto, que en el mapa que ilustra su obra sobre las regiones costeras y esteparias de España, considera á Dalias como colocada á orillas del mar y con latitud inferior á Adra, siendo así que Dalias está á ocho kilómetros del mar y su latitud es superior á la de Adra. No obstante, es muy meritorio que esta estepa se mencionase y diseñase por Willkomm en 1852, cuando modernos autores de 1912 la han dejado en el olvido. Adra en terreno de formación actual, cerca de una manchita pliocena; Alquería, Berja, Dalias y Vicar en el triásico. Los llanos de Almería, extensión esteparia costera, donde se hallan Roquetas y las salinas que desde Punta Elena se extienden hasta cerca de Punta Encinas, son nota peculiar de esta parte de la Estepa litoral que se enlaza con la estepa de Almería, constituyendo con ella un todo continuo por la vertiente meridional de la Sie'rra de Almería. El río grande que desagua en el Mediterráneo, cerca de Adra, y tiene varios afluentes, como el riachuelo chico y el que pasa por Dalias. El río que desemboca cerca de Roquetas y pasa por Vicar, y varios arroyos, riegan esta región de la estepa de Almería, cuya extensión superficial, en lo explorado hasta hoy, pasa de 260 kiló- metros cuadrados. La Estepa litoral de Almería. Esta gran estepa se caracteriza por su irregularidad en el con- torno y porque casi toda es pliocena, como la Estepa granadina de Cacín y la de La Mala. Desde Almería, que está sobre sedimentos pliocenos y otros de formación actual, hasta la Sierra de Gata, cuatro ó cinco kilómetros — 93 — al Este del pueblo de Cabo de Gata, se halla el límite meridional de esta Estepa alménense, y sin dejar el cauce del río Almería, por Benahadux, Gádor, Terque, Albolodúy, Nacimiento, Doña María y Fiñana, se pasa á la estepa de Guadix. Si desde la desembocadura del riachuelo de Tabernas, en el río Almería, se sigue el cauce del Tabernas que, como casi todo el del Almería, están sobre sedimentos diluviales, veremos que á un lado y á otro del diluvial por el que corre el río Tabernas se extiende el plioceno, y la carretera nos conduce de la villa de Tabernas á Sorbas por una estepa desolada. Al Norte de Sorbas, casi paralelamente al borde del cauce del río Aguas, se ve una pequeña mancha miocena, y otra existe entre Antas, Cuevas de Vera y Vera; las tres, como Turre y Sorbas, son localidades pliocenas. Más diminuta que las anteriores manchas miocenas es la que se encuentra al Este de Guaramayo, localidad pliocena. Desde Guaramayo al lado del cauce de la Rambla del Pinar, sin dejar el plioceno se llega á la estrecha faja pliocénica comprendida entre la Sierra del Castillo y la Sierra de Enmedio, y sin abando- nar la Rambla del Salvador nos encontramos en el mioceno en que se enclavan Huercal Overa, Zurgena, Arboleas, Albánchez y Albox. Atraviesa después el Ahnanzora una mancha del precámbrico, después pasa al plioceno, volviendo al precámbrico, y después retorna al plioceno de Olula del Río para penetrar en el mioceno, donde se encuentran Armuña, Urracas, Somontín é Higueras. Pur- chena y Serón se hallan sobre mioceno y precámbrico. Después de esta región miocena se entra en la pliocena, que se continúa en Baza (Estepa granadina occidental). También partiendo de Guaramayo y paralelamente á la Rambla de Pulpí, se llega á Pulpí, y entre la Sierra de Enmedio y la de los Aljibes podemos penetrar en la soberbia Estepa murciana. Algunas porciones triásicas he recorrido en esta estepa. La que se halla al lado de Níjar; la de Turrillas, que llega cerca de Lucainena de las Torres; la muy típicamente esteparia de Mojácar y las de la Sierra del Castillo y Sierra de Enmedio. — 94 — Entre Níjar y la vertiente occidental de la Sierra del Cabo de Gata se extiende el vasto territorio que se llama Campo de Níjar, todo él sobre sedimentos pliocenos, región esteparia en sumo grado. Sorbas, sobre una meseta rodeada de un foso naturalmente for- mado por el terreno que la circunda, ocupa en la estepa una porción agreste, extraordinariamente árida y de sequedad extrema. El camino de Vera á Sorbas (fig. 22) y el de Vera á Garrucha y Mojácar son altamente instructivos para el botánico. ' í£¡!¡&m <*<■ <**4f- v-v *W?*2*> K Figura 22— Cerros esteparios entre Vera y Sorbas. Las marismas y terrenos que se encuentran entre Vera y Garru- cha contienen el Zizyphus lotos, Lam. (Azufaifo de Túnez, Guijol), preciosas especies del género Stalice, que podrían cultivarse como plantas de adorno, Messembryauthemum nodiflorum, L. y Arcthrocne- mon macrostachyum Mor. et Del. La Fagonia crética, L. (Rosa de la Virgen) extiende sus matas en las faldas de los cerros y abre sus preciosas flores al lado de las numerosas matitas de la Carrichtera vellce, D. C. (Cuchareta, Pítano — 95 — anuo), Hedysarum spinosissimum, Desf., Lycium iniricatiim, Boiss., y otras muchas plantas típicas de esta flora esteparia litoral. Comprende la Estepa litoral de Almería más de 2.500 kilómetros cuadrados de extensión superficial conocida hasta hoy. o ^v os *< , L I B R Estepa litoral murciana. Esta enorme estepa, miocena, eocena y diluvial, en su mayor extensión, enlaza con la Estepa central; por la región esteparia de Albacete es de contornos muy irregulares, y por esto y por lo dila- tado de su área está conocida muy imperfectamente. Expongamos las localidades que bordean ó limitan lo conocido por mí de esta parte de la Estepa litoral. Lorca sobre sedimentos miocénicos y sedimentos de formación actual, cerca de la manchita triásica de la Sierra del Caño. Zarzadi- 11a de Ramos entre la Rambla del Saladillo y el río Churrilla, sobre una mancha de terreno diluvial que rodea el eoceno. Bullas sobre el eoceno y el triásico. La carretera que de Bullas va á Cehegín, que se asienta sobre mioceno, triásico y diluvial, y á Caravaca, que se halla sobre dilu- vial y triásico, pasa cerca del límite de la estepa en esta región. Sigue el contorno estepario por el eoceno en Moratalla, y en Calasparra sobre eoceno y triásico; luego continúa paralelo al cauce del Segura desde Calasparra á Cieza, que está sobre triásico, mio- ceno y eoceno. De Cieza sigue el contorno de lo conocido hasta hoy como estepario por cerca de Abarán y Blanca hasta Fortuna, famosa con justicia por sus baños salino-termales y cerca de una rambla salada. Baja después el perímetro estepario de Fortuna á Santomera y á Beniel; luego, de Torreahuera á Sucina se atraviesa una faja estrecha triásica y otra más ancha miocena, y pasamos á una extensa región diluvial de la Estepa litoral murciana, en la que se encuentran San Pedro de Pinatar, San Javier de Pinatar y El Algar, preciosas loca- lidades esteparias diluviales de primer orden. En San Pedro y San - 96 — Javier de Pinatar algunas bellísimas posesiones atendidas mediana- mente, dan testimonio de cuánto se podría obtener en esa parte de la estepa, en la cual las especies arbóreas frutales y de adorno pros- peran admirablemente y la floricultura da sus más preciados dones casi sin cuidados ni esfuerzo alguno por parte del cultivador. Desde El Algar se pasa á La Unión, y de esta importante locali- dad minera el perímetro de la estepa alcanza á Cartagena, histórica y altamente interesante por la variada y curiosa flora de las cerca- nías, estudiada con tanta detención y escrupulosidad científica por mis amigos cariñosos Pau y Jiménez Munuera, y el colector asiduo Sr. Ibáñez. Se encuentra Cartagena en una manchita de terreno diluvial rodeada de otra mancha miocena y dos triásicas; he aquí por qué en su flora se representan las especies de estas tres modalidades de los suelos esteparios salinos del litoral. Rodeada por el precámbrico hay una zona miocénica en la que se encuentran Mazarrón y su puerto. La carretera que conduce desde Mazarrón á Totana, va parale- lamente al cauce de la Rambla ancha sobre el mioceno, pasa luego sobre sedimentos de formación actual y sigue sobre estos sedimen- tos después de atravesar el Sangonera hasta Totana, la típicamente esteparia localidad de hermosísima y variada flora. Totana, con sus saladares, salobrales ó marismas, sus colinas y llanuras del camino á Alhama y su estación montuosa del santuario de Santa Eulalia, es de una importancia capital para el botánico. Gran parte de las extensas marismas se ha transformado en prados artificiales que rinden pingües beneficios, y también las pal- meras, granados y otros árboles frutales prosperan en aquellos te- rrenos robados al salobral. Á D. Francisco Palao corresponde la iniciativa y realización de tan imperecedera labor patriótica. La vegetación que crece en el territorio colindante á Santa Eula- lia tiene un culto admirador en D. Luis Cayuela. Don Salvador Aledo, insigne patricio y gran agricultor estepario, es el protector y amigo de cuantos idean y hacen algo útil en aquel país, es el favorecedor espléndido y constante de los pobres de la localidad, y es, en fin, un modelo de cariño ilimitado á su Patria — 97 - chica, único modo de coadyuvar al engrandecimiento de la Patria grande. Desde Totana á Lorca la carretera va cerca del borde de una región miocena que circuye á Lorca (1), donde se cierra el vasto pe- rímetro de lo conocido hasta ahora como Estepa murciana litoral, cuyos lazos de unión con la Estepa granadina occidental ya hemos mencionado. Una excursión altamente instructiva es la que se hace desde Murcia á Alcantarilla, Muía, Bullas, Cehegín y Caravaca. En la gran región miocena comprendida entre Alcantarilla y Puebla de Muía se observan formaciones de Passerina hirsuta L., y Ononis viscosa L. var. Brachicarpa Willk., sobre los cerros y lla- nos polvorosos de flora y composición estepario-salinas. Desde Puebla de Muía á Muía y Bullas, la estepa reposa sobre el eoceno inferior. Otra excursión interesante he realizado de Muía á Pliego y de Pliego á Alhama y Totana, pasando por la divina Sierra de Espuña. La parte murciana de la Estepa litoral, que se continúa con la albaceteña litoral, comprende una extensión superficial de más de 4.500 kilómetros cuadrados. Los labradores murcianos, conservadores, como los valencianos y alicantinos, de las tradiciones árabes en muchas costumbres y en el cultivo inteligente de sus campos, en las cuencas de los ríos Se- gura. Guadalentín y Sangonera, han creado maravillosos oasis este- parios, que constituyen lo que se denomina la huerta de Murcia y otras muchas localidades murcianas; pero también he podido ver numerosas extensiones incultas y otras en cuyos pelados cerros ob- servé tristes residuos de su antigua riqueza forestal, existiendo aún ancianos moradores de los pueblos colindantes que los habían visto cubiertos de encinares, pinares, etc., cuando hoy sólo se ofrecen á la vista del botánico como calveros desnudos. La Estepa litoral murciana penetra en la provincia de Albacete, (1) En los montes arcilloso-yesosos de esta porción miocena, llamados La Serrata, Los Yesares y Las Colegialas, se hallan minas de azufre. 7 — 98 — y he aquí el perímetro de esta porción de Estepa litoral, en la cual se hallan los lazos de unión de dicha estepa con la Estepa central: Subiendo de Moratalla hacia Tazona se atraviesa el río de Mora- talla y se llega á Tazona, que se halla sobre el mioceno, y ya en la provincia de Albacete, sigue el contorno estepario por Ferez sobre mioceno, Liétor y Pozo la Higuera en triásico, Tobarra sobre mio- ceno y diluvial y Hoya de Santa Ana, Pinilla y Pozo-Cañada, las tres sobre una gran mancha miocena. En ella se hallan también Horma, Pétrola, cerca de la hermosa laguna salina de su nombre, en la cual se encuentran, entre otras curiosas plantas acuáticas, la Ruppia dre- panensis Tin. (/?. marítima L. var. Drepanensis Tin.) Corral Rubio, La Higuera, Fuente-Álamo, Ontur y Albatana, las dos últimas junto á la cañada de la Ortigosa, que vierte sus aguas en el río Mundo. Desde Albatana, bajando hacia el Sur, según una línea algo para- lela á la izquierda, orilla de la Cañada y á una distancia de cinco á siete kilómetros de dicha margen, sigue el contorno estepario á unos seis ó siete kilómetros del río Mundo, hasta su desagüe en el río Segura, cerca de las famosas minas de azufre llamadas Minas del Mundo ó Minas de Hellín. El río Segura separa ambas Estepas (lito- ral murciana y litoral albaceteña) hasta cerca del Cenajo, donde tam- bién hay minas de azufre como en Tobarra. Desde el Cenajo, las dos estepas siguen unidas en el límite mismo de las provincias de Murcia y Albacete, hasta que toca el mioceno de Tazona con el eoceno de Benizar y Moratalla. Cordobilla, Huertas de Aljube, Mora de Santa Quiteria y Mora de Santiago, son localidades miocenas, del centro de la estepa como Hellín (fig. 23), sobre triásico rodeado por el diluvial, en que se halla Isó. También Agrá y Agramón, triásica localidad la primera, y la se- gunda diluvial, son dignas de visitarse. El río Mundo, cerca de Agra- món, aparece poblado en una cierta extensión por carofitas. Son también notables las formaciones espartarías de Hellín, tan diferentes por las plantas asociadas, de las de Guadalajara, Aran- juez, Extremera, Pinoso, etc. Pozo-Cañada se encuentra entre la Cañada de las Abejas y la Ca- ñada de Oran, y entre esta última cañada y el Campillo de las Do- blas hay una pequeña y estrechísima faja cretácea que separa el - 99 mioceno litoral albaceteño de Fuente Álamo, Corral Rubio, Pétrola y Pozo-Cañada de la inmensa región mioceno-albaceteña de la Es- tepa central, donde se hallan Albacete, La Roda, Villarrobledo, etc. La zona triásica de Liétor se estrecha entre Liétor y Bogarra, lo- calidad notable por sus salinas, y el triásico de Bogarra es un todo continuo con el del Ballestero y Casas de Lázaro, que se mencionó - Afr^^ ■ / ■ M|M||| : gA ^«A> , - _-_- "^flf h iftHflii* mi i . ^^^1 -,&-.,■- -.-■_ ■ _;_ ■*-::■■" <■■ ■ ■ ÜBP^^^ - '• ■■ t " p¡ W33i * Figura 23. De Hellíti á Agramón. como correspondiente á la región triásico-albaceteña de la Estepa central. Vemos, pues, que la faja triásica que atraviesa el río Mundo, entre Liétor y Bogarra, es un lazo de unión entre la Estepa litoral y la Estepa central. Comprende la Estepa albaceteña litoral más de 1.500 kilómetros cuadrados de área. — 100 — La Estepa litoral alicantina. Desde la Punta del Gato, Cabo Roig, Torrevieja, Guardamar, Santa Pola, Alicante, Villajoyosa, Benidorm y Altea, toda esta por- ción de la cesta pertenece por completo á la Estepa litoral alicantina, que casi toda se encuentra sobre sedimentos miocénicos, diluviales y triásicos. En la porción miocena se hallan Elda, Monóvar, con varios cerros salinos; Novelda, Crevillente, Albatera, en terreno estepario fuer- temente salino; Almoradí, Torremendo, Algorta. la gran localidad esteparia de Orihuela, con flora curiosísima cerca de dos manchitas silúricas y Salinas junto á la laguna de su nombre, laguna de agua salada que hoy está en vías de desecación y ha llegado á tener en algunos años durante el invierno cinco kilómetros de longitud y de dos á dos kilómetros y medio de anchura (fig. 24). El Pinoso, cerca del gran cerro de sal que se denomina Cabezo del Pinoso, se encuentra sobre diluvial y mioceno. El cerro de sal tiene en su base una circunferencia de unos 15 kilómetros; el exte- rior del suelo del Cabezo es de yeso; pero en el interior del cerro existen grandes masas de sal, y todo él puede decirse que es un bloque gigantesco de sal recubierto por una capa de yeso. Un abun- dante manantial salino brota en un barranco del Cabezo. Todo el término del Pinoso y el de Salinas, camino del Pinoso á Salinas y Sax, que está sobre la región triásica que rodea á Sali- nas y llega hasta Villena, por su flora y suelo constituyen una nota muy típica de las estepas salinas españolas. También se encuentran sobre el triásico de la Estepa alicantina, Fenestral, Orcheta, Busot y Onil. Villena se asienta sobre triásico, mioceno y eoceno, y Jijona se halla sobre triásico, cretáceo y diluvial. En la gran región diluvial de la Estepa alicantina se encuentran: la Horadada, con vegetación altamente halófila; San Miguel de Sali- nas y Torrevieja, famosa por sus salinas, que son dos grandes lagu- nas. La mayor, la llamada de Torrevieja, por estar junto á esta — 101 — villa, es alargada, tiene seis kilómetros de longitud máxima y 17 ki- lómetros de perímetro; la menor, llamada Laguna de la Mata, por hallarse cerca del pueblo de Torre de la Mata, también tiene una forma ovalada irregular; su longitud máxima mide cuatro kilóme- tros de Este á Oeste, y dos kilómetros su latitud máxima de Norte á Sur. Estas salinas se han llamado también salinas de ( )rihuela, porque en 1321 el infante D. Sancho, hijo del rey sabio D. Alfonso X, hizo Figura 24. Laguna de Salinas. donación de ellas á Orihuela. Esta ciudad obtuvo permiso para transformar la laguna mayor en albufera, y en 1482 se construyó el canal que la unía al Mediterráneo, canal que más tarde se mandó cegar. En 1758 Orihuela cedió á la Corona estas lagunas, y en 1759 tornó á transformarse en albufera, hasta que por fin volvió á con- vertirse en laguna salina propiedad de la Nación. Dolores, Catral, San Felipe Neri, la incomparable Elche, con su palmar maravilloso; Santa Pola, Alicante, Muchamiel, San Vicente 102 — de Raspeig, Santa Faz, Villajoyosa, Benidorm, cerca de la mancha triásica comprendida desde Punta Escaleta á Punta Bombarba; Alfaz del Pi y Altea se hallan también sobre sedimentos diluviales. Alicante, Santa Pola y Torrevieja están próximas á manchitas miocenas. La Estepa litoral alicantina, sólo en lo estudiado hasta e! día, ocupa una extensión superficial de más de 2.800 kilómetros cua- drados. Los agricultores alicantinos, que, como expuse en otro lugar, con- servan, como los valencianos y murcianos, las tradiciones de los árabes, en Alicante, Elche, Orihuela y en otras localidades de la estepa han conservado también las llamadas huertas, hermosos oasis esteparios, y luchan denodadamente con la enorme sequedad de esta región. Aunque han sido talados muchos pinares, quedan algunas exten- siones cubiertas por ellos. En dichos pinares, como en todos los bosques que se conservan en los suelos esteparios, la facies típica de la estepa desaparece, el clima es menos extremado, y hay hume- dad relativa en la atmósfera y el suelo; pero en los claros y sendas de estos bosques de pinos ó encinas y en los linderos que los cir- cundan, la composición de la tierra y la flora halófila nos hacen comprender que nos encontramos en suelos estepario-salinos. También hay formaciones espartarías. Reunidos los datos de las localidades reconocidas como estepa- rias hasta hoy en las diversas regiones de la amplísima Estepa lito- ral, constituye esta estepa una extensión superficial de más de 11.600 kilómetros cuadrados (1). (1) Para formarse una idea aproximada de la posición, distribución y enlace de las Estepas españolas, véase el mapa inserto al final de esta obra. Tanto el mapa como todas las fotografías que la ilustran se han hecho por el autor de este libro. SUELOS ESTEPARIOS Los suelos esteparios salinos. Carencia absoluta de mantillo ó cuando más una cantidad pe- queña de dicho elemento, predominio del calcáreo ó el silíceo, es decir, una composición discordante en cuanto al análisis físico; en el análisis químico generalmente una enorme proporción de cal, y además de las sales calizas otras sódicas, potásicas ó magnésicas, con una presencia constante del cloruro de sodio. Tal es, como diji- mos en otro lugar, la característica de la composición de los suelos esteparios salinos, uniéndose á estas circunstancias escasez de hume- dad en la capa somera de dichos suelos. El suelo de las estepas puede ser sensiblemente plano (llanuras de Violada y Plasencia, llanos de Urgel, del Campo de Criptana, Quero, El Toboso, La Roda, Villacañas, etc.), ó puede estar consti- tuido por una sucesión de cerros más ó menos elevados, cuya flora y tierras constitutivas no dejan lugar á duda de que se trata de mon- tículos esteparios (cerros de Ciempozuelos, Guadix, Benalúa, Belin- chón, Carabaña, etc.). Muchas veces se combinan los cerros y llanuras (caso muy gene- ral), como puede observarse en la Estepa aragonesa de Alcañiz á Calanda, Los Monegros, Chiprana y en Tarancón y Huete (Estepa central) y Gavia la Chica, Ventas de Huelma, de La Mala á Cacín (Estepa oriental granadina), de Vera á Sorbas, y de Vera á Águilas (Estepa litoral). Cuando en los suelos y montículos esteparios dominan la caliza, el yeso ó las arcillas, y las margas de colores blanco ó gris claro, reciben el nombre vulgar de calveros, y si dominan yesos rojos, arci- llas ó margas ferruginosas, amarillentas ó rojizas, entonces cerros y suelos se llaman rubiales. Los calveros y rubiales de las diversas regiones esteparias tienen — 106 -- sus plantas propias, que les imprimen un carácter fenológico defi- nido, habiendo también muchas especies esteparias que son comu- nes á calveros y á rubiales; pero las formas son diversas, según vivan sobre una ú otra suerte de terrenos. Geológicamente las estepas, como hemos visto anteriormente, corresponden en su mayoría á sedimentos terciarios; también hay estepas sobre sedimentos triásicos, depósitos diluviales y sobre manchas cretáceas (Mancha Real y algunas zonas de la estepa de Albacete), aunque esto último es infrecuente. Para que los lectores puedan hacerse cargo de la composición de las tierras esteparias, transcribiré los concienzudos análisis de dichas tierras, hechos por el respetable Director y catedrático de la Escuela Industrial, Dr. D. Ramiro Suárez (1). Advertiré á los que los examinen, que estas tierras, á pesar de su escasez de materias orgánicas, como ya hizo observar un distin- guido sabio extranjero, son fértiles y aun fértilísimas muchas de ellas, y basta que se iluminen las aguas del subsuelo ó se recojan convenientemente las que afloran y llueven sobre el suelo, para que se obtengan increíbles resultados en el cultivo délas tierras- este- parias. Las tierras á que se refieren los análisis han sido recogidas por mí mismo en las localidades que se mencionan. (1) Doctor R. Suárez, Análisis químico de las plantas esteparias de España. - 107 — Tierra de calvero estepario de la Estepa central, región conquense, cerca de Tarancón, donde vive profusamente la ONONIS TRIDENTATA L. VAR. INTERMEDIA Lge. (Chucarro). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,29 0,33 0,45 0,50 1,80 2,00 279,60 290,00 2,24 2,50 10,38 11,60 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. es O) 5. £ o o o) >— u. OJ H Calcáreo. Silíceo. No calcáreo ni silíceo. Orgánico. TOTAL » » 152,8 310,6 » » » » 180,9 107,6 » » » » 4,5 46,0 » » » » 1,4 » » » 75,0 30,0 339,6 464,2 91,2 ' Arena gruesa 1 Arena fina.. Humus 463,4 288,5 50,5 1,4 1.000,0 c Arena fina 170,8 346,9 » » 202,3 120,2 » » 5,0 51,4 » » 1,6 » » » 379,7 518,5 101,8 Indicios. p Arcilla Total 517,7 322,5 56,4 1,6 1.000,0 — 108 — Rubial de la Estepa central, cerca de Tarancón (Cuenca), donde vive profusamente la CORONILLA MÍNIMA L var. AUSTRALIS Gren. et Godr. (Corona de rey). ANÁLISIS QUÍMICO.- Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,86 0,89 0,43 0,45 8,73 9,00 216,80 223,50 7,76 8,00 9,50 9,80 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. i o Guijos Calcáreo. Silíceo. N nl SSn pánico. TOTAL » » » » » 43,6 2.2 67,4 14,0 16,0 508,3 386,2 72,4 3 1 i Grava » » 155,2 307,3 232,0 86,8 » » » » ) Arena gruesa ] Arena fina ' Arcilla Humus » » Total «-», i 387,2 394,1 111,0 2,2 1 .000,0 - [ Arena gruesa Arena fina 160.0 316,7 239.1 89,5 » » » » 45,0 69 5 2,3 524,0 398,1 74,7 £ Arcilla » » » » O Humus 3,2 Total 399,1 406,2 114,5 2 3 1.000,0 _,_ 109 — Tierra de la Estepa central, región conquense, cerca de Ca- rrascosa del Campo, donde viven profusamente la RESEDA SÜFFRUTICOSA, Loeffl. (R. GIGANTEA Pourr.) (Reseda mayor), y la ATRIPLEX RÓSEA L. (Hierba cenicera). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhidrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,34 0,43 0,52 0,65 7,97 9,96 142,88 178,60 3,81 4,76 8,00 10,00 ANÁLISIS FÍSICO. Composición en 1.000 partes. reí GllijOS |l Grava | ) Arena gruesa 64,4 j?) Arena fina 190,7 gr Arcilla h[ Humus Calcáreo. Total 255,1 « ( Arena gruesa 80,5 * ) Arena fina 238,4 3 Arcilla p Humus Total. 318,9 S-ceo. N n ° is C ff c S Orgánico. 61,8 101,8 77,2 127,3 204,5 39,1 193,5 163,6 178,6 48,9 174,3 223,2 4,1 4,1 5,2 5,2 TOTAL 71,2 128,8 169,4 432,0 196,7 1,9 1.000,0 211,8 540,0 245,9 2,3 1.000,0 110 Rubial de la Estepa central, cerca de Huete (Cuenca), donde existe una formación del ONOBRYCHIS SAXATILIS L. (Esparceta mocha). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,89 1,00 0,58 0,65 1,86 1,97 200,00 223,70 5,36 6,00 13,59 15,20 ANÁLISIS FÍSICO.- Composición en 1.000 partes. «/ Guijos |1 Grava Íi Arena gruesa. . Arena fina Arcilla Humus ; Total. Arena gruesa. Arena fina Arcilla Humus Total. Calcáreo. 107,7 249,4 120,5 279,0 Silíceo. 173,7 119,2 357,1 192,9 194,3 133,5 399,5 327,8 No calcáreo ni silíceo, i 15,4 63,2 78,6 17,3 70,8 88,1 Orgánico. 3,2 3,2 3,6 3,6 TOTAL 73,7 32,5 300,0 431,8 161,6 0,4 1.000,1 335,7 483,3 180,5 0,5 1.000,0 111 Tierra esteparia de Torrejoncillo del Rey (Cuenca), en la Estepa central, donde abunda la CONR1NGIA ORIENTALIS Andr. (Collejón). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,09 0,12 0,025 0,032 1,31 1,64 175,80 221,20 6,40 8,00 1,35 1,70 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. i o Guijos Calcáreo. Silíceo. No calcáreo ni silíceo. Orgánico. TOTAL » » 134,3 179,6 » » » » 317,6 18,4 » » » » 16,6 111,5 » » » » 13,5 » » » 94,5 1 10 5 Grava i Arena fina 482,0 309,5 2,5 1,0 Humus Total 313,9 336,0 128,1 13,5 1.000,0 re n Arena gruesa Arena fina 168,9 226,1 » 399,5 23,2 » » 20,9 140,0 » » 17,0 » » » 606,3 389 3 - r Arcilla 3,2 1,2 i> Humus Total 395,0 422,7 160,9 17,0 1.000,0 112 Tierra de la Estepa central, región toledana, cerca de la laguna de la Peñahueca, en el término de Villacañas. ANÁLISIS QUÍMICO. -Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,20 0,27 0,26 0,36 15,33 21,00 74,90 102,70 18,76 25,70 8,76 12,00 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. «/ Guijos |l Grava §) Arena gruesa Arena fina Arcilla Humus. Total. Arena gruesa. Arena fina — t Arcilla Humus Total. Calcáreo. Silíceo. 102,2 31,6 140,0 43,3 440,5 14,7 133,8 455,2 603,4 20,2 183,3 623,6 No calcáreo ni silíceo. 73,4 42,8 116,2 100,6 58,6 159,2 Orgánico. 7,8 7,8 10,6 10,6 TOTAL 33,0 237,0 623,9 89,1 17,0 Indicios. 1.000,0 854,6 122,1 23,3 Indicios. 1.000,0 113 — Tierra de la Estepa central, región matritense, cerca de Cara- baña, donde vive profusamente el HEDYSARUM HUMILE L. var. MAJOR Lge. (H. FONTANESII Boiss.) (Pipirigallo). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,50 0,83 0,35 0,58 3,15 5,17 97,35 159,60 4,58 7,52 10,24 16,80 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. Guijos Grava g) Arena gruesa. £j Arena fina sf Arcilla R Humus Total. Arena gruesa Arena fina Arcilla Humus Total. Calcáreo. 87,7 95,2 128,9 156,0 Silíceo 167,3 69,8 173,9 237,1 274,4 114,4 284,9 388,8 No calcáreo ni sUíceo 0r ^ico. 34,8 95,3 130,1 7,2 7,2 213,3 11,8 TOTAL 200,0 190,0 288,0 260,3 55,0 6,7 1.000,0 57,1 11,8 472,2 56,2 » 426,6 » , » 90,2 » » 11,0 1.000,0 114 - Tierra de la Estepa central, región matritense, cerca de Aran- juez, donde vive profusamente la ATRIPLEX HALIMUS L. (Orzaga). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 1,16 1,20 0,88 0,91 5,82 6,00 163,83 168,90 0,56 0,58 17,75 18,30 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. «/ Guijos fl Grava §) Arena gruesa. Arena fina. . . Arcilla umus ral'" S Ai h( Hi Total. «í Arena gruesa. 83 ! Arena fina. . . Sj Arcilla £.{ Humus Calcáreo. 136,4 156,1 Total 301,6 304,8 140,7 160,9 Silíceo. 151,1 144,5 292,5 295,6 155,8 149,0 No calcáreo ni silíceo. Orgánico. » » » » 26,1 26,3 3,6 » » » » » 52,4 3,6 26,8 27,1 3,7 » » » » » 53,9 3,7 TOTAL 5,0 25,0 317,2 326,9 318,9 7,0 1.000,0 327,0 337,0 328,8 7,2 1.000,0 — 115 Tierra de la Estepa ibérica ó navarro -aragonesa, cerca de Calanda (Teruel), donde vive profusamente la SALSOLA VERMICULATA L. var. FLAVESCENS Moqu. (S. FLAVES- CENS Cav.) (Sisallo, Caramillo). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,90 1,44 0,31 0,40 1,88 2,38 24,93 31,60 4,50 5,72 22,10 27,80 ANÁLISIS FÍSICO.- Composición en 1.000 partes. Guijos Grava Arena gruesa. Arena fina Arcilla Humus Total. E- Arena gruesa, Arena fina Arcilla Humus Total. Calcáreo. 10,9 33,6 13,8 42,6 Silíceo. 365,4 111,4 44,5 477,8 464,3 141,2 56,4 605,5 No calcáreo ni silíceo. Orgánico. 4,4 38,4 42,8 5,6 48,7 54,3 3,4 3,4 4,3 4,3 TOTAL 95,9 114,9 385,1 183,4 219,0 1,7 .000,0 488,0 232,5 277,3 2,2 1.000,0 — 116 Tierra de la Estepa litoral, región murciana, de Alcanta- rilla á Muía, donde es abundante la ONONIS VISCOSA L. var. BRACHYCARPA Willk. (Melosa Pegajosa). ANÁLISIS QUÍMICO.-Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,12 0,14 0,52 0,62 0,56 0,66 149,00 176,40 1,43 1,70 6,60 7,80 ANÁLISIS FÍSICO. -Composición en 1.000 partes. m ¡ aj Calcáreo. Guijos Grava Arena gruesa 177,4 Arena fina 88,7 Arcilla Humus Total. 266,1 ¿í Arena gruesa. . . K ! Arena fina ¡ Arcilla p( Humus 210,0 105,0 Total Silíceo. 421,7 81.9 503,6 499,1 96,8 315,0 595,9 No calcáreo ni silíceo. Orgánico. 18,5 10,7 29,2 21,9 12,7 34,6 3,0 3,0 3,5 3,5 TOTAL 110.0 45,0 620,6 181,3 43,1 Indicios. 1.000,0 734,5 214,5 51,0 Indicios. 1.000,0 — 117 — Tierra de la Estepa litoral, región alicantina, entre Torrevieja y San Pedro de Pinatar, donde vive con profusión la CRUCIA- NELLA MARÍTIMA L. (Rubia marina). ANÁLISIS QUÍMICO— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,55 0,62 0,36 0,41 0,62 0,71 354,81 403,20 0,49 0,56 3,96 4,50 ANÁLISIS FÍSICO.-Composición en 1.000 partes. «í Guijos 1 Grava §] Arena gruesa £] Arena fina... ¡5/ Arcilla h| Humus Total.. . M Arena gruesa 53 ! Arena fina... |¡ Arcilla f.{ Humus Total.. . Calcáreo. Silíceo » » » 501,6 132,0 » 203,0 17,8 » » » » 633,6 220,8 570,0 150,0 230,6 20,2 » » » » 720,0 250,8 No calcáreo ni silíceo. 9,7 1,0 10,7 11,1 1,1 12,2 Orgánico. 2,6 2.6 3,0 TOTAL 3,0 35,0 85,0 716,9 150,8 9,1 3,2 1.000,0 814,7 171,3 10,3 3,7 1.000,0 118 — Tierra de la Estepa litoral, región de Almería, Vera á Mojácar, donde hay formaciones del ARTHROCNEMON MACROSTA- CHYUM Moric. et Delp. (Salicuerno, Alacranera mayor). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en LOGO partes. Nitrógeno Anhidrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,34 0,40 1,38 1,61 0,53 0,62 26,57 30,90 4,55 5,30 20,55 23,90 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. «[ Guijos |l Grava |] Arena gruesa. £] Arena fina |/ Arcilla h\ Humus Total. . . ™[ Arena gruesa. = 1 Arena fina sj Arcilla p( Humus Total Calcáreo. Silíceo. No calcáreo ni siliceo. Orgánico. » » 38,3 9,0 » » » » 720,0 70,1 » » » » 5,0 5,7 » » » » 5,4 » » » 47,3 790,1 10,7 5,4 44,6 10,5 » » 837,2 81,5 » » 5,7 6,6 » » 6,3 » » » 55,1 918,7 12,3 6,3 TOTAL 30,0 110,0 768,7 84,8 6,5 Indicios. 1.000,0 893,8 98,6 7,6 Indicios. 1.000,0 119 — Calvero estepario, entre Vera y Sorbas, región almeriense de la Estepa litoral, donde abunda extraordinariamente la CARRICHTERA VELL^E D. C. (Cuchareta). ANÁLISIS QUÍMICO— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno. ....... Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,37 0,38 1,30 1,33 4,48 4,56 161,50 164,30 7,84 8,00 50,13 51,00 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. ¿I Guijos |l Grava |] Arena gruesa. ^ \ Arena fina £l Arcilla Pf Humus Total.. . . «í Arena gruesa. = ' Arena fina ti Arcilla p( Humus Total Calcáreo. Silíceo. No calcáreo ni silíceo. Orgánico. » » 38,8 249,6 » » » » 104,9 458,2 » » » » 5,3 19,4 » » » » 2,6 » » » 288,4 563,1 24,7 2,6 39,5 253,8 » » 106,7 466,1 » » 5,4 19,8 » » 2,6 » » » 293,3 572,8 25,2 2,6 total 7,0 10,0 151,6 727,2 104,2 Indicios. 1.000,0 154,2 739,7 106,1 Indicios. 1.000,0 — 120 Cerros esteparios de la Estepa litoral, región de Almería, cerca de Perdigones, donde es abundantísima la ANTHYLLIS CY- TISOIDES L. (Boja blanca, Albaida). ANÁLISIS QUÍMICO.- Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,23 0,55 0,46 1,09 0,46 1,09 20,22 47,60 12,75 30,00 32,30 76,00 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. ¿' Guijos |l Grava | ) Arena gruesa % Arena fina. . . tí Arcilla R Humus Total.. . «[ Arena gruesa 83 j Arena fina.. . 1 1 Arcilla pl Humus Total.. . Calcáreo. 14,0 22.1 33,1 51,9 Silíceo. 215,4 106,0 36,1 321,4 506,5 i 249,5 85,0 756,0 No calcáreo ni silíceo. Orgánico. » » 22,7 24,4 » » » » 6,7 » » » 47,1 6,7 53,5 57,6 » » 15,9 » » » 111,1 15,9 TOTAL 188,3 386,9 258,8 152,5 13,1 0,4 1.000,0 609,0 359,0 31,0 1,0 1.000,0 — 121 Tierra de calvero estepario próximo á Cacín, en la Estepa granadina occidental, en una formación de ONONIS TRIDEN- TATA L. var. LATIFOLIA Lge. (O. CRASSIPOLIA Duf.) (Chucarro, Asnallo, Garbancillo zorrero). ANÁLISIS QUÍMICO. -Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 1,47 1,62 0,79 0,87 1,09 1,20 290,80 319,60 2,90 3,20 9,01 9,90 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. «[ Guijos |l Grava 1 1 Arena gruesa, 2] Arena fina gl Arcilla H Humus Total. Arena gruesa, Arena fina Arcilla Humus Total. Calcáreo. Silíceo. 139.8 379,6 33,1 145,6 153,7 417,0 570,7 519,4 178,7 N i8 S8SS° Orgánico. TOTAL » > 32,7 3,1 32,7 3,1 25,0 65,0 176,0 557,9 176,1 Indicios. 36,3 160,0 » 35,9 3,4 » » » » » » » 196,3 35,9 3,4 1.000,0 193,4 612,9 193,7 Indicios. 1.000,0 — 122 Tierra de la Estepa granadina oriental, entre Guadix y Diez- ma, donde vive profusamente la ATRIPLEX HALIMUS L. (Orzaga). ANÁLISIS QUÍMICO.— Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhídrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina. 0,66 0,67 0,88 0,89 4,06 4,10 3,54 3,58 1,02 1,03 41,00 41,40 ANÁLISIS FÍSICO.- Composición en 1.000 partes. ¿¡ Guijos fl Grava ¡1 Arena gruesa, ^ l Arena fina gf Arcilla R Humus Total «í Arena gruesa. 83 ! Arena fina tj Arcilla ■£,[ Humus , Total.. . . Calcáreo. Silíceo. No calcáreo ni silíceo. Orgánico. » » 0,6 5,7 » » » » 115,8 695,6 » » » » 1,0 28,7 » » » » 1,5 » » » 6,3 811,4 117,0 702 6 » » 29,7 1,5 0,6 5,8 » » 1,0 29,0 » » 1,5 » » 6,4 819,6 30,0 1,5 TOTAL 4,0 6,0 118,9 730,0 138,7 2,4 1.000,0 120,1 737,4 140,1 2,4 1.000,0 123 Tierra de la Estepa bética oriental, entre Aguilar (Córdoba) y la laguna Zoñar. ANÁLISIS QUÍMICO. Substancias contenidas en 1.000 partes. Nitrógeno Anhidrido fosfórico Potasa Cal Magnesia Hierro Tierra completa. Tierra fina, 0,38 0,48 0,54 0,67 1,02 1,27 93,36 116,70 0,78 0,98 13,52 16,90 ANÁLISIS FÍSICO.— Composición en 1.000 partes. *sl Guijos |( Grava g) Arena gruesa. £] Arena fina si Arcilla h\ Humus Total gí Arena gruesa. ™i Arena fina |j Arcilla £.{ Humus Total.... Calcáreo. Silíceo. » » » » 90,4 76,4 357,1 191,6 » » » » 166,8 548,7 446,3 239,3 113,0 95,4 » » » » 208,4 685,6 No calcáreo n ,„ án¡rn ni silíceo. . Orgánico. 0,3 18,8 19,1 0,4 23,6 24,0 3,6 3,6 4,5 4,5 TOTAL 135,0 65,0 451,4 286,8 59,5 2,3 1.000,0 564,2 358,3 74,6 2,9 1.000,0 LOS TROGLODITAS ESTEPARIOS Los trogloditas esteparios. En muchas localidades de las estepas, sobre todo en la central, la granadina occidental y la litoral, se observa que gran número de los habitantes pobres, y aun algo pudientes, moran en cuevas cons- truidas de modos diversos, pudiéndose establecer tres tipos en esta arquitectura. Como los moradores de las épocas prehistóricas, tal vez prosi- guiendo instintivamente costumbres ancestrales, profesan predilec- ción por esta especie de viviendas. La temperatura de estas cuevas, que excusa la calefacción en invierno y son frescas en el verano, y otros mil argumentos más ó menos atendibles, os exponen los trogloditas de las estepas para hacer la apología de sus moradas, explicándonos así el hecho de que cuando se les dio á los trogloditas, gratuitamente, casas confor- tables, en Villacañas después de las inundaciones que sembraron la desolación en aquel término, muchos vendieran las casas y torna- sen á sus cuevas. Unas veces estas cuevas se construyen excavando un cerro por un lado y haciendo en esta excavación una ó varias habitaciones, cuyo suelo tiene igual ó superior nivel al de la llanura colindante. En este tipo de cuevas las hay sólo con puerta de entrada y un agujero en el techo para dar escape á los humos de la cocina, y las hay con puerta y ventanas, abiertas en el cerro, y chimenea que pro- tege y encauza la salida de los humos culinarios (Tarancón, Quero, Vera, etc.). Otro tipo, tal vez el más curioso de esta modalidad arquitectó- nica primitiva, es el que podemos observar en Guadix. En muchos de los cerros cónicos de las proximidades de dicha localidad se ha excavado en la base y se han construido varias 128 \ •*; ,r. ííbt&'-i&egZ *\ Figura 25. — Cueva de Guadix. — 129 — habitaciones, dotándolas de ventanas y puerta espaciosa de entrada (sobre alguna de ellas he visto un escudo nobiliario). Se ha hecho también una rampa lateral que desde la falda del cerro sube suavemente hasta la mitad de él, y allí han instalado una huertecita ó jardín, una cuadra para las caballerías ó un cobertizo para los carros, que suben y quedan desenganchados sobre el piso principal de la morada. Esta habitación troglodítica es de lo más acabado, complejo é interesante, dentro de esta suerte de viviendas. Figura 26. Cueva típica de Villacañas. En Villacañas y algunas otras localidades, las cuevas se han hecho de modo que el piso de ellas está bajo el nivel del terreno colindante; hay que bajar á veces muchos escalones para llegar al suelo de las cuevas, que son espaciosas, pero, como se comprende, propensas á inundarse y, en general, no tienen más ventilación que la puerta de entrada y la chimenea. Á veces la cueva abre su entrada como una sima en medio de la llanura, y no se ha buscado cerro alguno como base de construc- 9 130 — ción. Sólo la chimenea nos indica á lo lejos una habitación humana. Bajando la escalera que nos conduce al piso de esta mansión, nos sorprendemos al ver en el interior de las cuevas de Villacañas el modesto mobiliario que rebosa limpieza y los utensilios metálicos de la cocina bruñidos y brillantes. Los que habitan las cuevas esteparias se distinguen en todas las regiones por un amor grande á sus viviendas y á su país. Nadie con más razón que estos trogloditas puede decir que mora en su tierra natal, puesto que pasan gran parte de su vida en el interior de ella. La lucha pertinaz y cotidiana por la existencia, en un medio en que el clima es tan áspero, el agua escasea y el terreno otorga sus dones tras ímprobo trabajo, hace que los labradores de todas las estepas sean fuertes, sobrios y activos. En muchas regiones, por la distribución desigual de la riqueza, la falta y mezquindad de los jornales ó por el espíritu emprendedor y laborioso del hombre estepario, emigran á lejanas tierras, pero nunca olvidan el terruño en que han nacido, y los hay, como muchos braceros de Mojácar (Almería), que anualmente visitan su querido albergue patrio, y aunque se encuentren en remotos países gastan en viajes una gran porción del dinero que su honradez y actividad incesante saben encontrar en América, en África y hasta en el Con- tinente australiano. Recorriendo las estepas encontraréis en la mayoría de sus habi- tantes cuerpos sufridores de las fatigas, y á pesar de la frecuente incultura, almas nobles, delicadas y soñadoras. Por eso el genio inmortal de Cervantes, cuando personificó la lucha entre el idealismo y realismo en la gran España de su tiempo, dio por cuna á Don Quijote y á Sancho un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quería acordarse acaso porque se acordaba siempre de él; pero el más ilustre de los manchegos no quiso particularizar pueblo alguno de su región querida, dando á entender que en toda la Mancha de Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real ó Albacete podrían haber nacido los héroes de su obra imperecedera. La Mancha comprende la casi totalidad de los suelos esteparios en las cinco provincias mencionadas. LAGUNAS, MANANTIALES, RÍOS, RIACHUELOS Y ARROYOS SALINOS DE LAS ESTEPAS Lagunas, manantiales, ríos y arroyos salinos de las estepas. Casi todas las aguas de las lagunas esteparias contienen, en ma- yor ó menor cantidad, cloruro de sodio. Muchas de ellas se explotaron para obtener la sal común, y aun hoy mismo se siguen utilizando algunas con tal fin (charca del Bru- juelo, laguna de Piedra Hueca, etc.). También hay en las estepas gran cantidad de manantiales que, además del cloruro de sodio, contienen sales potásicas, magnésicas y sódicas; esto les da provechosas virtudes medicinales (Carabaña, Loeches, etc.). Unos se aprovechan, y otros los he visto perderse en las soledades esteparias hasta filtrarse por completo en la tierra, dando lugar á una costra de sales que cubría grandes extensiones de terreno. Hay comarcas en las estepas donde los manantiales y pozos de aguas medianamente potables escasean de tal suerte que los habi- tantes beben aguas antihigiénicas, como acontece señaladamente en Cacín (Granada). Los granadinos llaman á Cacín la tierra de lospan- civerdes, porque de beber aguas nocivas se contraían allí fiebres perniciosas, que daban á la piel del cuerpo de los pacientes un ma- tiz verdoso. Durante los estíos mueren, sobre todo, muchos niños del pueblo, y por esta causa algún año dicha localidad no ha podido dar quintos. Cuando yo visité á Cacín, en riguroso verano, repartí, con gran éxito curativo, muchas cápsulas de sulfato de quinina entre aquel vecindario, compuesto de honradísimos y laboriosos braceros. En muchas regiones de la Mancha no abundan tampoco las aguas — 134 — completamente potables, y es curioso, por la calidad exquisita y la cantidad de su agua, el Pozo Nuevo de Quero, que no está muy dis- tante de la laguna salada de esta villa. En todos los pueblos del con- torno es bien conocido este cantar: ¿Qué quieres que te traiga Si voy á Quero? Una jarrica de agua Del Pozo Nuevo. Con lo cual se ve con cuan poco se satisfacen los deseos de la clase pobre, siempre sobria y sufrida, que mora en nuestras es- tepas. En los Monegros (una región típica de la Estepa ibérica) la ca- rencia de aguas potables en ciertos estíos es tal, que en algunos pueblos se paga el cántaro de agua á más precio que el cántaro de vino. También he visto algún pueblo totalmente abandonado por sus - moradores á consecuencia de la horrible sequía estival. Hay sitios en Andalucía (Estepa bética occidental), en una de las Estepas valisoletanas (Olmedo) y en la Estepa central (Lillo, la- guna Larga y Villacañas), en los cuales en el invierno existen gran- des o pequeñas lagunas (bodones) que se secan completamente en el verano y queda su lecho completamente tapizado por una costra salina, de considerable espesor en algunos casos. Una particularidad curiosa ofrecen algunas lagunas de esta clase existentes cerca de Osuna. La costra delgada blanquecina que cubre los lechos de las lagunas secas, aun antes de que la desecación sea completa, se ve cubierta de millones de pies de la Omphalodes amplexicanlis Lehm. (Omphalodes brassicceformis Boiss.) Estas plantas son conocidas vulgarmente con los nombres de Aleñfiques, Carmelitas y Lenguas de gato. La densidad y abundancia de esta preciosa borrajinácea es tal, que aquellos campos parecen cubiertos de nieve por la blan- cura sin igual de la flor de los Omphalodes, dando con ello al pai- saje estepario una nota fenológica característica. Hay lagunas esteparias que conservan en el verano agua abun- — 135 — dante (Tirez, Taray, etc.), y en las orillas y parte del lecho se secan solamente, y allí es donde se forman depósitos de sales (laguna grande salada de Quero, laguna de Chiprana, Fuente de Piedra, et- cétera). La vegetación halófila rodea las lagunas esteparias á veces en un radio de centenares de metros sobre las tierras colindantes. En las lagunas esteparias vive sumergida, flotando ó en las már- genes, una vegetación por demás interesantísima. Las especies más curiosas de Carofitas, Nayadáceas y otras fa- milias de plantas acuáticas tienen espléndida representación en el seno de dichas lagunas, en la superficie ó en sus orillas. La vegetación halófila, singularmente las salsoláceas y plumba- gináceas, que viven en la proximidad de estas masas de agua salina ó salobre al menos, nos hace creer, contemplándola, que nos encon- tramos á orillas del mar, y su fenología en verano, primavera, otoño é invierno, nos recuerda la de las marismas de nuestras costas. He aquí las lagunas y charcas de las estepas que, entre las mu- chas que he visitado, creo merecen especial, aunque ligerísima men- ción, por el carácter de este libro. Lagunas más importantes de la Estepa ibérica. La más notable de todas las lagunas de las estepas salinas españolas, atendiendo á su extensión, es la de Gallocanta, situada á gran altura sobre el nivel del mar (figs. 6 y 27). Su circunferencia en invierno pasa de 25 kilómetros, y cuando la volví á ver en verano ofre- cía también enorme extensión. Mora en ella la preciosa Ruppia drepa- nensis. Tin. (Ruppia marítima L. var. drcpanensis Tin.), y en las pra- deritas encharcadas que existen entre el pueblo de Gallocanta y la laguna se encuentra la variedad Gallocantce R. Pros., de la Chara fallida A. Br. La famosísima laguna salada de Chiprana (figs. 5 y 28) se asemeja á dos lagunas unidas por un estrecho brazo. Sus aguas están fuerte- mente cargadas de sales; las ondas de la laguna se rizan y levantan, — 136 Figura 27. Vista general de la gran laguna de Gallocanta. Figura 28.— Vista parcial de la laguna de Chiprana. — 137 — y sus crestas salientes se cubren de blanca espuma, pareciendo las olas encrespadas del mar. Sumergidas en tan amargo líquido viven la Ruppia aragonensis Lose. (Ruppia marítima L. var. aragonensis Lose), descubierta allí por el venerable y eminente botánico D. Fran- cisco Lóseos, y el Lamprothamnus aragonensis R. Pros., dado á co- nocer por el que estas líneas escribe. Otras varias lagunas salinas existen en esta estepa, pero de mu- cha menor extensión que las anteriores. Lagunas de la Estepa valisoletana. La laguna de Duero (fig. 7), junto al pueblo de su nombre, pró- ximo á Valladolid, de la que en otro tiempo las aguas se utilizaron para beneficiar la sal, es la de mayor extensión é importancia. En ella vive la Ruppia aragonensis Lose. (Ruppia marítima L. var. aragonensis Lose). Lagunas de la Estepa zamorana. Varias lagunas salitrosas se encuentran entre Villafáfila, Revelli- nos y Tapióles. Dos de mucha mayor extensión superficial que las restantes, se hallan, una junto á Villafáfila, y tiene cuatro kilómetros de longitud máxima en invierno, y más de 900 metros en su anchura mayor, y otra cerca de Tapióles, algo menor, con 3.100 metros de longitud máxima y una anchura de 800 metros. Rodean á dichas lagunas praderas ricas en plantas halófilas, ape- tecidas por los ganados que frecuentan aquellos parajes, que se lla- man el Despoblado de Salinas. Lagunas de la Estepa central. Á pesar de que el sabio Dr. M. Willkomm aseguró errónea- mente, que la Estepa central era pobre en lagunas y que el Mar de Ontígola, situado entre Ontígola y Aranjuez, era la mayor y más im- - 138 - portante laguna de esta estepa, dicha laguna es mucho más pequeña que otras varias que no tuvo ocasión de conocer el ilustre botánico sajón; la Estepa Central es la más rica en lagunas, entre todas las estepas españolas. El Mar de Ontígola tiene en invierno una longitud máxima de 600 metros y una anchura máxima de 200. En los cerros inmediatos que le rodean, la flora de la Estepa central ofrece al visitante en todo tiempo especies curiosas, no menos que en el lecho de la laguna, que se comienza á desecar á mediados de la primavera. Varía mucho la extensión y fenología del Mar de Ontígola, según se le estudie en verano é invierno (figs. 16 y 17). La laguna del Taray, no lejos de Villacañas (fig. 13), tiene forma irregular; pero su longitud máxima puede estimarse en 2.200 metros, y su mayor anchura en 1.700. Es una soberbia laguna, y la cantidad inmensa de distintas espe- cies de aves acuáticas que la pueblan, no menos que la vegetación de su lecho y márgenes, la hacen digno objeto de estudio para el naturalista, el pintor y el buen aficionado á la caza y pesca. La laguna de Tirez, próxima á Villacañas (fig. 14), tiene una longi- tud máxima de unos 2.000 metros, y una anchura máxima de 400 me- tros. Sus aguas son muy saladas; en ellas he cogido la Rnppia are- pa nensis Tin. La laguna Grande, inmediata á Quero, de agua fuertemente sali- na, tiene una longitud máxima de 1.650 metros, y una anchura má- xima de 700 metros. La laguna Larga, de Villacañas, hace una suerte de zigzag, con su lecho, seco casi completamente en verano, y tiene una longitud má- xima de más de 1.500 metros, y unos 425 metros en su mayor an- chura. La laguna de Peña Hueca ó Piedra Hueca, también próxima á Vi- llacañas, se seca por completo en el verano; las aguas son ricas en sales y buscadas dichas sales, que forman en el verano capa de gran espe- sor, para usos diversos. La blancura del lecho es tan deslumbradora, que en pleno estío, y en aquellos parajes, donde el calor abruma, pa- rece que una capa de nieve recubre los suelos esteparios. Su longi- tud mayor es de 1.000 metros; su anchura máxima de 700 metros. — 139 — Todavía cerca de la estación de Villacañas existe una pequeña laguna de unos 300 metros de largo, con una anchura variable entre 100 y 200 metros. Cerca de la Puebla de Don Fadrique hay dos pequeñas lagunas, llamadas del Salobral y de Navarredonda. La gran laguna de Villafranca de los Caballeros está compuesta de las llamadas lagunas Grande y Chica, que se unen por un estre- cho canal de 200 metros de ancho. La longitud máxima de esta hermosa laguna es de 2.800 metros, y su anchura máxima de 600 metros. La laguna de Las Yeguas, situada entre Alcázar de San Juan y Villafranca de los Caballeros, tiene un contorno piriforme; su longi- tud mayor es de 1.500 metros, su anchura máxima es de 600 metros, y la mínima de 140. La laguna de Pajares, que se encuentra al Norte de Alcázar de San Juan, tiene una mayor longitud de 860 metros, y una anchura de 800. Asimismo, cerca de la gran localidad esteparia de Alcázar de San Juan se encuentra la laguna del camino de Villafranca. Su contorno se asemeja al de una raíz napiforme. La longitud máxima del cuerpo de la raíz se aproxima á 1.700 metros, y la anchura máxima á 700 metros; la longitud máxima de las ramificaciones llega á 900 metros; la anchura máxima de las ramificaciones es de 300 metros, y la an- chura mínima de 80. La magnífica laguna del Retamar, cerca de Pedro Muñoz, tiene un lecho de unos 3.000 metros de longitud y 1.000 de anchura. La de Manjavacas, situada en el término de la Mota del Cuervo, pero más próxima á Pedro Muñoz, tiene un perímetro irregular, con 2.000 metros de longitud máxima y 1 .050 metros de anchura máxima. La laguna del Alcabozo, en término y cerca de Pedro Muñoz, tiene 1.200 metros en su mayor longitud, y una anchura máxima de 800 metros. La de Navalafuente mide 1.800 metros en su longitud máxima y 600 en su mayor anchura. La laguna del Salicor, al Nordeste del Campo de Criptana, ofrece una longitud máxima de 1 .100 metros y una anchura máxima de 700. — 140 — Las lagunas situadas cerca de Pedro Muñoz, me dicen llevan de- secadas ya algunos años, así en invierno como en la estación estival, después de la época en que las visité. El nivel del agua de los pozos en aquella comarca ha bajado mucho. Á ambos lados de la carretera que conduce de Villacañas á Lillo, y al lado de esta última localidad, se encuentran unas curiosas lagu- nas, de las cuales en dos (las del Altillo) se beneficia la sal contenida en las aguas, y no en la otra, de mayor extensión y de agua menos salina. La longitud máxima de esta última es de 1.700 metros, y la mayor anchura de 500. Las lagunas del Altillo se secan por completo en el verano, y la laguna mayor casi en su totalidad también. La laguna de Tembleque, de perímetro regular, tiene 1.540 me- tros de longitud máxima y unos 1.100 de anchura mayor. La de Turbeque, de contorno irregular, alcanza más de 2.100 metros de longitud máxima, 1.150 metros de anchura mayor, y 300 de anchura mínima. La laguna de Miguel Esteban tiene 1.400 metros de diámetro máximo y más de 650 metros de anchura máxima. Una región que, como hemos dicho, no había sido hasta ahora señalada como esteparia, y lo es en sumo grado, es la comarca de Ciudad Real, en que se asientan Daimiel y otras localidades pró- ximas. Cerca de Daimiel se encuentran la laguna del Escoplillo, que tiene el perímetro en forma de martillo, con longitud máxima de 1.550 metros y una anchura máxima de 800 metros, y la laguna de Navaseca, cuyo contorno tiene 1.200 metros de máxima longitud y 700 de anchura máxima. La gran laguna de la Albuera, desecada en gran parte durante el verano, y cuyo lecho se encuentra tapizado por una hermosa forma- ción de la Chara áspera Willk, se halla también en la proximidad de la histórica Daimiel. La que se llama comúnmente laguna de las Islas, en Daimiel, está producida por un ensanchamiento, que se origina en la confluencia del Giguelay Guadiana, desembocando también allí varios riachuelos y arroyos. - 141 — Mencionaré ahora unas lagunas de escaso perímetro, algunas de ellas curiosas por las leyendas y tradiciones que las acompañan. Las 15 lagunas de la Ruidera, muy próximas entre sí, y, sin em- bargo, enclavadas unas en la provincia de Ciudad Real y otras en la de Albacete, dan origen al primer Guadiana ó viejo Guadiana, lla- mándose, respectivamente, Laguna de Escudero ó Charca de Escu- dero, Laguna Blanca, Laguna de Tinaja, de San Pedro, Redondilla, Lengua, Salvadora, Santo Morcillo, Batana, Colgada, Laguna del Rey, de Cueva Morenilla, Caladilla y Laguna Cenaguera ó Cena- gosa. Los 14 ojos del segundo Guadiana ó Guadiana nuevo son ma- nantiales, que cada uno origina una charca ó laguna; se hallan en el camino que va de Daimiel á Villarta de San Juan y en el término de Villarrubia de los Ojos. El mayor y más notable de estos ojos (fig. 10) es el de Mari-López ó Mari-Sánchez; tiene de longitud máxima 22 metros, y anchura máxima de 18. También tienen nombre propio el ojo del Canal y el Cercano. En el estío dichas charcas están separadas por terreno fangoso, lleno de carrizales, juncos, espadañas, y en el invierno á veces cons- tituyen entre todas un solo pantano de cinco kilómetros de perímetro. Cerca de Daimiel se encuentra una laguna de aguas salitrosas, poblada por completo de caráceas, que se utiliza para baños medi- cinales, y recibe el nombre de la charca; la flora esteparia que rodea esta laguna es manifiestamente halófila. Para terminar la enumeración somera de las lagunas de la Es- tepa central, citaré el famoso Pozo Airón ó Mar de Cha, que no tiene arriba de 50 metros de perímetro, pero cuya profundidad es verda- deramente enorme, por lo que se reputa como incalculable. Peregrinas son las consejas que se refieren de este pozo, situado cerca de Almarcha (Cuenca), y cuando en toda España se quiere sig- nificar que alguien ha caído en un abismo insondable de desgracias ó ha desaparecido súbitamente alguna persona ó cosa, se dice: «Cayó en el Pozo Airón.» «Lo tragó el Pozo Airón.» 142 — Lagunas de las Estepas de Jaén. Existen muchas pequeñas charcas de aguas salitrosas ó salinas en estas regiones esteparias, pero la mayor y curiosa, porque su sal se beneficia aún actualmente, es, entre todas las que he visto, la charca del Brujuelo (fig. 18), donde vive la Ruppia marítima L. En las dos veces que he visitado esta charca, en cuyas cercanías y lecho es tan digna de estudio la flora halófila, pude apreciar aproximadamente que la longitud máxima de esta laguna es de unos 200 metros, y otros 140 de anchura máxima. Lagunas de las Estepas héticas. Las Estepas héticas contienen lagunas notabilísimas y de gran extensión. Además de los bodones ó lagunas invernales, que se secan á mediados de la primavera, las hay que conservan bastante agua ó alguna parte de ella en plena estación calurosa, por más que en una gran extensión del lecho se evapora siempre el agua á consecuencia de la temperatura extraordinaria de la estación estival. La laguna Zoñar, al Sur de Aguilar, tiene una forma alargada, su longitud máxima es de 1.800 metros, y su anchura mayor de 300 me- tros; en sus orillas se encuentra la Ficaria grandiflora Robert, y la flora del lecho es abundantísima y varia. La laguna Calderona ó de Calderón, al Norte de Osuna, cuyas aguas se secan en el verano en casi todo el lecho, por gran parte del cual no puede, sin embargo, transitarse por la humedad que con- serva el terreno debajo de la capa superior desecada, tiene una for- mación de Tamarix (taray) en una gran extensión de sus márgenes y lecho invernal, y salsoláceas curiosas viven también allí, como acontece en la gran laguna de Ruiz Sánchez. Tiene la laguna Calderona 1.400 metros de longitud máxima y una anchura máxima de 1.200 metros. — 143 — La enorme laguna de Ruiz Sánchez, la mayor de esta región pan- tanoso-salina, del Norte de Osuna, tiene una longitud máxima de 3.400 metros y una anchura máxima de 1.300; es de perímetro algo piriforme. También tienen importancia por el contenido de sales de sus aguas, aunque su tamaño sea mucho menor, las tres siguientes lagu- nillas, que se encuentran situadas al Norte de la histórica Osuna. La laguna Ballestera, de 600 metros de longitud máxima y 400 metros de anchura máxima. La laguna Verde de Sal, cuya longitud mayor es de 800 metros y 300 de anchura máxima. La laguna ó charca de Sal, de perímetro redondeado, cuya lon- gitud mayor es de 400 metros y unos 380 de anchura. Una de las mayores lagunas esteparias de nuestro país, la mayor, después de la de Galiocanta, es la de Fuente de Piedra, junto al pueblo de este nombre en la provincia de Málaga (fig. 19). El perí- metro biscuteliforme de esta laguna es tan extenso, que mide más de 6.100 metros de longitud mayor su lecho, y una anchura máxima de 2.400 metros. Se halla en vías de desecación, y en el verano se evapora gran parte del agua de sus dilatadas orillas, y casi todo el lecho de la laguna se seca y muestra una gruesa capa salina. La flora halófila que crece en el seno y las márgenes de esta her- mosísima laguna, no menos que los pintorescos paisajes que ofrece al visitante, debieran atraer la atención no sólo de los hombres de ciencia y los pintores, sino de todos los turistas cultos de nuestra patria. Lagunas de la Estepa litoral. En la porción albateñena de la estepa es notable la laguna de Pétrola, en cuyas aguas vive la Ruppia marítima L. var. drepanen- sis Tin. (Ruppia drepanensis Tin.). Se reputan como medicinales en aquella comarca los baños en esta laguna. La forma de su perímetro es irregular. Tiene 1.800 metros de longitud máxima en invierno, y una anchura que oscila de 900 á 1.200 metros. El clima, muy frío en — 144 invierno y caluroso en estío, es rigurosamente estepario en esta región. La laguna de Salinas, en la provincia de Alicante (fig. 24), hoy en vías de desecación y muy reducida de perímetro, antiguamente llegaba á tener más de 5.000 metros de longitud máxima y más de 2.500 me- tros de anchura mayor. En ella vive la Ruppia marítima L. var. tri- chodes (R. trichodes Dur.), que existe en la Argelia (1). Las salinas de Torrevieja y La Mata, sobre todo la primera, son también grandes lagunas estepario-litorales, destinadas al beneficio de la sal común. En las Estepas granadinas no existen más que algunas charcas pequeñas de escaso interés al lado de las mencionadas sucinta- mente; lo mismo acontece con las de la Estepa catalana. Ríos, riachuelos y arroyos salinos. Ríos, riachuelos y arroyos salados que reciben este nombre con propiedad se encuentran repartidos pródigamente en todas las este- pas, llamándose salobrales sus lechos y cuencas, que, secos en gran parte ó en su totalidad en gran parte del año, se cubren de abun- dante y peculiar flora halófila. El río salado que pasa cerca de Belinchón (Cuenca) y desem- boca en el Tajo. Los tres riachuelos que con el nombre de Ramblas saladas tienen su desagüe en el río Segura, cerca de Molina, Alcantarilla y Beniel, en la Estepa liioral murciana. Los ríos salados que en las Estepas béticas occidental y orien- tal desembocan en el Genil y en el Guadajoz, respectivamente. Los dos ríos salados de más de 40 kilómetros de curso de la Estepa de Jaén, que desaguan en el Guadalquivir y sus numerosos afluentes. El río salado que es afluente del Valderaduey ó Araduey en la Estepa zamorana, y tiene más de 30 kilómetros de longitud. (1) Esta especie era desconocida como de nuestro país. — 145 — El riachuelo salado que vierte sus aguas en el río Arba, al Norte de Tauste (Zaragoza), mide solamente una longitud de unos 20 kiló- metros. El río salado que desemboca en el Cinca, cerca de Fraga, desli- zase por la Estepa ibérica, recorre después una pequeña parte de la Estepa catalana y vuelve á la región oscense de la Estepa ibérica. Tiene más de 35 kilómetros de longitud y poco menor magnitud; posee el río salado que confluye con el Segre cerca de Lérida. Todos estos ríos y riachuelos salinos servirán como ejemplo de lo muy frecuente y característica que es su presencia en todas las regiones esteparias (1). (1) En algunas localidades se han explotado para la fabricación de abonos las sales de las lagunas esteparias, y los baños en sus aguas, durante el verano se utilizan en los casos de parálisis y afecciones reumáticas y nerviosas. 10 INFLUENCIA DE LA SEQUEDAD DE LOS SUELOS Y LOS CLIMAS ESTEPARIOS SOBRE LAS MORFOLOGÍAS EXTERNA É INTERNA DE LAS PLANTAS GENERALIDADES ACERCA DEL CLIMA ESTEPARIO Influencia de la sequedad de los suelos y climas esteparios en las morfologías externa é interna de las plantas. El revestimiento de pelos de mayor ó menor longitud y robustez y en más ó menos cantidad, da á muchas plantas de las estepas el aspecto de estar recubiertas de vello, borra ó lana; la presencia de espinas y la fragancia de los aromas que despiden con frecuencia, son también características de muchas especies esteparias. Fácilmente se comprenderá que así las plantas se defienden de los bruscos cambios de temperatura con sus cubiertas pilíferas. Las espinas y el fuerte revestimiento cuticular de hojas y tallos impiden la pérdida del agua contenida en los tejidos subyacentes. Las esencias se ha demostrado científicamente que ponen la atmósfera que rodea las plantas en condiciones equivalentes á las que una atmósfera húmeda las podría proporcionar para defenderse de diferencias rápidas entre las temperaturas máximas y mínimas. He estudiado con detenimiento las modificaciones que expe- rimentan algunas plantas trasladándolas de un medio (suelo y aire húmedos) á un medio seco, y viceversa; con esas experiencias se demuestran y comprueban las extrañas y curiosas metamorfosis que sufren en su forma externa y en su estructura las plantas objeto de mi atención. Han sido éstas las siguientes: Securinega buxifolia). Müll. Ononis procurrens Wallr. Xanthium spinosum L. Berberís vulgar is L. Las cuatro, con otras varias más que no enumero, han sido sem- bradas y cultivadas por mí en un medio gradualmente húmedo, y — 150 — comparada su constitución orgánica con la de ejemplares criados en la Estepa central, en suelos de idéntica composición, pero secos y genuinamente esteparios. El medio seco y la atmósfera seca de las estepas produce en las plantas los fenómenos siguientes en cuanto á su morfología ex- terna: Acortamiento de los tallos, pero aumento del grosor de los mismos. Disminución de las dimensiones superficiales, longitud y anchura de las hojas, acrecentándose el grosor de dichas hojas. Aumento del número y rigidez de las espinas existentes en las hojas y tallos. Si sobre las hojas hay pelos, escamas, borra ó lana (formas diferentes de la cubierta pilífera), su número ó la espesura del tomento se acrecientan cuanto en paraje más seco viven las plantas. Si hay glándulas nectaríferas ó secretoras de esencias, se aumenta su volumen y son más densos ó más fragantes sus productos. . La floración y formación de los frutos son más activas, las flores tienen colores más intensos y perfumes más penetrantes. Los frutos son más aromáticos y suculentos. Las raíces se hacen más largas y robustas, para llegar á una región donde el suelo, aun en las estepas más desoladas, siempre tiene alguna cantidad de agua. Cambios que en la morfología interna determinan el suelo y atmósfera esteparios. Disminuyen el diámetro y sinuosidades de las células epidérmi- cas en tallo y hojas. Se hacen más pequeños los espacios intercelulares en el parén- quima de las hojas. Cuando las hojas tienen (como en las cuatro plantas aquí estudiadas) el llamado parénquima en empalizada, éste se forma de mayor longitud celular, lo que hace aumentar el grosor de la hoja. — 151 — La cutícula es mucho más gruesa también. En los tallos se observa un aumento grande de la región leñosa y disminución de las regiones cortical y medular, habiendo mayor precocidad en la lignificación de las paredes celulares y vasculares. Las ramas de tallos ó las hojas que se transforman en espinas y que colocadas en un medio húmedo se atrofian, se hacen más pe- queñas, flexibles, y tienden á desaparecer ó transformarse otra vez en ramas ú hojas normales (Berberís), recobran bien pronto su forma y rigidez al retornar al aire y suelo secos. Los aparatos secretores internos aumentan en magnitud y en ex- quisitez los productos elaborados. El estudio microscópico de las plantas esteparias, debe serla base del análisis químico, imprescindible para el conocimiento de las aplicaciones de dichas plantas como forrajeras; demuestra no sólo la cantidad aproximada é intensidad de los principios nutritivos que se albergan en las plantas, sino su formación y localización, y hace ver la exactitud de las frases de los pastores esteparios cuando ase- guran que hay campos donde el ganado engorda con sólo lamer el suelo, tal es la pequeña altura de los vegetales que allí se crían y su valor como alimento. El clima estepario. Veranos ardientes; inviernos fríos; pues hasta en las regiones templadas (Estepas béticas y granadinas) son crudísimos los invier- nos, comparados con las máximas estivales que se alcanzan allí. Primaveras y otoños desapacibles y con rápidos cambios de temperatura. Al lado de este clima, característico de las mesetas, se une una sequedad atmosférica enorme, siendo pequeña la cantidad de lluvia anual que cae sobre las estepas. Aun en un mismo día se pasa de máximas temperaturas de 32°, 37° y 40° á la sombra, á I o , 2 o y 4 o de temperaturas mínimas (Diez- ma, del Campo de Criptana al Toboso y de Chinchilla á Pétrola). En Julio y primera quincena del mes de Agosto he observado — 152 — temperaturas máximas de 49° á la sombra y aun algunas décimas más en la Estepa bética de Osuna, junto á la laguna de Calderón. Máximas de 48° á 47° á la sombra se anotan de Almena á Sorbas, de Huércal Overa á Águilas, de Sax á Villena y Monóvar, de Totana á Alhama de Murcia, de Gor á Baza, de La Mala á Ventas de Huelma y Cacín, de Muía á Alcantarilla, etc. Temperaturas máximas de 47° á 45° á la sombra se registran con frecuencia en Aguilar, Fuente Piedra, Vera y Cuevas de Vera; de Gua- dix á Gor; Calatayud; de Alcañiz á Calanda; Olmedo, Montarco, Chin- chón, Tielmes, Loeches, Torrejón de Ardoz, Seseña, Carabaña, Be- linchón, Palomares del Campo, Arganda del Rey, Tarancón, Estre- mera, Huete; de Jaén á Mancha Real; Graena y Baños de Graena, Quero, Daimiel, Pueblas de Almuradiel y Don Fadrique, Lillo, Villa- cañas, Hellín, Agramón; del Pinoso á Monóvar; de Muía á Alhama de Murcia, etc., etc. De 45° á 41°, de Orihuela á Torrevieja, Peñafiel; Medina de Río- seco, Alhama de Aragón, Gallocanta, Chiprana, Los Monegros, Lé- rida, Llano de Urgel, Caparroso, Valtierra, Tudela, Zaragoza, Pé- trola, Almendros, Torrejoncillo del Rey, Barajas de Meló, etc., etc. Las temperaturas mínimas de las estepas, observadas mucho menos por mí que las máximas, han sido, de 20 de Diciembre á 15 de Enero, las siguientes: De — 17° á — 7 o , entre Chinchilla y Pétrola; de Criptana al To- boso; Peñafiel, Calanda, Daroca y Calatayud. De — 7 o á — I o , en Laguna de Duero, Lérida, Villafafila, Quero, Villacañas, Ciempozuelos, Tielmes, Quintanar de la Orden, Tarancón, Huete, Palomares del Campo, Almendros, Guadix, Diezma, Fiñana, Aguilar, Fuente Piedra, Hellín, etc., etc. La cantidad de lluvia que cae sobre las estepas es pequeña, si se atiende á la totalidad de agua llovida en todo el año; pero los pocos días que llueve suele hacerlo en cantidad tal, que determina inundaciones, algunas como las de Murcia y Villacañas, de triste recordación. Como la índole de la impedimenta científica que acompaña al excursionista botánico, no menos que el tiempo que para esta clase de observaciones se requiere, me han impedido observar otro plu- — 153 — viómetro que mis espaldas, puedo asegurar que algunos furiosos chaparrones , á mis guías y á mí nos han tenido algunas horas, como decía el gran Cervantes, más mojados que muertos de sed. Y ahora que me ocupo de las lluvias de las estepas, he de refe- rir, para advertencia de los que transitan por ellas, que al terminar la lluvia el sol abrasador seca en pocas horas la superficie de los calveros, y un polvo blanco se desprende de ellos, que cae sobre los barrizales y charcas que el agua produjo en los caminos. La capa exterior de estos barrizales y charcas cenagosas se seca y se cubre del polvo blanquecino; pero debajo de esa costra super- ficial el barro fangoso contiene mucha agua, y en él se atascan y hunden viandantes, carros y caballerías. Dirigíame yo de Tarancón á Almendros, herborizando por aque- llas llanuras y cerros, cuando el carrillo que conducía la impedi- menta se atascó tan violentamente en un bache, que cerca de los cubos de las ruedas llegaba el agua cenagosa. Era mi guía y carretero el bonísimo é inteligente conocedor de muchas cosas del campo, Tiburcio Peña, (a) Peñóte, mayoral de los ganados del ilustre agricultor estepario Conde del Retamoso, y, siguiendo mi consejo, nos desnudamos convenientemente, y el guía y el catedrático de la Universidad Central, metidos en el fangal, ayu- daron á la valiente muía á salir de su atolladero. Después de lim- piarnos en lo posible y vestirnos, continué mi recolección de plan- tas, y dos horas después, al dirigirme á un caserío bajo un formi- dable chaparrón, nos refirieron los labriegos que allí moraban, que en el mismo sitio donde nos encharcamos, dos días antes, el carro que conducía un difunto al cementerio volcó tan aparatosamente, que la caja cayó al suelo, saliendo fuera el cadáver. Me condolí del suceso, y en cuanto la intensidad del chubasco lo permitió, seguí en mis tareas, y ya casi anochecido cogí unas orquídeas esteparias, que me indemnizaron cumplidamente de todas las impertinencias sufridas con anterioridad, recompensables sólo con los goces inefables que producen la contemplación y estudio de la Naturaleza. I LA VEGETACIÓN ESTEPARIA GENERALIDADES Generalidades. En las estepas viven: 1.°, plantas que hasta ahora sólo se han encontrado en ellas; 2.°, plantas esteparias que pueden emigrar á ciertos suelos extraños á las estepas, donde hallen condiciones acci- dentales ó permanentes que por algún concepto se asemejen á las tierras esteparias; 3.°, plantas que invaden los suelos esteparios, aunque vivan ordinariamente fuera de ellos, y que en los medios, at- mósfera y tierra esteparias, buscan aquellas estaciones que conser- van alguna relación con sus habituales modos de ser y existir. No deben considerarse como esteparias más que aquellas espe- cies, variedades ó formas que moran exclusivamente en las estepas ó las que, si en algún caso viven fuera de ellas la mayor parte ó casi totalidad de su área de dispersión la alcanzan en las estepas, y es en los suelos esteparios donde son mucho más abundantes. Pueden las plantas esteparias ser peculiares de una sola estepa, de dos, tres ó más, y finalmente, ser comunes á todas las estepas. Son plantas comunes á todas las regiones de las estepas salinas españolas las siguientes: CAROFITAS Caráceas. Chara faetida A. Braum. Ova hedionda. Asprella pudenta. Broza hedionda. Tratándose de estepas salinas, en las que tanto abundan lagunas, charcas, ma- nantiales, ríos y arroyos salados, salinos ó salobres, claro está que las Caráceas cons- tituyen una nota característica de la ñora esteparia. Están extraordinariamente esparci- das en todas las regiones de las estepas, y algunas especies son propias de estepas determinadas. El Lamprothamnus Aragonensis R. Pros. (Gusanicos del agua. Dedicos del agua) es exclusivo de la Estepa ibérica. — 158 - El Lamprothamnus Toletanus R. Pros. (Copetes de agua. Cotas de agua) es de la Estepa central. La Tolypella Giennensis R. Pros. (Coral de rana) es de la Estepa oriental de Jaén. Existen soberbias formaciones de Carofltas en Daimiel (laguna de La Albuera, la- guna de las Islas, etc.), y aunque menores, muy interesantes entre Villacañas y Quero. EMBRIOFITAS. SIFONOGAMAS. GIMNOSPERMAS Gnetáceas. Ephedra vulgaris C. A. Mey. Uva de mar. Yerba de las coyunturas. Belcho. El estepario género Ephedra, está además representado por la Ephedra altissima Desf., en las Estepas valisoletanas, zamorana, central y litoral; por la Ephedra fragilis Desf, en las Estepas litoral, granadinas y béticas, y por la Ephedra Nebrodensis Ten., en las Estepas ibérica, central y granadina. EMBRIOFITAS. SIFONOGAMAS. ANGIOSPERMAS MONOCOTILEDÓNEAS Potamogetonáceas. Zannichellia macrostemon Gay. Broza basta. Ruppia maritima L. Broza fina. Madejas verdes de laguna. Por las mismas razones indicadas para las Caráceas, abundan en todas las estepas especies del género Ruppia, que ilustres botánicos incluyen todas como variedades de la Ruppia maritima L. La Ruppia Aragonensis Lose, se halla en la Estepa catalana, ibérica, valisoletana, zamorana y central. La Ruppia Drepannensis Tin., en la ibérica, central, litoral y de Jaén. La Ruppia spiralis Dum., central, litoral, béticas y granadinas. La Ruppia trichodes Dur.,en la Estepa litoral alicantina. Cultivo hace mucho tiempo algunas de ellas; por la persistencia de los caracteres, me permito creer que por lo menos son subespecies bien definidas. — 159 Gramináceas. Lygaeum Spartum LoeffI. Albardin. Atochin. Esparto basto. Esparto de calvero. La Macrochloa tenacisissima Kht. (Esparto común. Esparto fino. Atocha), que da lugar á las importantes formaciones espartarías de las estepas salinas y sus contor- nos, falta sólo en las Estepas catalana, zamorana, valisoletanas y parte del Norte de la Estepa ibérica. La producción anual de esparto en España se valúa en más de siete millones de pesetas. Sus formaciones cubren más de 5.800 kilómetros cuadrados del territorio nacional. Stipa parviflora Desf. Hopillo.Jopillo. Stipa capillata Desf. Pelo de vieja. Stipa pennata L. Cerrillo. Bandera. Cola de lobo. Stipa tortilis Desf. Mechón de vieja. Stipa júncea L. Esparto junciero. Echinaria capitata Desf. Desdeñosa. Trigo del diablo. Cabezuela pinchuda. Andropogon hirtum L. Cerrillo. Cerrillejo. Bara. Borrón. Pajameca. Fenals. Eryanthus Ravenae P. Beauv. Carricera. Cañota noble. Rabo de zorra. Cesquera. Cañota real. Imperata cylindrica L. Marciega. Sangonera. Masiega. Carrizo marciego. Cisca. Ciscla. Phragmites conmunis Trin. var. flavescens Boiss. Cañota. Carrizo major. Cañeta. Carrizo. Cañiza mayor. — 160 — Agrostis nebulosa B. et R. Heno gris. Heno de nacimientos. Heno ahumado. Agrostis verticillata Vill. Heno apretado. Espiguilla de heno. Heno basto. Polypogon Monspeliensis Desf. Mijo silvestre. Flecos de lana. Flecos de seda. Rabo de zorra. Rabo de cordero. Lagurus ovatus L. Palillo de conejo. Rabillo de conejo. Jopillo de conejo. Cola de liebre. Avena fatua L. Cugula. Avena loca. Ballueca. Cugula borda. Cula. Avena silvestre. Avena barbata Brot. Avena morisca. Cigüeñita. Avena barbada. Avena erizada. Avena bromoides Gou. Avena silvestre fina. Cogula fina. Cugula fina. Culilla. Avena sterilis L. Egílope. Avena estéril. Avena montesina. Cugula. Cula. Avena loca. Avena caballuna. Koeleria setácea Pers. var. glabra Godr. Rabillo de zorra. Jopillo de raposa. Koeleria cristata Pers. Cañotilla. Mélica minuta L. Mélica que bambolea. Mélica ciliata L. Espiguillas de seda. Varitas de seda. Triguerilla. Sphoenopus Gouani Trin. Poa extendida. Poa de rama extendida. Poa de espigas abiertas. — 161 — Wangenheimia Lima Trin. Lima. Grama de lima. Colita de perro asperillo. Dactylis Hispánica Roth. Jopillos ásperos. Jopillos de monte. Grama en jopillos. Vulpia ciliata Linck. Sedosilla. Grama pelosilla. Pincelitos. Bromus tectorum L. Zaragüelles. Espiguilla colgante. Espiguilla. Bromus rubens L. Rabillo rojo. Plumerillo rojo. Pomponcillo rojo. Serrafalcus macrostachys Parí. Espiguilla de calvero. Hordeum maritimun With. Cebada borde. Cebada silvestre. El Hordeum secalinum Sreb. (Centenillo. Espiguilla), aunque no es común á todas las estepas, vive en la mayoría ó casi totalidad de ellas. El Hordeum murimum L. (Cebada de ratones. Margall. Espigadilla. Espiguilla. Cebada ratera. Cebada bastarda. Cebadilla silvestre) vive en todas las estepas y en toda España. Elymus Caput-Medusae L. Rompesacos. Rompevejigas. Espiga pinchuda. Espiga erizada. >£gilops triuncialis L. Trigo morisco pinchudo. Rompesacos. >£gilops ovata L. Triguera. Trigo silvestre. Trigo montesino. Trigo bastardo pinchudo. Yerba del legañoso. Brachypodium pinnatum P. Beauv. Laston. Rompebarrigas. Brachypodium ramosum Róem. et Schult. Fanal. Fenal. Fenazo. Laston ramoso. 11 — 162 — Lolium temulentum L. Zizaña. Vallico. Vallico falso. Grama triguera. Joyo. Borrachuela. Zizania. Codeta. Vi raga. Nardurus unilateralis Boiss. Espiguilla aleznada. Espiguilla pelosa. Nardurus Lachenalii Godr. var. aristatus Boiss. Espiguillas menudas. Jopillo de espiguitas. Lepturus incuivatus Trin. Balliquillo. Vallico torcido. Vallico encorvado. Viven en muchas de nuestras estepas la Crypsis aculeata Ait., y la Crypsis schaenoi- des Lam. Ciperáceas. Carex vulpina L. Lastan. Marciega menor. Mar ciega falsa. Carex Halleriana Asso. Lastancillo. Carex muricata L. Laslan menor. Lastan fino. Marcieguilla. Murcieguilla. Pasan de 80 las especies de Carex que viven en nuestro país, más de 25 se pueden recolectar en alguna ó varias estepas. Scirpus maritimus L. Bayunco. Bajunco. Juncia de mar. Junco de mar. Cirpo de mar. Viven en la mayoría de las estepas el Scirpus lacustris L. (Cirpo lacustre. Juncia estrecha), el Scirpus Holoschaenus L. (Aldica. Junco de bolitas. Junquera), el Heleocha- ris palustris L. (Bayunquillo), y el Cladium Mariscus R. Br. (¡unco espigado. Man- sega.) Cyperus longus L. Juncia olorosa. Juncia esquinada. Juncia larga. Cyperus olivaris Tasg. Juncia redonda. Juncia castellana. Juncia real. Castañuela Chinceta. — 163 — Cyperus fuscus L. Juncia negra. Más de 12 especies del género Cyperus moran en alguna ó algunas de las estepas. Schoenus nigricans L. Junco negro. Junco negral. Junquillo negral. Juncia bastarda. Juncia morisca. Juncáceas. Juncus maritimus L. Junco marino. Junco de playa. Junco playero. Juncus bufonius L. Junco de sapo. Junco de rana. Resbalabueyes. Tumbabuey. Juncus acutus L. Junquera. Junco silvestre. Junco con borla. Junco redondo. Junco con flueque. Juncus lamprocarpus Ehrh. Junco bobo. Junco bobal. Junco de borlitas finas. Pasan de 10 las especies de Juncus que moran en algunas ó varias estepas. Entre las Colchlcácea» vive en todas las estepas y fuera de ellas la Merendera montana Lge. (Merendera. Quitameriendas. Villorita), y mora en casi todas las este- pas el Colchicum bulbocodiodes Bieb. (Quitameriendas de Primavera. Vara del Rey.) Esmiláceas. Asparagus acutifolius L. Espárrago de gato. Corruda. Brusca. Espárrago silvestre. Espárrago triguero. Espárrago negrillo. Asparagus albus L. Espárrago blanco. Espárrago de peñas. Esparraguera blanca. Espa- rraguera amarguera. — 164 - Liliáceas. Ornithogalum Narbonense L. Ajo de lobo. Ornithogalum umbellatum L. Leche de gallina. Tulipa australis Linck. var. montana Willk. Tulipa silvestre. Tulipán campesino. Burilla. Tulipán montes amarillo. Fritillaria Hispánica Boiss. Meleagria, Meleagride. Aphyllanthes Monspeliensis L. Unquillo. Junquillo. Jonsa. Junquillo falso ó de flor azul. Azulita. Allium Neapolitanum Cyr. (Allium candidissimum Cav.) Ojos de Cristo. Lágrimas de la Magdalena. Allium roseum L. Ajo de bruja. Ajo rosado. Ajo de culebra. Allium palens L. Ajito silvestre. Ajillo montes. Allium sphcerocephallum L. Ajo silvestre. Ajo montesino. Ajo de cigüeña. Ajo perruno. Allium vineale L. Puerrillo silvestre. Ajito de las viñas. Muscari racemosum D. C. Jacinto silvestre. Cebolla de lagarto. Matacandiles azules. Piececiio del Señor. Agüelicos. Uropetalum serotinum Ker. Jacinto leonado. Jacinto bastardo. Asphodelus fistulosus L. Gamonito. Gamoncillo. Cebolla de culebra. Gamboncillo. Cebollada. Gamón de fruto pequeño. — 165 — Asphodelus cerasiferus Gay. Gamonito. Gamón. Gamona. Gambón. Abrotea. Gamón de cerezas. Son Amarilidáceas curiosas, que viven en algunas estepas: El Oporanthus luteus Herb. (Sternbergia lútea Gawl.) Azucena amarilla. Cólchico amarillo. La Sternbergia colchiciflora Wald. et Kit. La Lapiedra Martinezii Lag. Y la Carregnoa humilis Gay. Iridáceas. Gladiolus Illyricus Koch. Gladiolillo. Gladiolo menor. Gladiolus segetum Gwl. Yerba estoque. Gladiolo. Lirio de San Juan. Clavelicos de pastor. Son bellísimas Iridáceas, que moran en varias estepas: El Gladiolus Reuteri Boiss. (Gladiolo.) Gynandriris Sisyrinchium Parí. (Macuca. Patita de burro.) Costia scorpioides Willk. (Lirio azul. Lirio de Jaén.) Iris filifolia Boiss. (Lirio de botón pajizo.) Iris gramínea L. (Lirio silvestre menor.) Iris spuria L. (Lirio cárdeno.) Iris albicans Lge. (Lirio blanco silvestre.) Iris pumila L. (Lirio enano.) Viven en toda España, dentro y fuera de las estepas: El Iris Xiphium L. (Reyllabuey. Boca de sierpe.) Iris foetidisima L. (Lirio hediondo. Espátula fétida.) Y el Iris Pseudo-Acorus L. (Lirio espadañal. Lirio acuático amarillo.) En grandes extensiones de varias estepas se cultiva el azafrán (Crocus sativus L.), que no es planta espontánea de nuestro país. La cosecha anual española vale más de 12 millones de pesetas. Orquidáceas. Ophrys Scolopax Cav. Flor de la abeja. Flor de la araña. Ophrys aranifera Huds. Flor de la araña. Ophrys lútea Cav. Flor amarilla de la abeja. Abejas amarillas. 166 — DICOTILEDÓNEAS Urticáceas. Urtica pilulifera L. Ortiga macho. Ortiga romana. Ortiga pildorera. Viven en varias estepas y fuera de ellas: la Urtica dioica L. (Ortiga mayor), la Ur- tica membranácea Poir. (Ortiga larga), la Parietaria Mauritánica Dur. (Parietaria de hoja ancha), y la curiosa Forskohlea Cossoniana Webb. Moran en todas las estepas y toda España, la Urtica urens L. (Ortiga común. Yer- ba del ciego. Ortiga menor), y la Parietaria officinalis L. (Parietaria. Caracolera. Yerba de San Pedro. Morella. Morella roquera. Albahaquilla loca.) Santaláceas. Thesium divaricatum, Alph. D. C. Lobillo. Tiñuela. Matapún. Lobillo tinoso. Mora en todas las estepas y fuera de ellas; la Osyris alba L. (Guardalobo. Retama loca); en la Estepa litoral la Oxyris lanceolata Hotcht. et Steud.; el Thesium ramosum Heyne, en la Estepa central, y el Thesium humile VahI., en las Estepas catalana, litoral y granadina oriental. Aristoloquiáceas. Aristolochia Pistolochia L. Aristoloquia menor. Serpentaria española. Melonera. En las Estepas litoral, béticas, de Jaén y granadinas, vive la bella Aristolochia Baetica L., y en todas las estepas, y fuera de ellas, también moran la Aristolochia longa L., y la Aristolochia rotunda L. Poligonáceas. Rumex Tingitanus L. Acedera morisca. Polygonum Bellardi All. Sanguinaria. Yerba de mal año. Polígona. Centinodia. El Rumex induratus B. et R. (Acedera borde), vive en la casi totalidad de las es- tepas, y en todas las regiones de nuestro pais, sean ó no esteparias, moran: el Rumex conglomeratus Murr. (Romaza. Labaza. Paradella), el Rumex pulcher L. (Romaza — 167 — silvestre. Romaza violin), el Rumex crispus L. (Romaza rizada. Engordapuercos), el Rumex bucephaloforus L. (Vinagrera. Vinagrera borde), el Rumex acetosella L. (Ace- dera menor. Acederilla. Acitota. Vinagrerilla), y el Rumex acetosa L. (Acedera de hoja de romaza. Acedera de sapo. Agrelles. Vinagrera). En el género Polygonum, bien representado y abundante en las estepas, hay espe- cies que viven en algunas ó en casi todas las estepas, cerno el Polygonum equiseti- forme Sibth. (Yerba de la sangre), Polygonum arenarium Wald. et Kit. (Sanguinaria), Polygonum serrulatum Lag. (Sanguinaria de hoja larga), y Polygonum maritimum L. (Corrigüela de mar). Otras especies viven abundantemente fuera de las estepas y dentro de todas ellas, como el Polygonum aviculare L. (Ciennudos. Sanguinaria. Centinodia. Corrihuela. Correhuela. Pico de gorrión. Lengua de pájaro), Polygonum hydropiper L. (Pimienta de agua. Persicaria picante), Polygonum Persicaria L. (Persicaria manchada. Yerba de Santa María. Herbafelera. Yerba pejiguera); y otras especies que no son tan comu- nes, pero sí abundantes en muchas regiones de España, sean ó no esteparias, como el Polygonum lapathifolium L. (Pata de perdiz), Polygonum amphibium L. (Persicaria) Polygonum Convolvulus L. (Polígono trepador), etc., etc. Salsoláceas. Salsola vermiculata L. var. flavescens Moq. Caramillo. Carambillo. Sisayo. Tarrico. Sosa blanca. Rozaga. Salsola Soda L. Salicor fino. Barrilla. Salicón manchego. Sosa. Soda. Barrilla sevi- llana. Salsola Kali Ten. Yerba del cristal. Almajo de jaboneros. Barrilla borde. Barrilla pin- chuda. Espinardo. Suaeda fruticosa Forsk. Almajo dulce. Sosa fina. Sosa prima. Sargadilla. Yerba vitraria. Chenopodina marítima Moq. Maulla. Salitrera. Cañametes. Sosa blanca. Marroquines. Babosa. Chenopodina spicata Moq. Espejuelo. Sosa azuleja. Sosa de Alicante. Salicornia herbácea L. Alacranera. Polluelo. Pollo. Salicor. Yerba del cristal. Yerba del jabón. Kochia prostrata Schrad. Sisallo. Salicor escobero. — 168 — Kochia prostrata Schrad. var. rubens Lag. Sisallo bermejo. Salicor escobero rojo. Bermeja. Sisallo rojo. Barrella terrera. Camphorosma Monspeliaca L. Alcanforada. Canfora da. Rebollo. Sisallo alcanforado. Atriplex rosea L. Salobre. Salobre cenicero. Hierba cenicero. Atriplex Halimus L. Orzaga. Osagra. Salgada. Hierba del pasmo. Salado blanco. Salobre blanco. Las Salsoláceas esteparias españolas, tan típicas, si no en todas las estepas, en al- guna ó varias, ofrecen á la vista del botánico las siguientes interesantes especies: Salsola vermiculata L. var. villosa Moq. Estepas ibérica, central, litoral y grana- dina oriental. Salsola vermiculata L. var. microphylla Moq. Estepas ibérica, central, litoral y gra- nadina oriental. Salsola papulosa Willk. Estepa litoral. Salsola longifolia Forsk. Estepas litoral y granadina. Salsola genistoides Juss. Estepa litoral. Salsola Kali Ten. var. calvescens L. (Salsola spinosa. Lam.) Estepas ibérica, central, litoral, granadinas y héticas. Microcnemum fastigiatum Ung. Sternb. (Arhrocnemon coraloides Lose, et Pard.) De la Estepa ibérica y la central. Eurotia ceratoides C. A. Mey. De las Estepas ibérica, granadina oriental y litoral. Eurotia ferruginea Boiss. De la Estepa granadina oriental. Obione Ibañezii Jiménez. Estepa litoral. Obione glauca Moq. Estepas ibérica, central, litoral y granadina oriental. Atriplex serrulata Pau. Estepa litoral. Atriplex Piqueres Lag. Estepa litoral. Anabaxis Hispánica Pau. Estepa litoral. Anabaxis articulata Moq. Estepa litoral. Halocnemon strobilaceum Moq. Estepa litoral. Caroxylon tamariscifolium Moq. Estepa litoral. Haloxylon tamariscifolium Pau. (Haloxylon articulatum Bunge). Estepa litoral. Halogeton sativus Moq. Estepas, central, litoral y granadina oriental. Salicornia fructicosa L. Estepas catalana, ibérica, central y litoral. Beta maritima L. Estepas ibérica, central, litoral y héticas. Beta diffusa Coss. Estepa litoral. Beta atriplicifolia Rouy. Estepa litoral. Amarantáceas. Amaranthus albus L. Tamarago. Picapollos. Zamarago. — 169 — Euxolus deflexus Ratm. (Amaranthus deflexus L.) Amaranto rastrero. Polycnemum arvense L. Amarantillo espinoso. Una curiosísima planta propia exclusivamente de España y sus estepas salinas lito- rales es la preciosa Nictagiuácea Boerhaavia plumbaginácea Cav. (Nudosilla.) Á la familia de las Aizoáceas corresponden el Messembryanthemum nodiftorum L. (AlgazuL Gazul. Aiguasul), y el Messembryanthemum cristalinum L. (Escarchada. Yerba de la plata. Yerba del rocío. Escarcha), que viven en varias de nuestras estepas, y sobre todo en la litoral es donde más abundan. El Aizoon Hispánicum L. (Gazul. Gazula. Aguazul. Salado blanco) mora en la ma- yoría de nuestras estepas, pero también es más frecuente en la Estepa litoral. Portulacáceas. Portulaca olerácea L. Verdolaga. Verdolagues. Verdolaga silvestre. Paroniquiáceas. Telephium Imperati L. Maulla rastrera. Estrellada rastrera. Paronychia argéntea Lam. Nevadilla. Sanguinaria menor. Yerba de la sangre. Arrecada. Paronychia nivea D. C. Nevadilla real. Nevadilla real de España. Nevadilla granadina. Yerba de la sangre. Hemiaria fruticosa L. Hemiaria leñosa. Maulla de la orina. MatUa de la piedra. Hemiaria hirsuta L. Yerba de la orina. Yerba turca. Yerba de heridas. Yerba del quebrado. Sueldatripas. Del estepario género Hemiaria viven en alguna ó varías estepas las especies si- guientes: Hemiaria incana Lam., que mora mucho fuera de ellas. Hemiaria cinérea D. C. De casi todas las estepas. — 170 — Hemiaria cinérea D. C. var. fragilis Lge. De las estepas valisoletanas. Hemiaria scabrida Boiss. De las Estepas valisoletana, central y litoral. Hemiaria glabra L., que vive en casi todas las estepas. Hemiaria fruticosa L. var. recurvifolia Willk. Estepa ibérica y litoral. Hemiaria fruticosa L. var. erecta Willk. Estepa catalana y litoral. Hemiaria polygonoides Cav. De casi todas las estepas. Cariofiláceas. Quería hispánica L. Pinchosilla. Buffonia tenuifolia L. Junquillo falso. Velezia rígida L. Clavelito aguzado borde. Clavelillo seco. Alsine montana Fenzl. (Minuartia montana Loeff.) Pamplina falsa espinosa. Alsine campestris Fenzl. (Minuartia campestris Loeffl.) Césped espinoso. Aunque no se encuentren en todas las estepas salinas españolas, son comunes en alguna ó en la mayoría de ellas y abundan extraordinariamente en los suelos estepa- rios, siendo características de su flora, las Cariofiláceas siguientes: Gypsophila Hispánica Willk. (Albada. Herbada. Jabonera.) Gypsophila tomentosa L. (Gypsophila perfoliata L. var. tomentosa Willk.) (Ja- bonera.) Gypsophila tomentosa L. var. Illerdensis Sen. et Pau. Gypsophila Struthium L. (Yerba Jabonera. Jabonera de la Mancha. Jabonera.) Existen también en las estepas, híbridos de estas especies y variedades. Por más que sea poco estepario el género Dianthus, el Dianthus Toletanus B. et R. (Clavel de monte), el Dianthus Valentinus Villk. (Clavellina de pluma, Clavellina ri- zada), el Dianthus Turolensis Pau, el Dianthus Hispanicus Asso var. borealis Willk., el Dianthus Webbi Pau, Dianthus Viciosoi Pau, etc. moran en alguna ó varias Estepas, asi como la Kohlrauschia velutina Reichb. La Kohlrauschia prolifera Kth. vive en todas las Estepas y fuera de ellas. Ranunculáceas. Adonis dentata Del. Adonis amarillo. Renículo. Adonis oestivalis L. Renículo rojo. Pajote. Ojo de perdiz. Gota de sangre. Saltaojos. — 171 — Ceratocephalus falcatus Pers. Falsa centella. Yerba centella. Ranillo. Rosita del campo. Nigella Hispánica L. Ajenuz de España. Arañuela. Neguilla de España. Bonete de clérigo. Nigella divaricata Beaupr. Neguilla. Ajenuz. Arañuela menor. Delphinium peregrinum L. Espuelas del campo. Espuelas de caballero montesinas. Conejitos sil- vestres. Delphinium Staphisagria L. Yerba piojera. Albarrara. Abarraz. Paparrón. Estafisagria. En los cerros elevados de algunas estepas, y aun en las planicies, se hallan, aunque generalmente no sean muy abundantes, las siguientes Berberidáceas: Berberís hispánica B. et R. (Agracejo de España. Arlo. Alguese. Espino cambren.) Berberís vulgaris L. (Bérbero. Agracejo. Arlo. Azotacristo. Agracillo. Vinagrera.) En todas las Estepas, menos en la central, valisoletanas y zamorana, se encuentra la Caparidácea Capparis spinosa L. (Alcaparronera. Tapera. Tápena. Taperer, Al- caparro. Tápana.) En las Estepas catalana y litoral, vive la Capparis spinosa L. var. inermis Savi (Capparis rotundifolia Pourr.) Otra Caparidácea de las Estepas héticas, granadinas y litoral, es la Cleome violá- cea L. (Mostaza loca.) Cruciferas. Myagrum perfoliatum L. Piques grandes. Clypeola Jonthlaspi L. Yerba rodela. Cabeza de mosquito. Cabeza de mosca. Camelina sylvestris Wallr. Sésamo bastardo. Alegría falsa. Miagro falso. Cochlearia glastifolia L. Codearía. Cuchareta. Alyssum campestre L. Yerba de la rabia. — 172 — Alyssum serpyllifolium Desf. Broqueletes blancos. Alyssum montanum L. Broqueletes de pastor. Lobularia marítima Desv. Mastuerzo marítimo. Broqueles de plata. Broqueletes de dama. Ptilotrichum spinosum Boiss. Aliso espinoso. Rascavieja. Asnacho. Aliagueta. Boj a blanca. Capsella procumbens Fr. (Hutchinsia procumbens Desv.) Mastuerzo rastrero. Mastuercillo cenicero. Mastuerzo costero. La Capsella Bursa pastoris Moench., ó Capsella polymorpha Cav. (Bolsa de pas- tor. Jaramago blanco. Pan y quesillo. Sarronets. Surronet de pastor) vive en todas las estepas y es muy abundante fuera de ellas también. Hutchinsia petraea R. Br. Mastuerzo de las peñas. Mastuercillo de piedras. Salsilla de pájaros. Lepidium Draba L. Babol. Papóla. Draba. Mastuerzo oriental. Palitra. Florida. Lepidium latifolium L. Piperisa. Mastuerzo silvestre mayor. Mastuerzo montesino. Lepidio de hoja ancha. Lepidium subulatum L. Yerba de las pecas. Boja. Tomillo falso churro. Thlaspi perfoliatum L. Telaspio menor. Mostacilla brava. Mostacilla salvaje. Iberis pinnata Gou. Carraspique silvestre. Carraspiquillo de perro. Iberis Amara L. Zarapico. Zarapinto. Los Iberis están bien representados en las estepas de España, y aunque no en todas, viven en varias estepas: El Iberis pectinata Boiss. (Carraspique blanco.) Iberis Lagascana D. C. (Carraspi- que.) — 173 — Iberis linifolia L. (Carraspique de hoja fina.) Iberis sub velutina D. C. (Carraspique de hoja de Serpol.) Iberis Raynevalli B. et R. (Carraspique madrileño), y otros Iberis. Biscutella auriculata L. Irbiana. Yerba de los anteojos. Anteojos de Santa Lucía. Biscutella laevigata L. Irbiana perenne. Anteojos de Santa Lucía. Eruca vesicaria Cav. Oruga blanca. A ruga. Eruga. Roqueta. Arugua. Diplotaxis virgata D. C. Mostaza salvaje. Rabanillo falso. Jaramugo. Boja amarilla. Atr apo- nes. Florida. Jebenes. Entre las Cruciferas esteparias españolas ocupan un lugar preeminente las Veleas, aunque sus especies no sean comunes á todas las regiones esteparias. En la Estepa central vive la Vella Pseudo-cytisus L. (Pífano. Chaparro mesto.) En la Estepa ibérica el Boleum asperum Desv. (Asperillo.) En el primer anejo de la Estepa ibérica, mora la Vella glabrescens Coss. var. Ba- dalii Pau. Baja en algunas localidades de las altas sierras á las Estepas granadinas la Vella spi- nosa Boiss. (Piorno de crucecitas.) La Succowia Baleárica Medik. llega á la Estepa litoral (Cartagena). Y la Carrichtera Vella; D. C. (Cuchareta, Pífano anual. Mastuerzo valenciano) vive profusamente en todas las estepas, menos en la Ibérica y sus anejos, la Central y las de Valladolid y Zamora. Mathiola tristis R. Br. Algalia. Alelí campestre. Alelí que huele de noche. Malcomía africana R. Br. Biquerón. Alboquerón. Albercorón. Albiquerón. Sisymbrium Sophia L. Ensensio marino. Yerba de los cirujanos. Yerba de la sabiduría. Sisymbrium Lagascse Amo var. hirsutum Coss. (S. hirsutum Lag.) Erísimo. Erísimo velludo. Yerba vellosa de San Alberto. Sisymbrium polyceratium L. Jaramago de cuernecillos. Sisymbrium crassifolium Cav. Rabanillo de hoja gruesa. Rabanillo. — 174 - Sisymbrium Columrraea Jacq. Rabaniza morisca. Quitarronquera. Conringia orientalis Andrz. Collejón. Yerba dz quemaduras. Col del diablo. Col de asnillo. Moricandia arvensis D. C. Berza boba. Collejón morado. Rapillo de Murcia. Collejón fino. Abundan en toda España, lo mismo en las estepas que fuera de ellas, el Sisymbrium officinale Scop. (Jaramago. Rabanillo. Yerba del predicador. Yerba de San Alberto. Yerba de los cantores), y el Sisymbrium Irio L. (/reo. Matacandiles. Gebana.) El Sisymbrium corniculatum Cav. (Rabanillo cornudo) es de la Estepa central. El Sisymbrium contortum Cav. (Rabanillo de hoja de amargón) es común á casi todas las estepas, como el Sisymbrium erysimoides Desf. (Rabanillo falso) y el Sisym- brium runcinatum Lag. (S. Lagascae Amo var. glabrum Coss.) Yerba de San Alberto. Erísimo. El Sisymbrium Assoanum Lose, et Pard. es de la Estepa ibérica, el Sisymbrium fugax Lag. var. pubescens Coss., de la Estepa litoral. El Sisymbrium laxiflorum Boiss, y el Sisymbrium arundanum Boiss se encuentran en las Estepas granadina oriental y en la Estepa litoral. En todas las estepas y fuera de ellas es comunísima la Erophila vulgaris D. C, y la Erophila prascox D. C. (Yerbecilla temprana) vive en las Estepas central, litoral, héti- cas y granadinas. La Teesdalia Lepidium D. C. se encuentra abundante en la mayoría de las estepas, y en todas ellas, y fuera de las mismas, la Teesdalia nudicaulis R. Br. (Pan y queso.} Papaveráceas. Papaver hybridum L. Amapola mesiiza. Roemeria hybrida D. C. Amapola morada. Roseta morada. Pico de grajo. Ababol morado. Glaucium corniculatum Curt. Mamitha. Memintha. Ababol borde. Adormidera cornuda. Amapola loca. Glaucio. Yerba lagartera. Abundan en todas las estepas y fuera de las mismas. El Papaver Rhaeas L. (Amapola. Gamapola), el Papaver dubium L. (Amapola oblonga), el Papaver Argemone L. (Amapola macho. Maza romana) y el Glaucium luteum Scop. (Dormidera marina. Roseta.) Fumariáceas. Hypecoum grandiflorum Benth. Zadorija. Zahorija. Pico de paj 'arillo. Zapatilla de la Virgen. Pam- plina amarilla. — 175 — Fumaria densiflora D. C. Palomilla romana. Palomilla florida. Zapaticos menudos del Niño Jesús. Fumaria agraria Lag. Conejitos del campo. Zapaticos del Niño Jesús. Fumaria parviflora Lam. Zerribusterre. Zerributerra. Palomita menuda. Fumaria Vaillantii Lois. Palomilla de hoja fina. Platicapnos spicatus Bernh. Palomita espigada. Sangre de Cristo. Góticas de sangre de Cristo. Resedáceas. Astrocarpus Clusii Gay. Sesamoide menor. Gualdilla. Reseda Gayana Boiss. Jopillo de zorro. Rabillo de gato. Gualdilla. Reseda gigantea Pourr. (R. suffruticosa, LoeffI.) Reseda mayor. Sesamoide mayor. Gualdón. Reseda gigante. Hopo de zorra. El estepario género Reseda tiene en la Flora de España y en la de sus estepas her- mosa representación; he aqui especies que moran en alguna ó varias estepas: Reseda macrostachya Lge. (Reseda.) Estepa ibérica. Reseda alba L. (Reseda blanca. Gualdilla.) Estepas catalana, ibérica, centra!, grana- dinas, héticas y de Jaén. Reseda Baetica Gay. (Hopo de zorra.) Estepas litoral y granadina. Reseda leucantha Hegelm. (Resedilla.) Estepa litoral. Reseda lanceolata Lag. (Resedón Gualdón.) Estepas litoral, bética, granadina y de Jaén. Reseda constricta Lge. (Resedón.) Estepas litoral y Jaén. Reseda ramosissima Pourr. (Resedilla ramosa.) De la Estepa central. Reseda Yannezi Cut. (Gualdo mcillo.) Estepa central y litoral. Reseda erecta Lag. Estepas ibérica, central, litoral y granadina occidental. Reseda stricta Pers. var. Funkii Villk. Estepas litoral y granadina oriental. Reseda Aragonensis Loss. Pard. (Reseda silvestre olorosa.) De las Estepas catalana, ibérica y litoral. Reseda virgata B. et R. (Reseda caballar. Reseda cabria.) Vive en casi todas las estepas. Reseda gracilisTen. de la estepa litoral. - 176 — Crasuláceas. Pistorinia Hispánica D. C. Siempreviva bermeja. Punterilla preciosa. Uña de gato encarnada. Crásula roja. Rosáceas. Poterium dityocarpum Spach. Sanguisorba menor. Pimpinela menor. Yerba Ge. Perifolio. Poterio. Poterium Magnolii Spach. Sanguisorba menor. Pimpinela menor de mucha hojuela. Poterio. Viven en todas las estepas y abundan mucho fuera de los suelos esteparios la Agrimonia Eupatoria L. (Agrimonia, Yerba delpodador), la Potentilla reptans L. (Cinco en rama. Pie de Cristo) y el Rubus amoenus Port. (Zarzal. Zarzamora. Zarzago). En casi todas las estepas y fuera de las mismas moran también profusamente el Rubus thyrsoideus Wimm. (Zarzamora) y el Rubus coesius L. (Zarza macho. Zarza de rastrojos). En todas las estepas y fuera de los suelos esteparios se encuentran la Rosa Pouzini Trat. (Escaramujo menor. Rosalillo perruno) y la Rosa canina L. (Escaramujo. Rosal de perro. Garrabero). Entre las ■•©maceas (Rosáceas Pomoideas) moran mucho fuera de las estepas pero en ellas alcanzan área enorme, viviendo en todas, el Cratoegus oxyacantha L. (Espino majuelo. Espino albar. Vizcoba. Majolero) y el Cratoegus monogyna Jacq. (Espino albar de hoja partida. Vizcoba de hoja partida). Son \mi¡¿: 09 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 6,81 Grasa 0.96 Celulosa 6,05 Almidón y azúcar 5 >14 266 i . NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Collejón. Yerba de quemaduras. Col del diablo. Col de as- nillo. Berza campestre. NOMBRE CIENTÍFICO Conringia orientalis Andr. Familia de las Cruciferas. Localidad en que se recolectó: Torrejoncillo del Rey (Cuenca). Apetecida por toda suerte de ganados. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 1 5,62 Materia orgánica 84,38 Proteina bruta 30,87 Grasa bruta ... 6,29 Celulosa bruta 15,94 Principios amiláceos 31,28 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 20,44 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 19,05 Grasa 4,17 Celulosa 6,08 Almidón y azúcar 6,62 NOTA. Llamamos la atención sobre la extraordinaria cantidad de substancias proteicas con- tenidas en esta planta, que prospera en terrenos casi exentos de nitrógeno. Véase el anális¡s de la tierra, pág. 65. 267 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Alboquerón. Arbercorón. Albiquerón. Biquerón, NOMBRE CIENTÍFICO Malcolmia africana R. Br. Familia de las Cruciferas. Localidad donde se recogió: Guadix á Gor (Granada). La buscan con avidez toda clase de ganados. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 26,04 Materia orgánica 73,96 Proteina bruta 15,55 Grasa bruta 5,23 Celulosa bruta 25,96 Principios amiláceos 27,22 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 10,13 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 6,78 Grasa 2,75 Celulosa 2,99 Almidón y azúcar. 7,70 — 268 - NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Chucarro. Garbancillo conejero. Garbancillo zorrero. Es- trepa. Escrepa. Buceite. Amallo. Asnallo. Arramaladro. Carretón garbancero. Carretón labrado. Arnall. Ruach. Soya. Gavó salat. NOMBRE CIENTÍFICO Ononis tridentata L. var. latifolia Lge. (Ononis crassi- folia Duf.). Familia de las Papilionáceas. Localidad en que se recolectó: Cacín (Granada). La comen las ovejas y las cabras. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 20,49 Materia orgánica 79,51 Proteina bruta 9,46 Grasa bruta 4,91 Celulosa bruta 14,25 Principios amiláceos 50,89 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 7,15 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 0,84 Grasa 3,56 Celulosa 9,70 Almidón y azúcar 6,82 — 269 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Melosa. Pegajosa. Melosilla. Mucosa. Bocheta. Herba peguntosa. NOMBRE CIENTÍFICO Ononis viscosa L. var brachicarpa Willk. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que fué recogida: Mula á Bullas (Murcia). Alimento de ovejas y cabras. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 16,91 Materia orgánica 83,09 Proteina bruta 12,93 Grasa bruta 12,21 Celulosa bruta 14,92 Principios amiláceos 43,03 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 9,28 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas, . 3,16 Grasa 4,22 Celulosa 6,43 Almidón y azúcar 4,79 270 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Altramuz azul. Haba loca. Haba loba. Altramuz de lobo. Altramuz silvestre de flor azul. Chaveira. Faba bravia. NOMBRE CIENTÍFICO Lupinus angustifoliu L. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que fué recogida: Ontígola á Ocaña (Toledo). Comestible para toda clase de ganados. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 8,95 Materia orgánica 91 ,05 Proteina bruta 21 ,93 Grasa bruta 4,55 Celulosa bruta 19,13 Principios amiláceos 45,44 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 14,02 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 5,19 Grasa 2,23 Celulosa 8,48 Almidón y azúcar 8,80 271 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Boja blanca. Boja nevadilla. Boja blanquilla. Aubada. Al- baida. Algaida. Argaida. Monte blanco. Mata blanca. Botja blanca. Botja blanca de cucas. NOMBRE CIENTÍFICO Anthyllis cytisoides L. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que se ha recogido: Vera á Perdigones (Almería). La comen los ganados ovino, cabrío, caballar, asnal y mular. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 9,80 Materia orgánica 90,20 Proteina bruta 8,81 Grasa bruta 3,75 Celulosa bruta . 37,65 Principios amiláceos 39,99 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 2,65 Principios anudados contenidos en las substancias proteicas. . 0,86 Grasa 1 ,93 Celulosa 1 1,34 Almidón y azúcar 1,71 272 — NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Pipirigallo. Piperigayo. Zullita silvestre. Sullita silvestre. Cuernos de macho. NOMBRE CIENTÍFICO Hedysarum humile L. var. major Lge. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que se recolectó: Carabaña (Madrid). Apetecida por toda suerte de ganados. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 4,22 Materia orgánica 95,78 Proteina bruta 15,89 Grasa bruta 4,53 Celulosa bruta 28,07 Principios amiláceos 47,29 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 6,16 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 4,83 Grasa 2,10 Celulosa 17,32 Almidón y azúcar 3,90 — 273 — NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Esparcetilla. Arbergilla de muía. Esparceta mocha. Esparcetilla mocha. Esparceta de pastor. NOMBRE CIENTÍFICO Onobrychis saxatilis L. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que se recogió: Huete (Cuenca). La buscan los ganados con afán y la prefieren á muchas de las plan- tas conocidas esencialmente como forrajeras. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 5,88 Materia orgánica — 94,12 Proteina bruta 17,09 Grasa bruta 2,78 Celulosa bruta 30,30 Principios amiláceos 43,95 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 7,70 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 4,77 Grasa 1 ,52 Celulosa 9,15 Almidón y azúcar 8,50 18 274 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Coronilla de rey. Lentejuela. Lentejuela valenciana. Coroneta menuda. Coroneta de fulla menuda. NOMBRE CIENTÍFICO Coronilla mínima L. var. australis Gren. et Godr. Familia de las Papilionáceas. Localidad en que se ha recogido: Tarancón (Cuenca). La comen toda suerte de ganados, especialmente el cabrío y el lanar. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 9,23 Materia orgánica 90,77 Proteina bruta 9,70 Grasa bruta 6,03 Celulosa bruta 30,20 Principios amiláceos. 44,84 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 5,32 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 2,57 Grasa 3,1 1 Celulosa 7,00 Almidón y azúcar. 8,10 — 275 — NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Abrojos. Mormagas. Abrepiés. Espigón. Abriulls. Obra- sulls. Obriulls. Caixals de vella. Punxa-claus. Ull de bou, Candells. NOMBRE CIENTÍFICO Tribulus terrestris L. Familia de las Zigofiláceas. Localidad en que se ha recogido: Illescas (Toledo). Muy apetecida por el ganado lanar. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 10,18 Materia orgánica 89,82 Proteina bruta 9,69 Grasa bruta 4,74 Celulosa bruta 36,00 Principios amiláceos 39,39 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 6,06 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. , 3,17 Grasa 3,71 Celulosa 10,40 Almidón y azúcar 6,49 - 276 — NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Rubia marina. Rubia playera. Rubilla espigada de mar. NOMBRE CIENTÍFICO Crucianella marítima L. Familia de las Rubiáceas. Localidad en que se ha recogido: Cerca de San Pedro de Pinatar (Murcia). La comen toda suerte de ganados con extraordinaria avidez. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 25,71 Materia orgánica 74,29 Proteina bruta 4,12 Grasa bruta 3,96 Celulosa bruta 24,28 Principios amiláceos 41 ,93 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas ... 1,41 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 0,94 Grasa 2,76 Celulosa 9,43 Almidón y azúcar 5,00 — 277 NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Cachurro. Cachurrera. Cadillo. Bardana menor falsa. Falso Lampazo menor. Jantio. Higueruela. Amores. Llaparasa. Llapasa. Llapaser fals. NOMBRE CIENTÍFICO Xanthium strumarium L. Familia de las Ambrosiáceas. Localidad en que se ha recogido: Tarancón (Cuenca). Preparada convenientemente, la comen el ganado caballar, asnal y mular. En el campo la comen el ganado lanar y el cabrío. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 16,45 Materia orgánica 83,55 Proteina bruta 12,23 Grasa bruta 8,60 Celulosa bruta 1 4,34 Principios amiláceos 48,38 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 7,48 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 2,06 Grasa 7,63 Celulosa ... 5,06 Almidón y azúcar 13,00 278 — NOMBRES VULGARES DE LA PLANTA Ensaladeta. Cerraja de salobral. Cerraja salinera. Ensalada de burro. Ensalada de muía. NOMBRE CIENTÍFICO Sonchus crassifolius Pourr. Familia de las Compuestas. Localidad en que se ha recogido: Belinchón (Cuenca). La comen los ganados caballar, asnal y mular y también el lanar y el cabrío. COMPOSICIÓN Cenizas y sílice 25,55 Materia orgánica 74,45 Proteina bruta 9,50 Grasa bruta 7,13 Celulosa bruta 17,78 Principios amiláceos 40,04 SUBSTANCIAS DIGESTIBLES Proteicas 6,59 Principios amidados contenidos en las substancias proteicas. . 2,79 Grasa 5,76 Celulosa 7,81 Almidón y azúcar 8,33 — 279 — Los análisis transcritos bastan para indicar las excelentes dotes que como forrajeras tienen muchas especies esteparias. El sistema de llevar las diversas suertes de ganados á las dehe- sas sin disponer allí extensiones de terreno, en las que no entrando las reses jamás, se perpetúen las especies botánicas y sean centros de conservación y de dispersión de dichas especies, hace que, como el ganado devora las especies que más le gustan, que son las que mejores cualidades nutritivas poseen, no deja á sus vegetales predi- lectos florecer ni fructificar más que en parajes inaccesibles para él. Así se han extinguido casi, varias forrajeras indígenas españolas de primer orden. En algunas pocas localidades (Calanda, Villafáfila, Lérida, Quero, Guadix, Gor, etc.) he visto que los viejos pastores, por propia ini- ciativa, reservaban de las reses algún rodalito (ya de Onobrychis saxatilis All., ya de Saleóla vermiculata L., ya de Malcolmia afri- cana R. Br., ya de Reseda virgata B. et R., etc.), que, fructificando espontáneamente bajo la protección del hombre, permitían á los mencionados pastores recoger las semillas, que á boleo diseminaban ellos mismos en los campos. Son forrajeras todas las Gramináceas de las estepas; algunas, como las Phragmites (Cañotas), necesitan especial preparación para dicha finalidad. Son forrajeras también las Ciperáceas y Juncáceas (Juncias y Jun- cos), sobre todo las plantas jóvenes. Las raíces de algunos Asphodelus son alimento que estima el ganado de cerda. El Aphyllanthes Monspeliencis L. (Unquillo, Jonsa) es una forra- jera de primer orden. Las hojas de las plantas que constituyen las formaciones cultu- rales esteparias del azafrán se destinan á forraje, muy apetecido pol- los ganados. Muchos Orchis y Ophrys (Satiriones y Flores de la abeja y la araña) son bocado selecto para el ganado, y aunque se defienden con su mimetismo especial y amparándose de matas tupidas ó espino- sas, aun así el orquideólogo ve con disgusto que numerosos pies de tan divinas plantas están recomidos hasta el suelo. — 280 — En los pueblos de la Estepa valenciana desde Ayora á Cofrentes, he visto utilizar las cortezas del almez (Celtis australis L.) como fo- rrajeras; cortadas en largos fragmentos laciniformes que se deno- minan correa, después de hervidas en agua, se secan y se dan al ganado, caballar, asnal y mular, siendo visible el gusto con que las comen los equinos y el engorde que experimentan con tan extraño y curioso manjar. Las Urticas (Ortigas) se usan para la alimentación del ganado de cerda, y cocidas las comen las aves de corral. Algunas Lorantáceas (Viscum), que viven sobre las ramas de los pinos en restos de pinares, y pinares enclavados en las estepas, son muy ávidamente codiciadas por el ganado cabrío y lanar, y basta que los pastores golpeen con el cayado en el tronco de un pino para que cabras y ovejas acudan precipitadamente, esperando con ansie- dad que el pastor les corte la parásita (Muérdago) que tanto les gusta. Las Aristoloquias también se encuentran recomidas por el ganado lanar, cabrío y equino. Casi todas las Poligonáceas esteparias son forrajeras, y en alto grado lo son todas las Amarantáceas, y la mayoría de las Salso- láceas. Otro tanto puede asegurarse de las Portulacáceas, Paroniquiá- ceas, Policarpáceas y Cariofiláceas, y, sobre todo, entre estas últimas las preciosas especies de Gypsophila (Jaboneras). Las Cruciferas esteparias son todas forrajeras, como las Papave- ráceas y Resedáseas. viéndose también muchas matas de Capparis (Alcaparros) recomidas incesantemente. Entre las Rosáceas, las especies de Poterium, Sanguisorba y Po- tentila las comen toda suerte de ganados. Las Papilionáceas son en su casi totalidad forrajeras de primer orden; las especies de Onobrychis, Hedysarum, Medicago, Trifo- lium, Astragalus, Anthyllis, Hippocrepis, Coronilla, Lotus, etc., ocu- pan un lugar preferente en la flora forrajera esteparia. De la Genista Scorpius D. C. y el Ulex parviflorus Pourr. comen las flores con deleite los ganados, y, preparadas convenientemente, todas las partes aéreas de dichas plantas. - 281 — Las Geraniáceas, Oxalidáceas y Lináceas esteparias son forra- jeras, y un Oxalis exótico subespontáneo en Almería, que invade muchas formaciones culturales al Oxalis cernua Thumb., se destina á la alimentación de los cerdos. Entre las Zigofiláceas, el Tribulus terrestris L. es forrajera que comen con avidez el ganado lanar y el cabrío, y la Fagonia Cré- tica L. también se ve constantemente recomida por el ganado. Sólo he visto comer al ganado cabrío el Zigophyllum Fabago L. Las Malváceas son alimento que apetecen los ganados, ya total- mente (algunas especies de Malva), ya sólo despuntadas ó desfolia- das (especie de Althaea y Lavatera). Es forrajera la Frankenia pulverulenta L., pero otras especies de este género rara vez las he visto despuntadas. De la Opuntia vulgaris Mili. (Higuera chumba), planta exótica, he visto dar al ganado cabrío las palas (ramas clalodizadas), de las cua- les se quitan las espinas previamente para que las coman los gana- dos lanar, bovino y equino. Gran número de Umbelíferas son forrajeras: Amni, Imperatoria, Anethum, Daucus, Margotia, Turgenia, etc., gustando extraordina- riamente todos los ganados de las especies del género Pimpinella. Entre las Plumbagináceas, las numerosas especies de Statice son todas apetecidas por los ganados; apetecen éstos más las inflores- cencias que las hojas, pero consumen también éstas, á veces en su casi totalidad. Lo mismo ocurre con las especies del género Ar- mería. Las especies de Erythrcea y Chlora se ven recomidas incesante- mente por toda suerte de ganados. Todas las Convolvuláceas y Borragináceas esteparias son forra- jeras. En algunas localidades en que es abundantísimo el Convolvu- lus arvensis L. lo he visto destinar preferentemente á la alimentación del ganado de cerda. Á las numerosas especies de Labiadas, ya por todas, ya por una ú otra suerte de ganados, se las busca como alimento. Se ven recomidos, ó al menos despuntados muchas veces los pies de muchas Escrofulariáceas (Anthirrhinum, Linaria, Odonti- tes, etc., y, sobre todo, el Trixago Apula Stev). — 232 — Las Plantagináceas son forrajeras tan excelentes, que en varias estepas, donde constituyen formaciones algunas especies de Plan- tago, se ven las plantas recomidas hasta el suelo en grandes exten- siones después del paso de los ganados. Todas las Rubiáceas son forrajeras, pero la Crucianella marí- tima L. es devorada con verdadera predilección y ansiedad. Muchas Valerianáceas y Dipsacáceas son también apetecidas por el ganado. Entre las Ambrosiáceas, los Xanthium Strumarium L. y Xanthium macrocarpum D. C. son estimable alimento para el ganado lanar, cabrío y vacuno. El ganado equino lo come mejor, preparado conve- nientemente. El Xanthium spinosum L. también se halla siempre despuntado y recomido á veces por el ganado cabrío y el lanar. La inmensa mayoría de las numerosas especies de la familia de las Compuestas son manjar estimable para los ganados. Sería enojoso enumerar sólo los géneros cuyas especies son forra- jeras. Baste decir que las Compuestas, Salsoláceas, Plumbagináceas, Papilionáceas, Labiadas, Cruciferas y Gramináceas son la base de la alimentación que las estepas ofrecen. Con numerosas especies vegetales de las llanuras y cerros, com- ponen los ganados instintivamente su ración alimenticia, y los pasto- res clasifican á su modo el conjunto de la vegetación esteparia de cada localidad, designándole con los nombres de pastos buenos para el ganado lanar, para el cabrío, para el vacuno ó para el ganado equino. 283 - Las plantas esteparias industriales. En aquellas contadas localidades extranjeras en las cuales exis- ten formaciones de Carofitas, se recogen, se sacan del agua, se amontonan, secan y se las lleva á los campos como abono eficacísi- mo. Entre nosotros, el secarse las lagunas que las contienen, en todo ó gran parte de su lecho, hace que las Carofitas se desequen naturalmente y no haya más que conducirlas á las tierras donde se necesiten. Aun así, este abono en nuestra nación ni se había conocido, ni se había utilizado, pero desde la publicación de mi libro Las Caro- fitas de España, alguno que otro inteligente agricultor lo aplica útil- mente, pues no debe olvidarse que el llamado Paraíso de Constanza casi no se abona con otra materia que con Carofitas. En nuestro país, en el verano, en la denominada Laguna de ias Islas, en Daimiel, puede caminarse mucho tiempo, embarcado en los botes que surcan la laguna, entre Caráceas secas que cubren gran- des extensiones de una enorme sábana de blancura deslumbradora. En el estío también las márgenes y el lecho de la Laguna de la Albuera, están nevados por la capa de Carofitas que los cubre. Aunque abundan las especies y variedades de la Ruppia, sólo en la gran Laguna de Gallocanta parecen revestir los caracteres de una formación. Desecada la Ruppia, puede y debe también utilizarse como abo- no, aunque de inferior calidad al de las Carofitas. Como abono se usan en muchas localidades esteparias las ceni- zas de Cyperus, Schcenus y Juncus (Juncias y Juncos), cuyas forma- ciones se queman con tal fin. Conocida es la utilidad del Esparto (Macrochloa tenacissima Kth.) como planta de aplicaciones industriales; para algunas de ellas se usa también el albardín ó esparto basto (Lygceum Spartum Loeffl.) De las Phragmites (Carrizos, Cañotas), y de la Arundo Donax L. (Caña común) se utilizan los tallos para la confección de vallas, zarzos, camas de los ganados, etc. — 284 — Los azafranares (formaciones culturales del Crocus sativus L ) dan á la industria la materia colorante de los estigmas de las flores, usados también como condimento por el hombre. Las Salsoláceas y Aizoáceas constituían casi exclusivamente las famosas plantas barrilleras, que se quemaban antiguamente para obtener la barrilla (sosa). Era en nuestra patria esta industria tan productiva, que el eminente botánico español D. Mariano de Lagas- ca, en su curioso folleto sobre las plantas barrilleras, asegura que la obtención de la barrilla había producido más millones á España que las más preciadas minas del Nuevo Mundo. Desgraciadamente para nuestro país, los químicos extranjeros encontraron procedimientos más económicos para obtener la barri- lla, y esta industria dejó de existir entre nosotros, pero las cenizas de las plantas barrilleras constituyen un inapreciable abono, y mez- cladas con otros elementos fertilizantes, se utilizan con éxito en alguna localidad. El Aizoon Hispánicum L. y el Messembryanthemum nodiflo- rum L., á los que el vulgo llama Gazules y Algazules, se utilizan -en lejías para el lavado de la ropa en muchas localidades de la Estepa litoral. El Amaranthus albus L. (Picapollos, Tamarago), además de ser excelente forrajera, se aplica corno materia envolvente en los emba- lajes de frutas. La raíz y parte subterránea del tallo de las especies del género Gypsophila (Jaboneras) se usan como palo jabonero indígena en las localidades donde moran. Del Alcaparro ó Tapera (Capparis spinosa L.) se utilizan con- dimentados convenientemente para la alimentación del hombre, los botones ó capullos florales (Alcaparras, Taperetes) y los frutos (Al- caparrones, Taperots). También se comen los frutos de algunos Cratoegus (Majuelas, Majoletas), Rubus (Frambuesas y Moras de zarza) y Rosa (Esca- rambujos, Escaramujos), y se emplean dichas plantas como setos vivos. Muchas Papilionáceas (especies de los géneros Retama, Ulex, Genista, Sparthium, etc.) se aplican, como setos vivos, para la — 285 fabricación de escobones, y como excelente leña para hornos y cocinas. Del rizoma de la Glycyrrhiza glabra L. (Regaliz, Palo dulce, Orozuz) se obtiene el regaliz, producto utilizado en varias indus- trias. Varias especies de Melilotus se plantan junto á los colmenares, pues es bien conocido el afán con que las abejas visitan las flores de esta papilionácea. De las Oxalis (Acederillas, Aleluyas) se obtiene un jugo que sirve para quitar manchas. De la Armaga ó Gamarza (Peganum Harmala L.) se obtiene un principio colorante amarillo. Los Dictamus (Chitanes) encierran en todo el cuerpo de la planta un aroma penetrante, que se utiliza en perfumería. La Securinega buxifolia J. Müll. (Tamujo, Espino escobero) se utiliza para la fabricación de escobones y como seto vivo. El Zumaque de tenerías (Rhus Coriaria L.) se utiliza como cur- tiente. Del Cistus Ladaniferus L. se obtiene el Ládano, y éste y otros Cistus (Jaras) se utilizan como leña en hornos y cocinas. De las semillas de algunas Umbelíferas esteparias se obtienen esencias y óleorresinas concentradas y fuertemente aromáticas, usa- das, ya como condimento en la alimentación humana, ya para aro- matizar bebidas alcohólicas, ya en perfumería. La Velesa (Plumbago Europaea L.) y los Gordolobos (especies del género Verbascum) se utilizan, desgraciadamente, con mucha frecuencia para envenenar !os peces que viven en las aguas de los ríos y arroyos. Esta pesca, fraudulentísima, produce la extinción de las especies, pues no ataca sólo á los ejemplares que puedan, por su tamaño, destinarse al consumo, sino que produce la muerte de los pequeños pececillos que, en años venideros, podrían ser utilizados. De algunas especies de varios géneros de Labiadas (Salvia, La- vándula, Thymus, Rosmarinus, etc.) se obtienen esencias que se destinan á diversos usos industriales. Las sumidades del Galium verum L. se utilizan para cuajar la leche, lo que origina su nombre vulgar. — 286 - De la Rubia tinctorum L. (Rubia, Rébola, Roya, Granza, Enroya), se usa la raíz en la tintorería. La raíz de la Achicoria amarga (Cichorium Intybus L.), planta común en toda España, en las estepas y fuera de ellas, se emplea tostada para mezclarla al café. De la raíz de la Chondrilla júncea L.(Almirón dulce, Husillo Ajon- jero) se extrae una liga que se ha denominado Ajonje. Los nervios de las hojas de los Scolymus (Cardillos) se usan cocidos como verdura en la alimentación humana. Alguna especie de Pulicaria (Yerbas pulgueras) se ha usado como insecticida. Con algunas especies de Centaurea y Microlonchus se constru- yen escobas. Del Silybum Marianum Gaertn (Cardo de María, Cardo lechal) se utilizan los flósculos para cuajar la leche, como los del Onopordon Acanthium L. (Toba, Cardo borriquero). De los cardos yesqueros (especies de Echinops) se obtiene la Yesca de cardo, etc., etc. 287 — Las plantas esteparias medicinales. Un libro voluminoso pudiera escribirse con las aplicaciones que en la Medicina popular tienen las plantas de las estepas. Ni la extensión de la presente obra, ni mi competencia en Botá- nica médica me permiten exponer aquí, más que de un modo so- mero, el valor terapéutico de algunos vegetales esteparios. Citaré aquellas especies de las cuales, mis guías y los pastores, me han hecho mayor encomio de las virtudes curativas. Cerca de Daimiel existe una pequeña laguna, denominada La Charca, cuyo lecho y orillas constituyen una formación de Caro- fitas. Se atribuye á dichas aguas virtudes medicinales contra el reuma, herpetismo, etc. Los frutos de las especies de Ephedra (Yerbas de las coyunturas) son refrescantes y pectorales. El rizoma de la Grama (Cynodon, Dactylon L.) se usa como diurético, aperitivo y lactífugo, como el de la Caña (Arundo Donax L.) y el de las Cañotas ó carrizos (Phragmites) se considera como de- purativo y antisifilítico. El rizoma del Cyperus olivaris Targ. (Juncia redonda) es tónico y estomacal; el del Ruscus aculeatus L. (Brusco), corroborante y diurético. Los bulbos de los Orchis y Ophrys (Satirios y Flores de la abeja y la araña) se utilizan como alimento de propiedades afrodisíacas. Los bulbos de algunos ajos silvestres (especies del género Allium) se usan en cataplasmas vexicantes; los del Ornitogallum umbella- tum L. (Leche de gallina) poseen propiedades purgativas y diuré- ticas. Las hojas de la Zádiva ó Pitazábila (Aloe vulgaris L.) se usan contra la erisipela; las de la Ortiga menor (Urtica urens L.) y la Or- tiga romana (Urtica pilulifera L.) se usan, en fresco, como revulsivo; en infusión, como pectorales y refrescantes. En cocimiento, la raíz de las ortigas dícese que tiene enérgica eficacia para contener los flujos. — 288 — Los Muérdagos (especies del género Viscum) se usan contra la disentería y los accidentes nerviosos. La raíz de la Aristolochia Pistolochia L. (Aristoloquia menor) tiene propiedades sudoríficas y emenagogas. El Polygonum aviculare L. (Sanguinaria, Centinodia) se utiliza contra las hemorragias y diarreas. La Salicornia herbácea L. (Alacranera, Salicor) se emplea para combatir las escrófulas. La Camphorosma Monspeliaca L. (Alcanforada), que muchos creen mortal para el ganado, es sudorífica y expectorante para el hombre. La Escarchada (Messembryanthemum crystalinum L.) se reco- mienda, por su rápida y vigorosa acción, para contener los flujos y vómitos de sangre. La Verdolaga (Portulaca olerácea L.) se hace interesante en la Medicina vulgar por sus virtudes vermífugas, antiescorbúticas y antiescrofulosas. Las Nevadillas, Yerbas de la sangre ó Sanguinarias (especies del género Paronychia) son refrescantes y anticongestivas. Las Hemiarias, Yerbas de la orina (especies del género Hemia- ria) se utilizan en las enfermedades del aparato urinario, y de la Her- niaria hirsuta C. y de la Hemiaria cinérea D. C, dícese que tienen la propiedad de reducir las hernias; por eso el vulgo las otorga, entre otras denominaciones, las de Yerbas del quebrado y Sueldatripas. Pulverizadas las semillas del Delphinium staphisagria L. (Alba- rraz, Yerba piojera), se usan como insecticidas. Los frutos del Agracejo (Berberís vulgaris L.) son refrescantes, y las semillas, astringentes. Del Alcaparro (Capparis spinosa L.), la corteza caulinar y la raíz se utilizan como diuréticas. La Clypeola Jonthlaspi L. (Yerba rodela, Cabeza de mosquito) es antiescorbútica. El Alyssum campestre (Yerba de la rabia) se preconizó contra la hidrofobia, pero la terrible dolencia tiene su antídoto, hasta hoy único, en el suero antirrábico del inmortal Pasteur. Los Mastuerzos (algunas especies de Lepidium) son diuréticos y — 289 — antiescorbúticos, y se usa desde tiempo inmemorial en las enferme- dades de la vejiga y los ríñones, el Mastuerzo de hoja ancha, Mas- tuerzo silvestre mayor ó Piperisa (Lepidium latifolium L.). También tienen virtudes diuréticas las Yerbas de los anteojos (especies del género Biscutella). De la Conringia orientalis Andrz (Collejón) se utilizan las hojas, machacadas ó enteras, para aplicarlas á las partes dolientes en las quemaduras. De los Papaver, Rhoeas L. é hybridum L. (Amapolas) se obtiene un cocimiento pectoral con los pétalos de las flores. Las especies de Glaucium son acres y cáusticas, y las de Fuma- ria (Palomillas) poseen virtudes depurativas y estomacales. Las Resedas se aplican en algunas localidades, aunque no tanto como en otro tiempo, por sus propiedades vulnerarias y sudoríficas. La Yerba ge, Sanguisorba menor ó Pimpinela menor (Poterium dictyocarpum Spach) es tónica, sudorífica y anticongestiva, pero también tiene, en alto grado, propiedades vulnerarias. Se aplica sobre las heridas el brote terminal, machacado gene- ralmente, y se cree tanto en la segura cicatrización, que he oído mu- chas veces entre los pastores de las estepas este aforismo: El que la yerba ge Conoce en el campo, No morirá Ni cojo, ni manco. Gozan de poder purgativo las semillas del Sparthium junceum L. (Retama olorosa) y las hojas y frutos del Espantalobos (Colutea ar- bóneaL.). La infusión de las flores de los Melilotus (Melilotos) se usa para curar las toses pertinaces y para combatir la inflamación de las mu- cosas; la de las flores de algunas esparcetas (Onobrychis) se han reputado como sudoríficas y aperitivas. Las Rudas (especies del género Ruta) tienen virtudes antihel- mínticas, estomacales y sudoríficas. Es común en muchas localidades esteparias el tomar en ayunas una copita de aguardiente de ruda. La corteza de la raíz de los Chitanes (Dictamus hispánicus Webb., y Dictamus albus L.) se emplea como vermífuga y diurética. 19 - 290 — En El Pinoso emplean el Dictamus albus L. como carminativo, esto es, utilizándole en sustitución del anís. El jugo de la Mercurial (Mercurialis annua L.) se usa como pur- gante, y se concedió á esta planta virtudes depurativas y antisifi- líticas. Se reputan con justicia las especies de Euforbia como tóxicas, y las semillas de la Euphorbia Lathyris L. son purgantes, obtenién- dose también de ellas un aceite que posee propiedades revulsivas. El cocimiento de las hojas del Alitierno (Rhamnus Alaternus L.) se considera como depurativo y astringente. Las flores de las malvas y malvaviscos (especies de Malva, Al- thaea y Lavatera) tienen propiedades sudoríficas. Las hojas de las malvas son emolientes. La raíz del Malvavisco (Althaea officinalis L.) posee virtudes emo- lientes y pectorales. Los Pericones ó Hipericones (especies del género Hypericum) se consideran como confortativos, lactígenos y vulnerarios. La corteza y la madera del taray (Tamarix gallica L.) son depu- rativas y refrescantes. Los frutos del anís (Pimpinella anisum L.) son altamente carmi- nativos. La Salicaria (Lythrum Salicaria L.) y otras especies del género Lythrum se utilizan contra la disentería. El Coris Monspeliensis L. (Yerba pincel) se emplea en la cura- ción de úlceras y se le cree antisifilítico. La raíz del Limonio (Statice Limonium L.) es astringente y se usa para contener las hemorragias. Las sumidades floridas de la Hiél de la tierra (Erythrcea Centaurium L.) son tónicas y febrífugas, como las de la Centaura amarilla (Chlora imperfoliata L. fil), usán- dose en muchas localidades las demás especies de Erythrcea y Chlora para análogas aplicaciones. El látex de la Corregüela lechosa (Cynanchum acutum L.) tiene propiedades purgativas. La raíz de la Corregüela menor, Campanilla ó Garrotilla (Con- volvulus arvensis L.) es purgante y antigotosa. Las flores de los Echium, sobre todo las del Echium vulgare L. — 291 — (Viperina, Viborera), se han utilizado como antídoto contra las mordeduras de las víboras y como flores cordiales. Esta última aplicación tienen también las flores de la Buglosa (Anchusa Itálica Retz), que se consideran además como sudoríficas y pectorales, del mismo modo que las de la Borraja (Borrago officinalis L.), espe- cie comunísima en toda España, dentro y fuera de los suelos este- parios. La Viniebla, Lengua de perro (Cynoglossum Cheirifolium L.), goza de virtudes pectorales. De los espliegos ó alhucemas se utilizan las flores, frutos, y en algunas localidades las hojas, como sahumerios. Con las sumidades floridas de los esp/Zégüs (Lavandula vera D. C. y Lavandula Spica D. C), con las del Cantueso (Lavandula Stce- chas D. C), y con las de algunas salvias (Salvia Hispanorum Lag. y Salvia officinalis L.) se prepara un alcohol vulnerario, usado tam- bién en fricciones como confortativo. Las hojas de la Salvia yEthiopis L. (Orobal), las de la Salvia ar- géntea L. (Salvia peluda blanca) y las de la Salvia Sclarea L. (Oro- pesa olorosa), se utilizan, colocadas sobre las heridas, para lograr su cicatrización. Á las hojas de la Salvia officinalis L. (Salvia, Salvia real) y Sal- via Hispanorum Lag. (Salvia de hoja fina), tónicas, aperitivas, corro- borantes, sudoríficas, vulnerarias, estomacales y cordiales, desde la más remota antigüedad se les ha concedido por el vulgo y por los sabios un conjunto tal de virtudes curativas, que seguramente auto- rizan el aforismo interrogatorio de la Escuela de Salerno: ¿Cómo puede morir el hombre en cuyo huerto florece la Salvia? He visto emplear las hojas de estas Salvias de muchísimos modos, ya frescas, ya secas, ya en infusiones y cocimientos, ya ruinándolas como tabaco, á veces mezcladas con el tabaco mismo. Las hojas del Romero (Rosmarinus officinalis L.) se usan como calmantes, tónicas, estomáticas y también vulnerarias, utilizándose para este último fin, ya en infusión alcohólica, ya machacadas sim- plemente. — 292 — Es bien conocido el Hisopo (Hyssopus officinalis L.) por sus pro- piedades emenagogas y antihistéricas. Se reputa como antihemorroidal á la candilero (Phlomis Lych- nites L.). Las sumidades floridas de los marrubios (especies del género Marrubium) se utilizan en los casos de clorosis é histerismo. La Ajuga Iva Schreb. (Yerba clin) se considera por los pastores como febrífuga. Las zamarrillas (Teucrium capitalum L., Teucrium gnaphalodes Vahl. y Teucrium aureum Schreb.) se consideran y estiman en unas localidades como tónicas, en otras como pectorales, y en todas como vulnerarias. Las bayas del Halicábano ó Vejiga de perro (Physalis Alke- kengi L.) son laxantes y diuréticas. La Mandragora officinarum Vis. (Mandragora macho) tiene, como las especies de Withania, propiedades narcóticas, y dio lugar á curiosas leyendas, algunas de las cuales aun hoy se creen con certidumbre incontrovertible en muchas localidades. El Beleño blanco (Hyosciamus albus L.) es narcótico, y el coci- miento de esta planta lo he visto usar varias veces contra el dolor de muelas, arrojando el paciente al exterior los buches del coci- miento, después de alojarles un rato en la boca. Las flores de los Gordolobos (especies del género Verbascum) se reputan como pectorales, y su eficacia se cree por algunos que llega hasta combatir la tuberculosis. La Escrofularia perruna (Scrophularia canina L.) se emplea para combatir la sarna de los perros. Las Orobancas y Orobanques (especies de los géneros Phelipa, Ceratocalyx y Orobanche) se reputan como tónicas. Las inflorescencias de las Globularias ó Siemprenjutas (espe- cies del género Globularia) gozan de propiedades pectorales. Las hojas de la Globularia Alypum L. se consideran como purgantes. El Plantago Cynops L. (Zaragatona mayor) y el Plantago Psyl- lium L. (Zaragatona) tienen en sus semillas principios emolientes y mucilaginosos, utilizándose las de la última especie para obtener la bandolina. — 293 — De algunas Madreselvas (especies del género Lonicera) los frutos se emplean como diuréticos y para combatir las toses rebeldes. El Saúco menor, Biezgo ó Yezgo (Sambucus Ebulus L.) se reputa como de propiedades diuréticas y resolutivas. Las hojas del Durillo barbahijo ó Laurel salvaje (Viburnum Ti- nus L.) son febrífugas. La raíz de la Granza ó Rubia mayor (Rubia tinctorum L.) es aperitiva. La Aspérula Cynanchica L. (Esquinancia ó Yerba iosquera) se utiliza para la curación de las escoriaciones de las mucosas. Como tónica y sudorífica se preconizó la Cardencha ó Cardan- cha silvestre (Dipsacus sylvestris Dod.). Del Cohombrillo amargo ó Pepinillo del diablo (Ecbalium Elathe- rium Rich) los frutos son eméticos y purgantes, y les he visto dar una aplicación curiosa en algunas localidades esteparias: dichos frutos se fríen en aceite común, y este aceite sirve para dar friccio- nes en las partes atacadas por el reuma. En algunas comarcas de la Estepa ibérica (Caspe, Chiprana, Ca- landa, Alcañiz, etc.) comen en tortillas los brotes tiernos de la Bryonia dioica Jacq. (Tuca, Nueza, Brionia), asegurando que son estomacales. La raíz de la Brionia, de sabor sumamente amargo, emética, purgante, resolutiva y rubefaciente, se emplea en la cura- ción de multitud de dolencias, entre ellas el reuma articular. El Xanthium Strumarium L. (Cachurro, Cadillo, Jantío, Falso Lampazo menor) se utilizó en otro tiempo más que ahora para com- batir el escrofulismo y las enfermedades de la piel. El Xanthium spinosum L. (Cadillo, Cadillo espinoso, Cardo sereniz, Amores) tiene propiedades diuréticas, y se utiliza además para combatir los infartos del hígado. La Jasonia glutinosa D. C. (Yerba del hueso, Té de montaña) se usa en infusión como tónico y estomacal, y en algunas localidades se emplea para preparar un alcohol vulnerario. Con la ínula montana L. (Árnica pulguera, Montana, Padre é hijos) se obtiene un alcohol empleado como árnica en las contusio- nes, y es de advertir que se venden como árnica esta ínula y algu- nas otras Compuestas, siendo así que la verdadera árnica es la — 294 — Árnica montana L. (Árnica, Flor de Tabaco, Tabaco de montaña, Estabaco, Talpica), que vive en los altos parajes montañosos del Norte, NO. y NE. de nuestro país. Del Helichrysum Stoechas D. C. (Perpetua silvestre, Flor de San Juan), las flores se reputan como febrífugas y pectorales. Las sumidades de la Arthemisia Absinthium L. (Ajenjo, Alosna, Ensensio) son tónicas, aperitivas, estomacales y emenagogas. Con ellas se prepara la bebida alcohólica tan conocida y un alcohol vul- nerario, del que se dan fricciones como confortativo. Las cabezuelas de la Santolina Chamoecyparissus L. (Santolina, Abrótano hembra, Lombriguera hembra) se usan por sus virtudes antihelmínticas, antiespasmódicas y tónicas; son también vermífugas las flores de la Achillea Ageratum L. (Altarreina, Yerba Julia). La Manzanilla fina, Magarza menor (Cotula áurea L.), tiene pro- piedades tónicas, aperitivas y purgantes. Úsase también su infusión como antioftálmica y antiséptica. No debe confundirse esta Manzanilla con la Manzanilla común, Magarza, Camamilda, Manzanilla loca, Ojo de buey, Camamila, Ama- garza, Camamirla (Matricaria Chamomilla L.), tan frecuente en toda España, en las estepas y fuera de los suelos esteparios, como la Anthe- mis nobilis L. (Manzanilla romana, Camamila romana, Camomila de Aragón, Manzanilla del Moncayo, Camomilla fina). Tanto la Manza- nilla común, como la romana, participan de las virtudes terapéuticas de la Cotula áurea L. La raíz del Cardo santo, Cardo bendito (Cnicus Benedictus L.), goza de propiedades sudoríficas y depurativas, como la de la Escor- zonera, Churrimana ó Salsifí negro (Scorzonera Hispánica L.) Con los escasos ejemplos anteriores bastará á los que lean estas líneas para comprender algo del valor terapéutico de las plantas que viven en las estepas de nuestro país. La Medicina vulgar les otorga muchas aplicaciones curiosísimas, y como asegura un distinguido sabio extranjero, el cultísimo Dr. Saffray, debieran estudiarse nue- vamente, con los recursos de la ciencia actual, las virtudes curativas de muchos vegetales que sin razón han pasado de moda. — 295 — Plantas esteparias de adorno. Las espigas de muchas Gramináceas (Poa, Agrostis, Aira, Serra- falcus, Briza, Eragrostris, Elymus, etc.) se utilizan, tiñéndolas artifi- cialmente con diversos colores y doradas ó plateadas (Serrafalcus, Briza, Elymus), para unirlas á flores artificiales y componer ramos elegantes y vistosos. Se colocan en los jarrones de flores naturales las espigas de Erianthus é Imperata, que pueden ser ornato de parques y jardines. Los henos (Agrostis, Aira) también adornan jarrones y búcaros, ya por sí solos, ya con flores naturales ó artificiales. El Colchicum bulbocodioides Bieb. y los tulipanes silvestres este- parios (Tulipa australis Linck., var. montana Willk., y Tulipa Cel- siana D. C.) son bellas plantas que ostentan graciosas flores, lo mismo que el Junquillo ójonsa (Aphyllanthes Monspeliensis L.). El Allium candidissimum Cav. (Ojos de Cristo, Lágrimas de la Magdalena) no se cultiva comúnmente por los jardineros, pero se venden en las tiendas y puestos de flores sus inflorescencias, ya en estado natural, ya teñidas de azul celeste, utilizando las de los nu- merosísimos ejemplares espontáneos. También debieran ser de adorno el precioso Uropetalum seroti- num Ker. (Jacinto leonado) y la bonita Fritillaria Hispánica Boiss. (Melé agria). Dos preciosas Iridáceas de las estepas, el Gynandriris Sisyrin- chium Parí. (Macuca) y la Costia scorpioides Willk (Lirio azul ó de Jaén), tienen más derecho á ser consideradas como ornato de los jardines, que muchas de las que se cultivan con tal fin. Lo mismo puede decirse de los Gladiolos, espontáneos en las estepas, y de las Amarilidáceas Sternbergia lútea Gmel. (Azucena amarilla, Cólchico amarillo) y la delicada Lapiedra Martinezii Lag. Los Ophrys esteparios (Flores de la araña y de la abeja) son pre- ciosas orquidáceas que, como otras características y peculiares de las estepas, descuellan en la flora de nuestro país. Su cultivo es muy difícil fuera del medio en que viven, pero de- — 296 — bieran hacerse ensayos de este cultivo; yo tengo hechos bastantes, sólo algunos con feliz resultado. Como plantas curiosas, por las modalidades morfológicas y bio- lógicas de sus flores, debieran cultivarse la delicada Aristolochia Pistolochia L. (Serpentaria española, Aristoloquia menor) y la bella Aristolochia Baetica L. (Candiles, Balsamina, Melonera). Debiera propagarse, por su belleza, la variedad rósea de la Sal- sola Kali Ten. La Boerhaavia plumbaginácea Cav. (Nudosilla) es una delicadísima Nictaginácea de la Estepa litoral, de la que un jar- dinero culto y estudioso podría sacar partido. Son bellísimas y de elegante porte las inflorescencias de las es- teparias especies del género Gypsophila (Jaboneras), que ocupar de- bieran también un lugar en jardinería, como otras especies de este género. Los Adonis esteparios son también dignos de que se los cultive por el bonito aspecto de sus hojas y flores. Otro tanto podríamos decir de las Nigella y los Delphinium de las estepas. Las Arañuelas (Nigella Damascena L. y Nigella Hispánica L.) son Ranunculáceas que se cultivan desde remota fecha. De adorno debiera ser la Algalia ó Alelí campestre (Mathiola tristis R. Br.) por sus flores delicadas, que esparcen durante la noche un suave perfume, y todos los Iberis de las estepas (Carraspiques), algunos de los cuales ya se utilizan en jardinería. Sería también conveniente que hicieran su entrada en los jardi- nes el Platycapnos Spicatus Bernh. (Sangre de Cristo, Palomilla es- pigada), el Platycapnos grandiflorus Rouy. y alguna hermosa varie- dad esteparia de la Fumaria Capreolata L. (Góticos, Palomilla pin- tada.) El Capparis spinosa L. (Alcaparro) se cultiva ya como planta de adorno. La Reseda Suffruticosa Loeffl. (Reseda Gigantea Pourr), la Re- seda erecta Lag., Reseda constricta Lge., Reseda lanceolata Lag. y Reseda virgata B. et R., son especies de Resedas españolas y este- parias que, por su porte estético general y lo delicado de la flor, sobre todo en la primera y la última de dichas especies, demandan un lugar entre las plantas que ornan parques y jardines. - 297 — Para constituir bellísimos céspedes, que ofrecerían un conjunto encantador, la Pistorinia Hispánica D. C. (Crásula roja, Siempreviva bermeja) debiera haberse introducido en los jardines desde remota fecha. La he cultivado con éxito en macetas, durante varios años. Algunas especies esteparias de Coronilla é Hippocrepis podrían ser plantas de adorno como también la Zulla silvestre ó Pipirigallo (Hedysarum humilde L., var. major Lge.) y varias especies de Astra- galus, entre ellos el Astrágalo real ó Astrágalo florido (Astragalus Narbonensis Gou.). Se cultiva en los parques la Colutea arborescens L. (Espanta- lobos), pero sería de desear se generalizase y difundiese más aún este cultivo. Las especies esteparias de Dorycnium podrían prestar un servicio como estimables setos. Plantas de adorno son, hace tiempo, el Sparthium junceum L. (Retama olorosa), conocido y estimado per los floricultores, y la Ge- nista Hispánica L. (Abulaga, Argoma); pero sería conveniente lo fuesen también la Genista Scarpius D. C. (Ulaga negra, Aliaga parda) y el Ulex parvifolius Pourr. (Aulaga moruna, Aliaga blanca), no menos que las preciosas Genistas Jimenezii Pau. y Genista umbe- llata Poir., así como también las esteparias variedades del Ononis tridentata L. y otras especies, esteparias también, de dicho género. La Anthyllis cytisoides L. (Albaida, Algaida, Argüida, Monte blanco), típica especie de las Estepas central, litoral, béticas, grana- dinas y de Jaén, debiera cultivarse en los jardines. Por la belleza y profusión de sus flores, no menos que por la predilección con que la come el ganado, el entusiasta general Casanova, geopónico labo- rioso, la denomina Reina de las plantas esteparias. La Fagonia Crética L. (Rosa de la Virgen), de las Estepas litoral y granadina, sería conveniente cultivarla, como el Zigophyllum Fa- bago L. (Morsana), y muy especialmente el precioso Dictamus His- pánicus Webb. (Chitan menor). También sería agradable ver macizos del Haplophyllum Hispa- nicum Spach. (Ruda española de hoja de lino). Lo mismo que el Tamarix Gallica L. y el Tamarix Anglica Webb., 19* — 298 — debieran ornar los parques y paseos el Tamarix Hispánica Boiss., el Tamarix Jimenezii Pau, y el Tamarix Africana Poir. La curiosa Euforbiácea Securinega buxifolia J. Müll. (Tamujo Es- pino escobero) convendría se utilizase como planta de adorno. Algunas especies esteparias de los géneros Lavatera y Althasa merecen justificadamente cultivarse en los jardines. El Halimium atriplicifolium Spach. (Rosa saladilla, Jara blanca) y el Helianthemum squamatum Pers. (Jara de escantillas, Flor del Príncipe) pueden ser dos bonitas plantas para la Floricultura. Algunos Bupleurum podrían incluirse entre las plantas de adorno, como lo está el Bupleurum fruticosum L. (Costilla de buey, Adelfilla), utilizado en la composición de ramos y como ornamental en parques y paseos. La preciosa Primulúcea de las estepas, Coris Monspeliensis L. (Yerba pincel), es una plantita preciosa que los floricultores harían bien en vulgarizar, así como á la bella Anagallis linifolia L. (Muraje de hoja estrecha). La Velesa (Plumbago Europaea L.) merece cultivarse en los jar- dines, como se hace ya con especies exóticas de este género. Muchas especies de Statice se las considera de adorno, aunque no se las cultive, en muchas localidades esteparias, donde sus inflo- rescencias se colocan en jarrones y búcaros, ya solas, ya acompa- ñadas de flores naturales ó artificiales. Hay especies, como la Statice sinuata L., Statice insignis Coss., Statice salsuginosa Boiss., Statice dichotoma Cav., etc., cuyas inflo- rescencias y flores son bellísimas en sumo grado. El Jasminum fruticans L. (Jazmín de España, Jazmín amarillo, Varita de San José) se cultiva y constituye un bonito ornamento de parques y jardines. Por la elegancia de sus flores, las especies esteparias del género Erythraea (Hieles de la tierra) merecen un lugar en los jardines, que ya han alcanzado el delicadísimo Convolvulus althaeoides L. (Cam- panilla de Orihuela, Campanilla de hoja de malvavisco) y el Convol- vulus tricolor L. (Maravilla, Corregüela tricolor). Cultivarse debieran también el Convolvulus meonanthus Hoffm. et Link. (Maravilla), el Convolvulus capitatus Cav. (Campanilla — 299 lanuda), el precioso Convolvulus lanuginosus Desr., var. sericeus Boiss. (Campanilla lanuda plateada), y el Convolvulus siculus L. Es planta que se utiliza en jardinería la Omphalodes linifolia Moench. (Alfeñique, Ombliguero, Carmelita), pero la Omphalodes amplexicaule Lehm., que tiene los mismos nombres vulgares, es aún más bella y merece cultivarse. También se cultivan el estepario Li- thospermum fruticossum L. (Asperón, Yerba de las siete sangrías) y el también estepario y bellísimo arbusto Vitex Agnus-Castus L. (Sauzgatillo, Pimentero loco). Cultívase asimismo la Lavandula Stoechas L. (Cantueso), y de- bería hacerse lo propio con la Lavandula pedunculata Cav. (Can- tueso), Lavandula dentata L. (Cantueso de hoja rizada, Alhucema rizada) y Lavandula multífida L. (Alhucema de hoja cortada, Confi- tera, Alhucemilla). Á la flora de los jardines pertenecen ya la Salvia Sclarea L. (Oropesa olorosa), Salvia argéntea L. (Salvia blanca peluda, Oro- pesa blanca sin olor) y el Hyssopus officinalis L. (Hisopo); pero tam- bién podrían pertenecer á ella la Salvia ^Ethiopis L. (Orobal), Salvia Hispanorum Lag., el Phlomis purpúrea L. (Mechera colorada) y el Marrubium Alysson (Yerba de Santa Quiteña, Marrubio estrellado). Cultívase hoy en los jardines el Thymus vulgaris L. (Tomillo común); calcúlese con cuánto mayor motivo sería conveniente que hicieran su aparición en ellos muchos Sideritis y Teucrium estepa- rios, sin olvidar á la bella Cleonía Lusitánica L. (Cleonia, Cuatro hermanos). El Physalis Alkekengi L. (Halicábano, Vejiga de perro) vive hace tiempo en los jardines, pero debieran estar en ellos el Antiternum Hispanicum Chav. (Dragoncillo de España), la Lafuentea rotundi- folia Lag., el precioso y genuinamente estepario Trixago Apula Stev. (Gallocresta) y algunas Linarias de las estepas. Se cultiva la Globuraria vulgaris L. (Siempr enjuta) por sus pre- ciosas cabezuelas de flores de color azul ultramar; por lo mismo no debe olvidarse á otras especies tanto ó más bellas que las mencio- nadas, y que viven también en las estepas. Se dio entrada hace tiempo en los parques, paseos y jardines, al Durillo (Viburum Tinus L.), cosa que debiera hacerse también con — 300 la Lonicera implexa Ait. (Madreselva), la Lonicera Hispánica B. et R. (Madreselva) y el Sambucus Ebulus L. (Yezgo, Saúco menor). La Fedia Cornucopias Gcertn. (Cornucopia, Disparales del campo) y la Fedia graciliiflora Fisch. et Mey. (Cornucopia) tienen títulos sobrados para poder divulgarse como plantas de adorno; así tam- bién acontece con casi todas las especies esteparias de Cephalaria, Trichera, Pterocephalus y Scabiosa. Cultívanse como plantas de adorno hoy las compuestas estepa- rias Helichrysum Stcechas D. C. (Flor de San Juan, Siempreviva ama- rilla), Santolina Chamaecyparissus L. (Lombriguera hembra), Centau- rea ornata Willd. (Espinas de calvero, Cardo amarillo de calvero), ínula montana L. (Árnica pulguera), Catananche caerulea L. (Azulejo noble), etc.; pero sería enojosa la enumeración de las que por su ele- gante aspecto y belleza de las flores deberían pasar también de las estepas á los jardines. Las inflorescencias de algunas especies de Carduus, Cirsium, Atractylis, Centaurea y Echinops, ya teñidas con diversos matices, ya doradas ó plateadas, se agregan á grupos de flores artificiales; de los que son un bellísimo ornamento. 301 — Datos que me han servido para la ejecución de esta obra. Las observaciones y el material recogidos en más de 800 excursio- nes verificadas en los suelos esteparios, recorriendo más de 200 loca- lidades y viendo vivir á las especies de las estepas en su habitat peculiar y en sus asociaciones. El estudio de los ejemplares de mi Herbario particular y el de plantas de Cavanillas, Lagasca, Rojas Clemente, Willkom, Lange, Boissier, Reuter Lóseos, Pau, Jiménez Munuera, Vicioso, Sennen, Martínez Gámez, Balguerías, y Loro. La lectura de mis notas diarias de viajes por todas las estepas y la de más de 180 publicaciones referentes á las estepas y su vege- tación. Como muestra de gratitud por las enseñanzas que recibí en sus obras, citaré aquellos autores que más he consultado para esta labor: Abu Zacharia M. del Amo. D. M. Ancelon y Ph. Parisot. A. S. Arias. F. Ascherson. I. Asso. P. Avila. J. Barrelier. E. Boissier. E. Boissier et J. F. Reuter. J. B. Bory de St. Vicent. C. Boutelu. G. Bowles. J. Briquet. F. A. Brotero. T. Bucherau. A. J. Cavanilles. C. Clusio. F. Coello. A. Coincy. M. Colmeiro. J. M. Columela. E. Cosson. A. C. Costa. V. Cutanda. R. Chodat. O. Debeaux. R. Delile. R. L. Desfontaines. L. Doufur. O. Drude. U. Dummer. P. G. Echeandía. A. W. Eichler. A. Engler. W. O. Focke. K. Fritsch. C. de Gasparin. J. Gay. G. Gheorghieff. E. Gilg. C. Gómez Ortega. M. de la P. Graells. A. Grisebach. M. Gürcke. D. Gutiérrez. E. Hasckel. A. Heimerl. J. Helwig. G. A. Herrera J. Hervier. G. Hieronymus. F. Hock. O. Hoffmann. 302 — J. C. Hoffmansegg et H. F. Link. H. Husnot. N. J. Jacquin. W.Janska. F. de P. Jiménez Munuera. G. Kunze. E. Knoblanch. N. Kusnezow. M. Lagasca. A. Laguna. M. Laguna y Villanueva. M. Laguna y P. Avila. J. B. Lamarck. J. Lange. B. Lázaro. B. Lázaro y A. Tubilla. Cr. F. Lessing. G. Lindau. E. F. Link. P. Loeffling. F. Lóseos. F. Lóseos y J. Pardo. F. Lujan. P. Mares. R. Masferrer. R. P. B. Merino. J. Minuart. N. Monardes. C. Montagne. A. Moquin Tandon. J. Müll. M. Negro. F. Niederzu. J. M. Nipho. A. Palau. J. Pardo. A. Pascual. C. Pau. J. Pax. J. M. Pérez Lara. L. Pérez Mínguez. P. Pfitzer. J. PJanellas. E. Pomata. P. A. Pourret. K. Prantl. J. Quer. K. Reiche. J. F. Reuter. H.J. L. Reichembach. S. de Rojas Clemente. G. Rouy. J. Ruiz Casaviella. S. Schonland. K. Schumaan. L. Semitier. H.° Sennen. J. Secall. H. Solereder. E. Spach. R. Suárez. J. Talbot Dillon. P. Taubert. J. Texidor. E. Vayreda. B. Vicioso. C. Vicioso. Waldsted y Kitaibel. J. B. Webb. A. Weberbauer. A. von Wettstein. F. N. Williams. M. Willkomm. M. Willkomm y J. Lange. G. Wolkeus. B. Zapater. I. Zubia. También he consultado las excelentes y útiles publicaciones de la Junta Consultiva Agronómica, Instituto Geográfico y Estadístico é Instituto Geológico. ESPAÑA Y SUS ESTEPAS' i. - Imite ítlxi Pro uncías U Idtpcu r POR EL DR. EDUARDO REYES PRÓSPER CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL (ESTA OBRA SE PUBLICA A EXPENSAS DE LA CASA REAL) "V re MADRID EST. TIP. «SUCESORES DE RIVADENEYRA» Paseo de San Vicente, núm. 20. 1915